miércoles, 17 de agosto de 2011

Haya de la Torre, el poder que libera

¿Los tiempos modernos dejan espacio para recordar a los políticos y pensadores que construyeron la mirada crítica del país? ¿Cuánto espacio aún tenemos para pensar en proyectos de trascendencia, en la fuerza y el legado de aquellas biografías de grandes que quisieron construir un país con ciudadanos? ¿Hasta dónde el pragmatismo, el individualismo, los desencantos, permiten seguir los pasos de personajes míticos en la política? ¿Cuánto vale la pena, cuántos réditos da destacar, recordar, figuras como la de Haya de la Torre?
Este 22 de febrero se cumplen 116 años del nacimiento del político moderno de la vida republicana.  Haya de la Torre ha personificado la emergencia popular organizada, el deber social de la política y, sobre todo, la política como formación ciudadana.
  Impulsó las Universidades Populares como puente entre  el pensamiento universitario  y  los trabajadores de su tiempo, como preámbulo a lo que él llamó la universidad social del futuro.   En medio de las tensiones persecutorias reflexionaba, escribía y organizaba. La vorágine de la política y sus especiales tensiones no le cohibieron de redactar a diario cartas a sus militantes e incluso a sus seguidores presos por principios.
Si algo muy  trascendente tenía Haya era su voluntad por enseñar, generar con-ciencia, hacer pedagogía, hacer política con fe. Solo los que “tengan conciencia transforman sin temor” escribía en su juventud. Y sus libros tienen en esencia la búsqueda del saber para la acción política, pero antes: saber.  Diagnóstico y acción en El antiimperialismo y el APRA, reflexiones  acerca  de  la  historia  en  su libro sobre Toynbee; visión madura del mundo socialdemócrata en Mensaje de la Europa Nórdica y tantos más.
Sus palabras, sus discursos, más que inducir querían convencer, despertar conciencias, liberar. Ese fue el valor transversal en sus actos y obras. Educar al pueblo soberano. La razón abierta emancipaba, liberaba espíritus. Solo la educación permitiría “abrir la mente a la comprensión del mundo nuevo”. Y esa era la misión fundamental de la “buena política”: educar, liberar, emancipar. Y por ello, la política no podía  ser no-democrática. Y el poder, al ser democrático para Haya, estaba obligado a  ”ser un poder educador”.  
Pero nos podemos preguntar: ¿por qué la política de hoy no emancipa, no genera ciudadanos? Porque se extiende en un mundo de transformaciones técnicas y comunicativas que generan una política marketing, del poder no- educador.  Como escribió Vicente Verdú, la política de hoy se ha convertido en un ritualismo que disfraza el poder de lo económico y el vacío del propio poder.  El pragmatismo del mensaje corto gana espacio. Nuestras democracias se reducen a una lucha de frases como refiere Ferrer Rodríguez. La mala política de hoy libera menos que la revolución de las comunicaciones y esta revolución si no deriva en una buena política no construye ciudadanos con valores.
La política con trascendencia, con valores,  debe volver en un mundo con variadas transformaciones: la “Mac política” y el “Mac empleo”, la democracia sin ciudadanos a tiempo completo, la lógica del shopping en el voto preferencial. ¿Estos nuevos escenarios permiten la política educadora, el poder educador, que Haya de la Torre practicaba y reclamaba en otros? Para ello, hace falta en la política la educación de los ciudadanos, agregar desde la buena política el razonamiento  necesario que complemente la revolución de la información y las comunicaciones que vivimos. Estas últimas por sí mismas no construyen democracia y ciudadanos, si a la par no se generan políticos con valores, imaginación y proyectos sociales que liberen y lideren a los nuevos ciudadanos.

martes, 16 de agosto de 2011

MI ANDINA Y DULCE LIMA

Hace alrededor de cincuenta años que Lima empezó a ser menos Lima para convertirse en una extraña mezcla de costumbres y rostros. Se acuño la “frase de “recién bajado”, porque a los provincianos los cerros les quedaron chicos; el centralismo, la oferta tentadora de una capital en boga -tal vez, también el hambre enmascarado tras el ansia de progreso- pudo más que la arraigada nostalgia serrana. Décadas más adelante, la violencia terrorista obligó a una nueva migración, así que las circunstancias y el tiempo imprimieron en el nívio rostro criollo de la capital, una tez más oscura, cetrina. La supervivencia se erigió como el otro alocado corazón de sus entrañas, y Lima llegó a convertirse en lo que es hoy; un ser gigantesco que bufa por liberarse del caos, una vieja y coqueta chola a la que todos - si queremos podemos maquillar desde dentro hacia afuera. Porque es cierto, no obstante su patetismo, Lima seguirá siendo aquella ciudad romántica hasta la ternura, elegante hasta la sofisticación, altanera y orgullosa: “La Ciudad de los Reyes”.

Era imposible imaginar que Lima, la capital fundada  por el extremeño Francisco Pizarro,  conquistador de una de las tierras más ricas del nuevo mundo crecería tanto. Porque de aquella ciudad que nació el 18 de enero de 1535, a doce kilómetros del Océano Pacífico  y en la margen izquierda del río que los antiguos quechuas llamaban “hablador” o Rimac, del que proviene su nombre, ya no queda ni la sombra.

Recién creada, Lima fue un rectángulo ribereño de 214 hectáreas - poco más de cien manzanas- que primero se distribuyeron  gratuitamente para luego ser vendidas a partir de 1540. Según los registros, sólo 69 personas conformaban su población primigenia y nada hacia presagiar que siglos más tarde se convertiría en la pujante metrópoli que hoy alberga a más de ocho millones de peruanos, cerca de un tercio de la población total del país.

Sólo para tener una idea de la importancia de Lima, diremos que esta incansable capital importa casi el 45 por ciento del PBI nacional, el 87 por ciento de la recaudación fiscal, el 98 por ciento de la inversión privada, y el 30 por ciento de la población  económicamente activa vive aquí. Tres tercios de todos  los médicos del Perú se concentran n Lima, más de la mitad de los profesores universitarios y casi el 80 por ciento de los abonados telefónicos. Ni hablar de los empleados públicos.

Es obvio que el incremento demográfico exagerado responde casi por completo al fenómeno de las migraciones, que estudios sociológicos y poblacionales han escarbado suficientemente hasta comprender sus motivos fundamentales. Aunque los primeros indicios de esta tendencia a la masificación se ven en la década de los treinta - en que se forman las primeras barriadas- es a partir de 1940 que el fenómeno se hace patente. No obstante, aún nada tenía que ver la migración con lo paupérrimo; se sabe que el decenio anterior a los cuarenta habían llegado solamente 183,818 inmigrantes, en su mayoría provincianos pertenecientes a familias acomodadas. Vivir aquí era un lujo.

Ya en el cuarto decenio Lima presenta un desarrollo económico en ascenso debido al proceso de industrilación sustitutivo de importaciones, y la construcción del terminal marítimo del Callao, además del famoso terremoto, ofrecen una fuente suculenta de trabajo para los provincianos. Sin embargo, es posible que el factor más importante haya sido el principio de la crisis  del mundo rural. La capital contaba con 645 mil 172 habitantes, el doble de la década anterior.

Lima es un imán centralista con una fuerza que no se podrá controlar. En la década siguiente el flujo migratorio asusta, y en el Congreso de la República se pretende detenerlo con mociones y proyectos legales, pero las provincias alegan, con todo derecho, que aquello significa atentar contra las libertades más fundamentales de los peruanos. . En 1961 Lima tenía ya cerca  de dos millones de habitantes de los que casi la mitad vienen de fuera. La ciudad crece horizontalmente - típico en países tercermundistas -, la más costosa forma de expansión.

Rápidamente diremos que los especialistas estimaron un descenso de las migraciones a partir de los años setenta, que debía concluir con una relativa estabilidad hasta el segundo milenio, pero otra circunstancia colaboró en contra: la violencia terrorista que empujó a los pobladores al éxodo masivo creando un nuevo tipo de inmigrante, el involuntario.

Detrás de todos estos números se advierte, sin embargo, un fenómeno mucho más interesante, resultado de cincuenta años de fusión  constante, de continua mezcla  de costumbres, razas e idiosincrasias y más importante, debido a su connotación final. Como al principio del mundo, leyes de presión humanas parecidas a las de la física  elemental, han permitido la formación de una amalgama nacional que no existía, o era, por demás, difusa, pero con identidad propia. A partir de la inadaptación del inmigrante que modificó el  “modus vivendi” capitalino, y de la aculturación de un pueblo netamente andino, nace otra cultura, distinta, y todavía no asumida en su totalidad. Por eso, al margen de los problemas que la demanda de una población exagerada acarrea en todo sentido, hay que ver con sumo agrado el hecho de que esté creciendo y reafirmándose nuestra identidad nacional. Las estadísticas son números que pasan , y nada más que eso;: las demandas que la urbe reclama pueden resolverse, si se quiere, a mediano o largo plazo; pero un país que carece de identidad no tiene remedio, está muerto.

Lo positivo, por lo tanto, es que Lima es el centro de este deseado nacimiento, y ya no es la capital que caminaba de espaldas al verdadero Perú.

Alegrémonos pues: en nuestra “andina y dulce”  capital, los bordes de Lima, la criolla, la serrana, la gringuita, se están esfumando hasta perderse, y algún día la palabra “cholo” no será ni un insulto ni una ofensa, dejará por fin de ser peyorativa.  

lunes, 15 de agosto de 2011

COSTUMBRE ANCESTRAL DEL VALLE DEL MANTARO

El huaylarsh, una danza tradicional que imita el galanteo del zorzal

Conocida danza nace de fusión creada hace más de 500 años.
El zorzal o chihuaco, un curioso pájaro silvestre de plumaje de color negro, patas y pico amarillo, dio origen hace 548 años al huaylarsh, varonil y aguerrido baile costumbrista muy difundido en la sierra central del país. En esta danza se imita el cortejo de esta ave que, con las alas desplegadas, brinca y zapatea y revolotea en torno a la hembra hasta conquistarla. También se le conoce como 'la danza de los guerreros imbatibles'.
La historia del huaylarsh se remonta a 1460, cuando los incas invaden el valle del Mantaro para someter a los huancas. El jefe de la comunidad Anco Huaillo no se rindió: antes de que su pueblo (hoy corresponde a la provincia de Chupaca) sea sometido, ordenó a sus habitantes escapar hacia la selva central, y se estableció en el valle del río Huallaga.
Pasaron muchos años. En todo ese tiempo los miembros de aquella comunidad extrañaron su tierra de origen. Entonces decidieron retornar a Chupaca a mediados de 1850. Ellos llegaron con sus propias costumbres, ataviados con trajes peculiares y danzando, al igual que el chihuaco, un baile llamado shapish. Quienes habitaban Chupaca bailaban el walarsh, que en quechua significa 'joven', y que representa las labores de pastoreo, la siembra, la cosecha y la gratitud a la pachamama.
Entonces, ambas coreografías costumbristas se fusionaron para formar el famoso huaylarsh (hay quienes también llaman a esta danza 'el baile del amor y del trabajo').
COQUETERÍA ANDINA
Esta danza comienza cuando las wamblas (muchachas juguetonas y coquetas) inician el tacanacuy (combate cuerpo a cuerpo) al lado de sus parejas, los walash (muchachos). El tacanacuy es una variante antigua de este baile andino, que consiste en enfrentamientos entre grupos de campesinos acompañados de sus instrumentos musicales, quienes salían a las calles para encontrarse con sus rivales y terminar en una batalla campal en las que intervenían hombres y mujeres.
Ahora el huaylarsh conjuga todos estos movimientos. Destaca el frenético zapateo que retumba en el ambiente. De cuando en cuando se escuchan sonoros guapidos (gritos peculiares) que lanzan los varones mientras que, con bruscos movimientos de brazos, cabeza y tronco (como el chihuaco), buscan ser aceptados por las jóvenes que bailan con ellos al compás de las orquestas típicas.
Con estas manifestaciones se ahondan más los lazos emocionales de las parejas. Así bailan y guapean en los pueblos de Pucará, Viques, Huayucachi, Sapallanga y demás localidades del valle, constituyéndose en el genuino sentimiento folclórico de la gran nación huanca.
Esta danza se practica después de la época de cosecha, en marzo y abril. En la actualidad, se conocen dos variantes de este género. El huaylarsh antiguo o tradicional, cantado por mujeres acompañadas por violines, y el huaylarsh moderno, en el que intervienen orquestas típicas que incluyen saxofones, barítonos, clarinetes, arpas y violines.
Carnavales en las alturas de Cerro de Pasco
El intenso frío no es obstáculo para celebrar los carnavales en Cerro de Pasco, porque todos salen muy bien arropados y con los rostros pintados para recorrer calles y plazas. Las principales autoridades de la provincia encabezan las pandillas en una tradición que tiene 120 años y que aún se mantiene en las alturas del departamento.
Esta tradicional celebración nació cuando los mineros, hace más de un siglo, empezaron a reunirse para dar rienda suelta a sus sentimientos durante las fiestas y compusieron canciones referentes a sus sueños y anhelos, pero también sacrificio de sus jornadas diarias dentro los socavones mientras buscan el metal precioso.
Esta manifestación popular fue creciendo con el correr de los años y hoy desde todos los barrios parten carros alegóricos con sus respectivos grupos de alegres danzantes, para darse cita en la fiesta.

EL CAMINO DEL INCA

Es el nombre que se les da al extenso sistema de caminos construido durante el Imperio Inca por los servidores del Inca. Convergen en la ciudad del Cuzco. Fue usado por los conquistadores españoles para dirigirse a Bolivia, Chile y las pampas cordilleranas argentinas.
Durante el incanato, todos los caminos de Sudamérica conducían al Cuzco (que en idioma quechua significa 'ombligo del mundo'), la metrópoli precolombina más importante de Sudamérica, heredera de una tradición cultural milenaria.
La mayoría fueron heredados de las culturas preincas del Perú, Ecuador, Chile y parte de Bolivia; teniendo como única función darle mantenimiento. Los caminos del Inca fueron utilizados con más frecuencia por los mensajeros, los "chasquis". Algunos hasta el momento siguen, otros han sido reemplazados o abandonados.
El Cuzco es uno de los acontecimientos arqueológicos más grandes de la historia mundial y hasta sus simples caminos son majestuosos. Por su condición de urbe preincaica, fue nombrada Capital Arqueológica de Sudamérica. En el Cuzco, encima de cada construcción incaica se suele sumar la arquitectura española y juntas suman siglos de civilización, del picó.
Los incas hicieron caminos que integraban todo el imperio, a lo largo y a lo ancho. Se crearon cuatro caminos principales:
Cuzco a Quito (Ecuador), con un ramal hasta Pasto (Colombia) 
Cuzco a Nazca (en el centro de Perú) y a Tumbes (en la frontera Perú-Ecuador)
Cuzco a Arica y Atacama (Chile), con ramales hasta el río Maule (Chile) y a Tucumán (Argentina).
El camino más importante era el Cápac Ñan (camino real), con una longitud de 5.200 kilómetros, que se iniciaba en Quito (Ecuador), pasaba por Cuzco y terminaba en lo que hoy es Tucumán, Argentina; atravesaba montañas y sierras, con alturas máximas de más de 5.000 metros. El Camino de la Costa (o Camino de los Llanos), tenía una extensión de 4.000 kilómetros, iba paralelo al mar y se unía con el Cápac Ñan por muchas conexiones. Tanto en el Cápac Ñan como en el Camino de la Costa existían cada cierto tramo tambos en donde se almacenaban granos y otros alimentos que eran usados por el imperialista ejército inca cuando salía en campaña de conquista o para abastecer a las muchedumbres emigrantes durante los mitimaes. El ancho máximo de ambos caminos eran de unos cuatro metros.
Las comunicaciones entre una y otra punta del imperio estaban a cargo de mensajeros llamados chasquis. Por un sistema de postas, transmitían los encargos de uno a otro relevo con suma velocidad; una noticia originada en Quito (Ecuador) podía llegar a Cuzco (a 2.000 kilómetros de distancia) en menos de 10 días.
El inca, que estaba en la sagrada Machu Picchu o en la capital Cuzco, podía comer pescado fresco que le traían en menos de 24 horas desde la costa, a 200 kilómetros de distancia. Cabe destacar que los caminos del inca se hallan ubicados en todo el tawantinsuyo y en casi todos los países andinos y que con el paso del tiempo, el avance de la civilización y la tecnología, han ido deteriorándose poco a poco.
Durante todo el año, miles de viajeros de todas partes del planeta emprenden el recorrido de los Caminos del Inca desde el Cuzco para acceder a la selvática sierra peruana, y a los milenarios misterios que aún encierran las piedras de Machu Picchu.
A lo largo del camino se encuentran varias ruinas de distintas fortificaciones en relativo buen estado, que dominan visualmente todos los valles.
El recorrido se inicia en la localidad de Cori-huayra-china (quechua: Quri Wayrachina, “venteadero de oro”), a la altura del kilómetro 88 de la vía férrea Cuzco-Quillabamba, y toma entre tres y cuatro días de caminata arribar a Machu Picchu. En la travesía, que atraviesa una impresionante pendiente altitudinal, con climas y ecosistemas tan variados como la altiplanicie alto andina y los bosques de neblina, se deben superar dos pasos a gran altura (el mayor de ellos, Huarmihuañusca, de 4.200 metros de altitud, también conocido como "Paso de la Mujer Muerta") y termina con el ingreso a Machu Picchu a través del Inti Puncu o "puerta del sol".
En la ruta el caminante se encontrará con una red de asentamientos de granito labrado que se encuentran a lo largo del camino (Huiñay Huayna, Puyupatamarca), inmersos en escenarios naturales.
Como complemento ideal, el turista igualmente se encontrará con una exuberante naturaleza, con singulares paisajes, centenares de especies de orquídeas y aves multicolores.
El clima en la zona del Camino Inca es, por lo general, templado durante todo el año. La mejor época para realizar el trekking es durante la estación seca (entre abril y octubre). Junio es el mes más frío y agosto ofrece un clima más templado y estable. De noviembre a marzo, las lluvias son frecuentes y el camino puede convertirse en un peligroso y resbaladizo lodazal.
Durante la caminata, es seco en los dos primeros días y húmedo en el tercero y cuarto. Y durante la noche los dos primeros campamentos suelen ser fríos, pero el tercer campamento es templado.

Los Incas aprovecharon la red viaria existente de culturas anteriores, mejorándolas y expandiéndolas; especialmente de la Cultura Wari (800-1200 d.c.) el cuál dominó gran parte del Perú precolombino.


UN VIRREY CASAMENTERO

Cuenta Don Ricardo Palma en sus tradiciones peruanas que: Su Excelencia don Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete y virrey de estos reinos del Perú por Su Majestad don Felipe II, fue tesonero en el empeño de realizar lo que se llamó matrimonios de real orden. Decía don Andrés que hombre célibe es de suyo levantisco, y que nada enfrena tanto como el matrimonio la turbulencia de la sangre. Un soltero que vive con la capa al hombro y sin grillos para el corazón, está a toda hora dispuesto para aventuras y motines. Si Dios no quiso que el hombre estuviera solo sobre la tierra, menos debía quererlo ni tolerarlo el rey, que es su representante. A casar gente, se ha dicho.
Fue una tarde el virrey a visitar al oidor Santillán, y fue recibido en el salón de la casa su sobrina doña Beatriz, hembra de muy buen ver. Era doña Beatriz una viudita que se aproximaba a los treinta, recatada y hacendosa, sin hijos ni “cojijos”, codiciable de rostro y de cuerpo y con bienes que le aseguraban una renta de mil pesos al mes. No era, créanmelo ustedes, mal bocado para un goloso.
Al virrey le fue muy simpática la joven; pero como él no estaba ya para trotes ni trajines con Venus, se conformó con relamerse los labios y murmurar: «¡quién pudiera!»
De su conversación con doña Beatriz sacó su excelencia en limpio que el cenojil y las tocas de la viudez la traían fastidiada y que no haría ascos a nuevo casamiento. Se propuso, pues, el marqués casarla de su mano y apadrinar la boda, si bien faltaba todavía lo principal, que era el novio, y paso aquella noche cavilando. Él no quería para su futura ahijada un hombre de poco más o menos, sino el mozo más gallardo que hubiera en Lima en disponibilidad para marido. Y después de pasar en mientes revista a los solteros, pensó en don Diego López de Zúñiga, joven que frisaba en la edad de Cristo, que es la de lujo y empuje en el varón, y muy gentil de persona.
Pertenecía el don Diego a hidalga familia de Castilla y había comprobado lo inquieto de su carácter con la activa parte que tomara en las pasadas rebeldías. Sangre revolucionaria retozaba en su cuerpo, y siempre se le veía entre los descontentos que soñaban con armar de nuevo la gorda.
-Es lástima -se dijo el virrey- que tan gallardo mancebo vaya a rematar en la horca. Quiera que no quiera, a ojos cegarritas, lo caso y lo salvo.
Y mandó llamar a López de Zúñiga y le dijo:
-Vuesa merced, señor don Diego, mire lo que hace y déjese de locuras; que si lo que ha menester es posición y dinero, yo me ocupo de cambiar su suerte de mala en venturosa.
Don Diego, después de agradecer la prueba de personal afecto que el virrey le daba, manifestó que realmente había estado siempre quejoso del gobierno, porque éste no premiara sus servicios a la altura de sus merecimientos; pues apenas se le había dado un repartimiento que le producía mil duros al año, cuando otros, que valían menos que él, habían sido favorecidos con bocados suculentos.
El virrey oyó con benevolencia sus quejas, y le contestó: «No le falta del todo razón a vuesa merced; pero en mi mano no está hacerle servicio a costa del Estado, que ya lo de los repartimientos es reina agotada. Vuélvase vuesa merced mañana, que nos entenderemos, y no sólo será rico, sino envidiado».
Y esa noche volvió el virrey a visitar a doña Beatriz y la participó que había tomado a su cargo casarla con el hombre más buen mozo do Lima y que esperaba de ella obediencia al propósito. Animose la joven a preguntar quién era el galán del romance, y cuando supo que se trataba de don Diego López de Zúñiga, diole de júbilo un brinco el corazón y premió con un abrazo al viejo zurcidor de matrimonios. La viudita se diría para las entretelas de su alma, como la doctora de Ávila cuando bajo santa obediencia la impuso su superiora que no ayunase:

¿Obediencia y torreznos,
      madre abadesa?   
¡Ay, qué gangas, qué gangas   
      para Teresa!  

Con eso quedó más obligado el marqués a realizar la boda, y cuando al día siguiente, puntual a la cita, se presentó el de Zúñiga, su excelencia lo recibió diciéndole: «Venga acá, hombre feliz, que va a saltar de gozo cuando sepa la dicha que le aguarda. ¿Conoce vuesa merced a doña Beatriz de Santillán?»
-Hermosísima dama por mi fe -contestó el interpelado.
-Y rica, y sin hijos, y sin suegra -añadió el marqués.- ¿Le parece a vuesa merced saco de alacranes?
-No, señor; que tengo a doña Beatriz por un pino de oro.
-Pláceme oírselo. ¿Quiérela vuesa merced por esposa?
Pregunta tan a quemarropa hecha dejó por un instante en suspenso al mancebo.
-No, señor virrey -contestó al cabo con resolución.
Aquí fue su excelencia el asombrado, y creyendo haber oído mal, balbuceó:
-¡Cómo..., cómo... ¿Cómo es eso?
-Que no quiero casarme con doña Beatriz: está dicho.
-Pues se casará o se lo llevará el diablo conmigo, don bellaco -insistió irritado don Andrés.
-Pues si es preciso, señor virrey, iré a la horca...; pero no me casaré.
-Y a la horca irá... ¡Carámbanos! ¡Habrase visto burro de Lindaraja, que se iba al aserrín y no a la paja!
El virrey no volvía en sí de su asombro. Se levantó y dio a pasos precipitados un paseo por la habitación. Al fin, un poco más sereno, se detuvo delante del joven y le preguntó:
-¿Tiene vuesa merced algo que alegar contra la honestidad y virtud de doña Beatriz?
-Líbreme el cielo -se apresuró a contestar don Diego- de empañar en lo menor su honra, y créame vuecencia que si alguien osase tildarla, daga traigo para cortarle la lengua. No me caso porque soy pobre y ella es rica y no codicio mujer que me mantenga.
Y de este ultimátum, por más que argumentó el virrey, no consiguió que apease el de Zúñiga. Tenía la altivez y dignidad características del castellano antiguo. Esos hombres eran incotizables en la bolsa del mundo.
El virrey, que era todo un cascarrabias (y tanto que murió de una rabieta), puso término a la conferencia ordenando la prisión de don Diego. No se conformaba su excelencia con que habiéndose metido a casamentero le desdeñasen la novia.
¿Y ahorcó a don Diego como se lo había ofrecido? No, precisamente; pero con pretexto de que era hombre peligroso en el Perú, lo envió desterrado a España.
En cuanto a doña Beatriz, parece que las calabazas de don Diego la hicieron mella en el alma; porque desdeñando otros partidos que la propuso el virrey casamentero, emprendió, a la muerte de su tío el oidor, viaje al Cuzco, donde se metió monja en Santa Clara, que fue el primer monasterio que hubo en el Perú, como que su fundación se hizo en 1560, años antes del de la Encarnación en Lima.

lunes, 8 de agosto de 2011

LA FUNDACIÓN DEL IMPERIO DE LOS INCAS

El Sol, la Luna y las estrellas conformaban el núcleo del panteón. A su cabeza se encontraba el Inti ó Dios Sol, fuente de toda la riqueza, rey del cielo, las plantas y el universo. Se le consideraba además el ancestro del emperador o Sapa Inca, que como representante suyo gobernaba con poder absoluto sobre el Tahauntinsuyo, las cuatro partes del mundo conocido.
Cuenta un viejo mito que Inti, viendo que los hombres vivián como animales salvajes, sin cultivar la tierra ni construir casas, alimentándose de las raíces que encontraban y cubriéndose con hojas y pieles,  decidió enviar a dos de sus hijos, hombre y mujer para que les trasmitiesen el conocimiento y los guiasen. Estos dos hijos del sol eran Manco Capac y Mama Ocllo, de quienes proviene la dinastía reinante, los Incas propiamente dichos.
Antes de depositarlos junto al lago Titicaca, el Sol les dio una estrecha barra de oro para que la clavaren en la tierra allá por donde pasasen. Si la barra se hundía de un solo golpe, aquel era el lugar apropiado para asentarse definitivamente. Así los dos caminaron hacia el norte, hasta llegar a un valle rodeado de escarpadas montañas en cuyo suelo la barra se hundió tras darle un golpe. Convocaron entonces a las gentes explicándoles como el sol los había enviado para que fuesen sus maestros, y las llevaron a aquel lugar, en donde fundaron la ciudad del Cuzco.
Del Dios In ti se decía que estaba casado con su hermana La Luna, llamada también Mamas Quilla. Los antiguos habitantes del Perú creían que tras cruzar el cielo en el periplo diario, se sumergía en el océano oriental, al cual secaba parciamente. Durante la noche regresaba nadando bajo la tierra y reaparecía a la mañana siguiente, rejuvenecido por el baño. Los eclipses eran interpretados  como una señal de su ira.   
Cuentan que en una ocasión el Sol se apareció al Inca Yupanqui para anunciarle futuras victorias militares y recordarle sus obligaciones como hijo suyo. Mientras el inca hacia un alto en  el camino junto a la fuente de Sucur-pugaio, un cristal cayo al agua. Al mirar en su interior vio a un indio tras cuya cabeza brillaban tres rayos de sol, que iba vestido con los ropajes reales, llevaba enroscadas en sus brazos dos serpientes y se acompañaba por dos pumas. Yupanqui se asustó con su visión, pero la imagen lo tranquilizo diciéndole que era su padre el Sol. Después le anuncio que conquistaría muchas naciones, pero que nunca debía olvidarse de reverenciarle dedicándole las ofrendas adecuadas. Tras decir esto desapareció, dejando al inca el cristal en el cual pudo ver desde entonces todo aquello que deseó.
Según esta leyenda. Yupanqui ordeno construir una estatua del Sol que lo presentase tal y como él lo había visto. Sin embargo, la representación habitual consistía en disco dorado con un rostro inscrito y rodeado con rayos solares y llamas. Así aparecía, por ejemplo en el santuario principal del Templo del Sol o Coricancha templo más importante de Cuzco y autentico centro religioso del imperio.
En el templo del Coricancha, cuyos muros exteriores median más de cuatrocientos metros, vivía el gran sacerdote del Sol o Vilca-Oma, quien dirigía toda la vida religiosa del imperio y era habitualmente tío o hermano del emperador. Otros de los recintos internos servían de vivienda a parte del personal del templo, que podía llegar a estar compuesto por centenares de personas.
Existía también un grupo de mujeres, las Vírgenes del Sol o “Acllas”, elegidas o consagradas al sol y al servicio del Inca. Unos funcionarios especiales las seleccionaban  entre las niñas menores de 8 años según su linaje y su belleza. Desde entonces residían en unos conventos, los Acllahuasi (casa de las elegidas), bajo el gobierno e unas mujeres mayores denominadas Mama Cunas. Tejían toda la ropa que el Inca y su mejer vestían, y preparaban la ropa, la comida y la chicha (cerveza de maíz fermentado) que se ofrendaba al Sol.
Las grandes fiestas celebradas al año en honor al Sol eran dos: el Capac Raymi y el Inti Raymi. El Capac Raymi tenía lugar durante el solsticio del verano austral (21 de diciembre). Durante esta fiesta se celebraban los ritos de iniciación de los hijos de los nobles, que así entraban en la edad adulta, en la aristocracia y en el servicio del Inca
El Inti Raymi, coincidía con el solsticio de invierno (21 de junio). Antes del amanecer , el emperador acompañado de su familia y del pueblo se dirigían en solemne procesión a la plaza mayor del Cuzco en donde aguardaban en silencio al sol naciente, cuya aparición era recibida con júbilo. Todos los presentes se arrodillaban entonces y el Inca ofrecía chicha al Sol en un recipiente de plata. Después marchaban al Coricancha, en donde se volvía a encender el fuego sagrado mediante el uso de unos espejos. La ceremonia se acompañaba con danzas y sacrificios de grano, flores y animales, que eran quemados en hogueras. Desde las colinas que rodeaban el Cuzco innumerables columnas de humo ascendían hacia el cielo portando las ofendas realizadas al Sol.
      

domingo, 7 de agosto de 2011

EL ORIGEN DEL PERU

En mi país existen múltiples mitos y leyendas que hablan sobre el origen  del hombre peruano. Una de ellas, narra como Pachacamac decidió un día crear al hombre y a la mujer, para abandonarlos a su suerte. Al poco tiempo, el hombre fallecería a causa del hambre y la mujer sobrevivió gracias a que se alimentaba  de raíces. En una de esas excursiones en busca de un poco de alimento, imploro misericordia al Dios Sol, apiadándose este de ella la fecundo con sus rayos. 
Pero Pachacamac celoso, rapto al semidios y lo mato. La madre desgarrada de dolor, exigió al Sol que le castigara, pero el verdugo enterró el cuerpo para que no lo descubrieran  y sembró en él para compensar a la mujer que pasaba hambre. En sus dientes depositó maíz, al sembrar en las costillas y huesos germinaron yucas y frutas. De la carne salieron los pepinos, los pacaes y árboles convirtiéndose la región en un próspero territorio.
No obstante, la madre seguía clamando venganza, per Pachacamac se ocultó del Sol en un lugar remoto para así evitar su furia. Decidió hacer feliz a la mujer, el Sol le dio otro niño a partir del cordón umbical del primero, y le prometió que no le pasaría nada porque por el día él lo custodiaría y por la noche La Luna seria la responsable.
El joven de nombre Vichama, creció sano y fuerte y se aventuró por el mundo, dejando sola a su madre. A la vuelta se encontró con una multitud de personas que eran desconocidas para él, lo que lo desconcertó, Pachacamac, en su infinita maldad, había asesinado a su madre y había creado a partir de ella hambres y mujeres. Lleno de ira exigió a su padre el Sol ven venganza. Persiguió al asesino de su madre y hermano, pero este se refugió en el mar, que se convertiría en su eterna morada.
A los habitantes los transformo en piedras, acusándoles de ser complices en el asesinato de su madre. Afligido por la Soledad, buscó los huesos de esta, los junto e invoco a su padre, quien le devolvió la vida. Sin embargo al verse solo, Vichama rogo al Dios Sol una nueva creación. Este aceptó y lanzó a la tierra tres huevos de oro, plata y bronce.
Del huevo de oro nacieron los Curacas y nobles, del de plata las mujeres de estos y del huevo de bronce los plebeyos.