martes, 5 de julio de 2011

UN PASEO POR EL CAMPO DE SAN FRANCISCO EN OVIEDO AL PARQUE DE LA RESERVA EN LIMA

UN PASEO POR EL CAMPO DE SAN FRANCISCO EN OVIEDO AL PARQUE DE LA RESERVA EN LIMA
En estos días de verano, muchas veces el buen tiempo nos invita a pasear, es así que una tarde después de trabajar salí  de la oficina y fui caminando con dirección a casa, atravesando el Campo de San Francisco,  un parque de 9 hectáreas, situado en el mismo centro de Oviedo, que es el pulmón de la ciudad.
Creo que debemos de hacer un poco de historia del bonito Parque de San Francisco, que es parte de la historia de Oviedo, de este oviedin del alma. Nos cuentan los historiadores que la primera referencia sobre este antiguo bosque se remonta al siglo XIII según la escritura conservada en la Catedral de Oviedo por la que D. Fernán Alonso, canónigo de la Colegiata de San Pedro de Teverga, realiza la donación de una fuente y un prado a la Orden de Frailes Menores de Oviedo. La fundación de un monasterio franciscano en estos terrenos dio origen a un primer núcleo fundacional siendo el conocido Campo el propio huerto de dicho convento. Los frailes de San Francisco de Oviedo realizaron una serie de reformas en el siglo XIV como la canalización de aguas y el establecimiento de caminos de acceso.
Desde el siglo XV la documentación oficial de la ciudad recoge testimonios sobre el Campo de San Francisco como lugar muy frecuentado por las gentes y mejor salida del núcleo urbano. Contaba por entonces con unos límites más amplios extendiéndose sobre las actuales calle Uría, calle Pelayo, plaza de la Escandalera, calle Toreno y adentrándose en los terrenos de Llamaquique. La parcela que limita con la actual calle de Marqués de Santa Cruz no era pública y común pues se correspondía con la huerta del convento franciscano.
Aunque este entorno llamaba al sosiego y la tranquilidad fue utilizado en numerosas ocasiones como sitio de instrucción militar como la realizada por tres mil hombres el 22 de enero de 1590 por el Tercio de 24 Banderas (arcabuceros, mosqueteros, piqueros...), según Tirso de Avilés.
Existió un víacrucis de estaciones de piedra que partía de la iglesia del monasterio hacia la capilla de la Magdalena del Campo vinculado a las celebraciones de la Semana Santa ovetense y restaurado en el siglo XVII.
Tras la desamortización de Mendizábal en 1816 los terrenos citados vinculados a huerto y jardín del convento franciscano pasan a manos del Municipio el cual lo cedió en foro perpetuo a la Universidad en el año 1846 para ser convertido en un jardín botánico y un lago.
A lo largo de la historia, en este espacio se han ido efectuando modificaciones, pero en este siglo XIX quedará delimitado definitivamente en el centro actual de la ciudad por las calles Santa Cruz, Santa Susana, Toreno y Uría, creando un entorno de verdes prados y una importante reserva de árboles sin dejar atrás parte de su condición primigenia al convertirse en parque.
Desde entonces ha sido el corazón de la vida social y el pulmón de la ciudad de Oviedo. El campo cuenta con una gran riqueza botánica con 127 especies diferentes de árboles y arbustos, como: Tilos, Castaños de indias, Arces, Plátanos, Chopos, Fresnos, Encinas, Laureles, Magnolios, Crataegus, Palmaceas, Cedros. y con más de once especies consideradas típicas del paisaje asturiano.
En los últimos quince años (1992-2007) se han realizado una serie de reformas de adecuación que han mejorado este espacio público. La renovación del saneamiento, los juegos infantiles y el alumbrado con farolas de fundición, la pavimentación y peatonalización con hormigón impreso de sus vías, la recuperación de la Rosaleda y la renovación de los bordillos han sido algunas de las actuaciones realizadas.
En el año 1954, cuando por primera vez vinimos a España con mis padres, estuvimos algunos días en Oviedo, parábamos en el Hostal La Paloma, en la calle Argüelles, recuerdo que algunos días paseábamos por el Parque, allí me viene a la memoria con mis pocos años que había una jaula y dos osos Petra y Perico. El parque no era como lo es ahora. Además tengo el vago recuerdo de un Oviedo, oscuro, por la neblina y tal vez por el humo de las chimeneas de las calderas de los antiguos edificios. Esa es la idea que tengo de aquellos años en el que pase algunos días en esta Vetusta ciudad de Clarin.
Al regresar a Oviedo, en el año de 1968, y visitar nuevamente el campo de San Francisco,  afloro en mi subconsciente, ese viaje realizado en compañía de mis padres y hermano y los paseos que hicimos al campo en compañía de otros familiares. En 1968 las calles del Campo San Francisco eran de tierra, no había apenas luz, hoy  es un entorno seguro en donde a través de sus sendas peatonales y entre sus árboles se guardan los testimonios miles de ovetenses y visitantes, con recuerdos de la jaula donde estaban Petra y Perico dos osos que eran la alegría de los niños por aquellos años. También la venta de los barquillos y los helados, la fotógrafo que seguramente por aquellos años dejo impreso en el papel a muchos ovetenses. Muchas de esas fotografías seguramente hoy se guardan como una reliquia histórica.
Los pavos reales, la fuente del caracol, coronada por un simpático caracol de piedra, canaliza una llegada de agua fresca ligada en el recuerdo a las meriendas infantiles bajo la mirada atenta del quiosco de la Chucha y que hoy en día sigue calmando la sed de sus visitantes.
El estanque de los patos, que desde siempre me llamó la atención,  hogar mágico de patos y cisnes, es lugar de visita obligada para el disfrute de los niños. Es un estanque que permite la protección de estos animales junto a la posibilidad de su observación respetando su cuidado entorno. Los pavos reales, se han convertido en un icono del Campo San Francisco, conviviendo con los ovetenses en una natural armonía.
Me viene a la memoria que  aquel año de 1968 para las fiestas de San Mateo, -que eran las primeras que yo pasaba en Oviedo- se ponía la Herradura en el centro del parque, lo que a mi me llamo mucho la atención, y más aún cuando un poco más arriba la gente bailaba en la calle. Esto para mí era una cosa muy rara. Yo venía de una gran capital como Lima, donde no se ven estas cosas, es por eso que me parecía muy raro todo esto. Hoy ya lo hemos superado y participamos muy activamente en estos festejos.
Como les cuento, el otro día descubrí en el estanque de los patos, unas tortugas marinas de todos los tamaños, que estaban en el islote tomando el sol, cosa nueva en el campo de San Francisco que vio crecer y jugar a muchos chicos de Oviedo.
Quien no recuerda el Campo San Francisco con sus aguaduchos y las mamas de chachara en el verano y cuidando a sus niños que correteaban por entre las mesas de estos bares de campo. Algunas veces mi mujer y yo llevamos a nuestro hijo a jugar al campo. Recuerdo aquel día en que un pavo real  le pico a mi hijo en la cara, todavía después de muchos año tiene una pequeña cicatriz que le recuerda a los pavos reales de Oviedo.
Traigo a relación ahora aquel parque de mi Lima querida, el llamado parque de la Reserva,- muy cerca al Estadio Nacional- donde mis padres de niños nos llevaban a jugar, recuerdo que cierta vez, mi hermano Eloy estaba con la empleada paseando por los distintos caminos del parque de la Reserva, se resbalaron y cayeron al estanque del agua, salieron todos mojados y de frente tuvieron que ir a casa cambierse.   
Después cuando fuimos grandes y estudiábamos en la Universidad, cuando teníamos exámenes finales nos íbamos al parque de la Reserva a estudiar, ese estudiar era, creo yo, ir a pasar el rato. Algunas veces nos encontrábamos con la “gila de turno” entonces sí que ya no se hacía nada de nada.
El año pasado después de almuerzo en un restaurante de Lima, un compañero de colegio, me dijo” te voy a llevar al Parque de la Reserva para recordar nuestros tiempos en que íbamos a estudiar para los exámenes finales…” Por aquellos años era muy frecuente que los estudiantes nos fuéramos a los parques a estudiar, cosa de jóvenes, porque allí no estudiábamos y solo íbamos a perder el tiempo. También los universitarios lo hacían, entonces ¿Por qué no lo íbamos a hacer nosotros?.
Al llegar al mismo, ya no me acordaba  como era, pero cuál fue mi mayor sorpresa de descubrir que ahora hay más de cien fuentes con grandes chorros de agua. Cada fuente a la cual más bonita. Los arboles muy frondosos si eran los mismos de antaño. Es así que nos pusimos a buscar si existía todavía alguna inscripción nuestra por aquellos árboles. No logramos encontrarlas pero si me lleve una gran alegría porque el Parque de la Reserva se había convertido ahora en un sitio de relax y en unos de los parques más bonitos de todo el mundo por sus muchos chorros y fuentes de agua que hacen el deleite de grandes y chicos.
Vuelvo al Parque de San Francisco de Oviedo  para recordar el paseo de los curas, situado junto al Bombé, entre este y la calle Santa Susana, debe su nombre centenario a estar relacionado con ser el lugar preferido por los clérigos para sus paseos al estar ubicado en discreto lugar pero próximo al festivo Bombé del que se escuchaba su música y conciertos. Por allí me cuentan solían pasar los seminaristas en sus ratos de recreo, siempre acompañados de un tutor, seguramente para ahuyentar las malas compañías o los malos espíritus. Después de ese paseo subían al Seminario donde merendaban una onza de chocolate y un pedazo de pan. Otras veces cuando estaba muy bueno iban de excursión a Colloto, muchas veces por el camino les cogía la lluvia y tenían que taparse con lo que fuera, has que llegaban de nuevo al Seminario.      
Al realizar este paseo no puedo dejar de mencionar el famoso Escorialin, apodo otorgado por los ovetenses al establecer un paralelismo con el largo tiempo empleado en la construcción del monumental Escorial madrileño. El célebre Escorialin oventense se encuentra  frente a la Junta General del Principado,  cercano a este lugar se hallaba un crucero de piedra derribado en 1841 con la siguiente inscripción: ¨ A honra y gloria de Dios hicieron esta obra los hermanos de la Orden de nuestro Padre San Francisco. Año 1677 ¨. Ahora es sede de una Oficina Municipal de Turismo del Ayuntamiento de Oviedo.
Los  jardines del Campo de San Francisco  contaron con la incorporación del Quiosco de la Música. Es una iniciativa con origen en el siglo XIX donde resulta lógico que su autor fuera el arquitecto municipal. Realizado en 1888 por Juan Miguel de la Guardia cumple con los cánones de un zócalo elevado sobre el que nacen unas columnas que soportan la cubierta a la que se añade un elemento que hace referencia a su uso musical, una lira. Es donde normalmente actúa la banda municipal “Ciudad de Oviedo” y otros  actos y conciertos de música dentro de la programación cultural de la ciudad de Oviedo.
En el campo existen por sus calles numerosas esculturas de personajes ilustrews de la ciudad, siendo la más representativa la de Leopoldo Alas ¨Clarín¨: inaugurado en 1931este conjunto todo en piedra es obra de Manuel Álvarez Laviada quien diseñó una plazuela con una fuente rodeando la pieza principal, en cuya parte posterior se representa una figura femenina semidesnuda, mientras en el frente se sitúa el busto del escritor Leopoldo Alas ¨Clarín¨, obra de Víctor Hevia. Tras los daños sufridos en la Guerra Civil fue reconstruido sustituyendo la figura esculpida de Manuel Álvarez Laviada por una inscripción.
Hace unos días un compatriota me vino a visitar y me pidió que le explicara un poco como era la ciudad de Oviedo, sus calles y plazas, salimos a caminar y nos paramos delante de el busto del General  Sabino Fernández Campo, marqués de Latores, ovetense, nacido en el pueblo de Latores a pocos kilómetros de Oviedo, fue secretario de la Casa Real, le comente que la escultura fue realizada por el escultor Víctor Ochoa (sobrino del Premio Nobel Severo Ochoa). El monumento fue costeado por todos los ovetenses.
Tengo que recordar que cada vez que venía a Oviedo el escritor lenense José Manuel Castañón, gran estudioso del gran poeta peruano César Vallejo, me pedía pasar por el campo para a manera de saludo a “Clarín”, nos hiciéramos una foto. A otros amigos peruanos  también les ha llamado la atención las finas y hermosas esculturas de muchas personalidades del mundo ovetense. 


viernes, 1 de julio de 2011

NUESTRA MUSICA CRIOLLA

"Todas mis canciones tienen un por qué. Son vivencias que han pasado, cosas verídicas que ha sucedido en la hacienda, en mi pueblo. Son cosas que yo he vivido o que mis antepasados o gente de mi pueblo me han contado…."
Caitro Soto
La cultura musical criolla y afroperuana se inicia con la llegada de los españoles y los esclavos africanos que fueron traídos por ellos. La cultura musical criolla en Lima construye de manera constante una identidad propia, transformando los géneros musicales y patrones estéticos importados.
De Malambo a Maravillas, de Monserrate a Cinco Esquinas, de Abajo el Puente a Las Carrozas. A principios del siglo XX, corría un manantial que no estaba formado por agua, si no más bien por notas musicales. Guitarras, cajones, castañuelas y hasta cucharas, acompañaban el fervor de buenas personas que sólo daban un sentido a sus vidas. Ese torrente vigoroso que hacía vibrar pies y corazones en seis puntuales días de jarana, un poco antes de la mitad del siglo XX, se hizo un estilo de vida. La jarana iba acompañada por la comida. En esos días interminables, las mujeres de los jaranistas cocinaban en sucesivas ofrendas. Y de la cocina se pasaron a la sala, donde cantaban los que sabían y dieron sus primeros trinos. Sin ser la primera, la más recordada es Jesús Vásquez, conocida bajo el epíteto de "Reina y Señora de la Canción Criolla". Tal título de abolengo callejero lo obtuvo en 1939, al ganar un concurso que promovía Aurelio Collantes por la radio. Doña Jesús se llevó limpiamente a sus contrincantes al interpretar "El Plebeyo". Con élla se popularizaron "Las cinco grandes de la canción criolla": Alicia Lizárraga, Eloísa Angulo, Esther Granados y Delia Vallejos.
En el caso de Esther Granados hizo del canto una celebrasound jubilosa y su tono, a diferencia de Jesús Vásquez, era jaranista. Inventó una muletilla que la hizo conocida "Solita me Jaraneo", y no cabía duda alguna que así lo hacía. Achinada y jacarandosa, Eloísa Angulo, debutó en el antiguo Cine Royal del Rímac, en el dúo Las Criollitas, con su prima Margarita Cerdeña. Tras su disolución, se lanzó como solista prácticamente apropiándose de temas como "Idolatría". Del apogeo del género, el desaparecido Alejandro Ayarza "Karamanduca", criollo impenitente, en 1912 ya había estrenado una revista musical en el Teatro Victoria. "Música Peruana", Allí pudieron haber ido estas damas de pequeñas, a nutrirse del cantar criollo. Pero ese ímpetu se consolidaría más tarde.
La novedad entre 1935 y 1956, fueron los radios que programaban música criolla en vivo. Familias enteras sintonizaban esas audiciones. Las disqueras IEMPSA, El Virrey y Sono Radio, imprimían enormes tiradas de placas de acetato de carbón, y los músicos comenzaron a ganar fortunas. Como el género había nacido del pueblo, muchas letras se cebaban en el tema de la pobreza y sus incomodidades. No fue raro que apareciera años más tarde: "La morena de oro del Perú", Lucha Reyes, huérfana de padre, de pobreza extrema y tras mendigar por las calles, fue internada a los ocho años en un convento franciscano. Alcanzó el éxito en el programa radial "El Sentir de los Barrios", con un tema alegórico "Abandonada" de Sixto Carrera. Contrajo tuberculosis pulmonar, dos matrimonios trágicos, enfermó de diabetes y tras una rutilante y breve carrera, en la ceguera absoluta, graba "Mi última canción". Es recordada como un ícono doliente.
Inusualmente para el medio, lleno de cantantes y autores que tuvieron como profesión de obrero como lo fue Pablo Casas, albañiles como los Hermanos Ascuez, o magníficos marmolistas de la altura de Eduardo Márquez Talledo, el criollismo también tiene a Victoria Santa Cruz. Su padre se educó en los Estados Unidos, y ella a muy corta edad dominaba el inglés a la perfección. De niña oyó a Wagner, Haydn, Beethoven, pero también ritmos negros como el Socabón o Amorfino. Luminaria de la cultura peruana, es autora de pregones fundamentales. Para la década de los cincuenta del siglo XX, la música criolla ya tenía su sitial en la televisión. Eran historia los albores en blanco y negro, esas audiciones en vivo que hacía Panamericana Televisión, con el nombre "Festival de la Canción Criolla", "Bar Cristal". La pantalla ya formaba estrellas. El primer Festival Cristal de la Canción Criolla lo ganó el trío Los Troveros Criollos con el hermoso vals Rosa Té.
Así nació Maritza Rodríguez. Siendo muy niña ganó "La Escalera del Triunfo", antañero programa televisivo de la década del sesenta que conducía con impar estilo Guido Monteverde. Al notar su voz aguda y sencilla, José Lázaro Tello vio en ella a la sucesora de Jesús Vásquez e inmediatamente le puso el epíteto de "La Princesita de la Canción Criolla". Con la década del sesenta aparece otro fenómeno: las peñas comerciales. Pretendían ser herederas de los viejos solares donde los criollos se reunían para exponer su arte en grande. Algunas recuerdan a las originales, como la Peña Yufra en el distrito de La Victoria, una pequeña fonda que vendía Pisco y algunos tentempiés, un refugio de los músicos. Eva Ayllón, tras un perseverante deambular por éstas, eludió la pobreza y obtuvo fama y fortuna. Es una triunfadora nata donde otros se ahogaron en la mar brava de la bohemia. Aunque pudo mantenerse en el típico estilo de interpretar el género. Algo hizo a lo que nadie se atrevió: Experimentar haciendo fusión. Luego volvió al redil, convertida en una gran señora.
Desde la presencia de valses de origen vienés, mazurcas, jotas españolas, continuando con la influencia de la música francesa e italiana, la cultura popular limeña se fue perfilando a través de la transformación y decantación de géneros, de tal manera que, aun asumiendo las modas correspondientes a cada época, se gestaron y desarrollaron algunas formas musicales que llegan hasta fines del siglo XX y que identifican lo limeño. Cada momento histórico, desde la época colonial hasta ahora, fue plasmándose de diferentes maneras la cultura musical a través de los instrumentos musicales utilizados, las formas y contenidos del canto, los bailes.
Entre los géneros más importantes, cultivados en el siglo XX se encuentran el vals peruano, la marinera limeña o canto de jarana, el tondero y el festejo.  Entre los instrumentos comunes: la Guitarra, el cajón peruano, acordeón, las castañuelas, el saxofón.
Para fines de la década, la modernidad era Eva, como también el canto elegante de Cecilia Bracamonte. Ella en una época también pretendió estilizar el género; uso en sus discos instrumentos poco usuales como el vibráfono y violoncello.
Junto al vals se desarrollaron los ritmos negros con similar popularidad. Lucila Campos es un caso emblemático de esa tradición. Se inició en grupos de folklore negro, pero es amiga de blancos con oído popular, como Piedad de la Jara, y se lució en peñas esenciales como el "Karamanduca". Se le reconoce también como "Boquita de Caramelo", por lanzar vocabularios ligeramente soeces en sus presentaciones. Pasada la era romántica, la contemporánea fama atrajo otros baluartes, Lucía de la Cruz y su tono de voz que le sale del vientre. Puede cantar valses de Juan Mosto, o José Escajadillo, u otro repertorio más agraz; landó, otro claro ejemplo. Pero también sostenidos como mensajes que salen del alma.
Nuevas empresas musicales como: FTA, de la mano con la televisión, mencionada en párrafos anteriores, y el programa televisivo "Danzas y canciones del Perú", animado por Nicomedes Santa Cruz, o como también Trampolín a la Fama del también fallecido Augusto Ferrando, le sirvió a Cecilia Barraza para surgir a inicios de la década del setenta. Barraza es una cantante temperamental y con lograda voz para interpretar especialmente el lado negro de la canción criolla.
Como estrellas fugaces en la década del setenta cantantes como Verónikha, Aurora Alcalá y Charito Alonso, dirigidas musicalmente por Freddy Roland formaron parte de la nueva generación que se estaba formando de la música criolla. En la tradición de Lucha Reyes o de Lucila Campos, figura Bartola, epíteto puesto por Augusto Polo Campos, de voz privilegiada que le permite interpretar valses y marineras, así como también tangos y boleros. Finalmente, Susana Baca. Muchos la oyeron en el 2002, cuando ganó el Grammy Latino, desagravio para una de las cantantes negras más importantes del Perú. Hace fusión, pero su canto se enraíza en la cultura negra.
Entre los cantantes podemos citar a: Rafael Matallana, Luis Abanto Morales, Panchito Jiménez, Abelardo Vásquez, Humberto Pejovés, Arturo "Zambo" Cavero,  Jorge "El Carreta" Pérez, Pepe Vásquez Montero,Roberto Tello, Manuel Donayre, Oscar Avilés, Alejandro Cortes, Raúl Matallana, Romulo Varillas, Carlos Soto, Manuel Donaire, Pepe Vázquez, Pancho Jiménez, Mario Cavagnaro,  
Como dúos, trios y agrupaciones destacaron los siguientes:
Alma Criolla, formado por: Carlos Honores Pando, Víctor Flores Sales, Jorge Ibáñez Pizarro y Emilio Newman.Montes y Manrique, dúo formado por: Eduardo Montes y César Augusto Manrique.
Costa y Monteverde, dúo formado por Jorge Costa y Ángel Monteverde.
La Limeñita y Ascoy, dúo formado por los hermanos Alejandro y Rosa Dolores Ascoy.
Las Criollitas, dúo formado por las primas Eloísa Angulo y Margarita Cerdeña.
Los Trigo, dúo formado por los hermanos Carlos Alfonso y Zoila Trigo.
Las Limeñitas, dúo formado por las hermanas Graciela y Noemí Polo.
Los Chamas, trío conformado por los hermanos Rolando y Washington Gómez y Óscar Bromley.
Los Morochucos, trío conformado por: Óscar Avilés, Augusto Ego Aguirre y Alejandro Cortéz.
Los Chamacos, dúo conformado por: Augusto Ego Aguirre y Luis Sifuentes.
Los Virreyes de Lima, trío conformado por: Juan Salas, César Lassús y Aurelio Chávez.
Los Kipus, trío formado por: Genaro Ganoza, Paco Maceda y Carmen Montoro.
Los Romanceros Criollos, trío conformado por: Julio Álvarez, Lucas Borja y Guillermo Chipana.
Los Embajadores Criollos, trío conformado por: Rómulo Varillas, Alejandro Rodríguez y Carlos Correa.
Los Favoritos, dúo conformado por: Noemí Polo y Alejandro Cortéz.
Los Trovadores del Perú, trío conformado por: Javier Gonzáles, Oswaldo Campos y Miguel Paz.
Fiesta Criolla, agrupación formada por: Óscar Avilés, Panchito Jiménez, Humberto Cervantes, Pedro Torres, Arístides Ramírez.
Los Troveros Criollos, dúo formado por Jorge "Carreta" Pérez y Luis Garland.
Los Troveros Criollos, trío formado por Luis Garland, Humberto Pejovés y José Ladd.
Los Dávalos, dúo formado por los hermanos Víctor y José Dávalos.
Irma & Oswaldo, dúo conformado por Irma Céspedes y Oswaldo Campos.
Los Pallas, trío conformado por: Manuel Zambrano, Hugo Pajuelo y Fidel Córdova.
Perú Negro, agrupación conformada por los hermanos: Lucila y Ronaldo Campos, Carlos "Caitro" Soto, Línder Góngora, Isidoro Izquierdo, Guillermo Nicasio, Eusebio "Pititi" Sirio, Julio Algendones y Orlando Soto.
Los Caciques, trío conformado por: Óscar "Pajarito" Bromley, Rafael Amaranto, y Félix Cassaretto "Caraspalta".
Los Cholos, dúo conformado por: Miguel Cabrejos y Víctor Gadea.
Leturia - Velásquez, dúo destacado por: Alfredo Leturia y Gustavo "Chavo" Velásquez.
Los Dos Compadres, dúo conformado por: Rómulo Varillas y Fernando Loli.
El Trío Cristal, agrupación conformada por: Guillermo Chipana, Rufino Echenique y Samuel Altuna.
Los Trovadores del Norte.
Los Govea, dúo conformado por los hermanos: Alejandro y Ricardo Govea.
Los Ases del Perú, dúo conformado por: Eddy Martínez y Oswaldo Campos.
Los Ardiles, agrupación conformada por los hermanos: Eddie, Federico, Jaime y Carlos Ardiles.
Los Bohemios, dúo conformado por: Santiago Caballero y Víctor Mendoza.
Los Aguirre, agrupación conformada por los hermanos: Mercedes, Maritza, Enrique y Alfredo Aguirre.
Los Zañartu, agrupación conformada por los hermanos: Julissa, Elena, Luis y Antonio Zañartu.
Los Soles del Perú, dúo conformado por: Eduardo Álvarez y Javier Gonzáles.
Cuarteto Perú, agrupación conformada por los hermanos: Luis y Jesús Martínez, Jaime y Ricardo García.
Géneros musicales desarrollados en el Perú
Actualmente en Perú, gracias al revaloramiento de su cultura, se han difundido aún más las danzas típicas, inclusive se ha llegado a realizar fusión entre muchos géneros, como la música de Jean Pierre Magnet o Damaris. En la población juvenil predominan dos ritmos extranjeros, influenciando a los jóvenes por su situación económica:
Los jóvenes de las clases populares del País se encuentran marcados por el reggaeton, música caribeña que es considerada vulgar por la mayor parte de la población, de ahí su rechazo hacia este grupo.
Los jóvenes de las clases altas y medias tienen una diversificación de sus gustos, pues están influenciados por el metal, rock, punk y últimamente por el llamado latín, música generada en la combinación de merengue con letras suaves y románticas. Este género principalmente proviene de Colombia y Venezuela.
Reconocimiento de la OEA
Mediante gestiones del  Presidente del Perú, Dr. Alan García Pérez, la Organización de Estados Americanos OEA declaró el día 3 de junio de 1987 a: Augusto Polo Campos, Arturo "Zambo" Cavero , Óscar Avilés, Luis Abanto Morales y Jesús Vásquez "Patrimonios Artísticos de América"