jueves, 9 de agosto de 2012

EL PALERMO TEMPLO DE LA INTELECTUALIDAD PERUANA



Sebastián Vallejo

El bar es el templo de las melancolías, esa prostituta del recuerdo. Las ciudades sólo tienen alma si es que poseen bares. Ahí se halla su registro de ternuras y su canon de pasiones. Los limeños a partir de los cincuenta, casi todos, fueron pasajeros en algún momento de su vida de El Palermo, de La Colmena Izquierda en su cuadra once, fue aquella vicaría de la bohemia y el contrapunto intelectual, entre el aserrín y la noche interminable. El café bar entrañable donde los hombres y las botellas, fundaron la apasionada manera de vivir para la ilusión, los sueños y las utopías de la existencia perpetúa.

Lima entonces, era una ciudad que amanecía sus convulsos y digestivos años cincuenta. En aquel tiempo, la avenida Nicolás de Piérola, en el centro de la urbe y conocida por los lugareños como La Colmena ─antes que Camilo José Cela habitara en su propia colmena─, era un acrisolado bulevar donde la modernidad y la elegancia caminaban de la mano en medio de una arquitectura que se construya ante la imperiosa necesidad de establecer una urbe cosmopolita. En aquel entonces, Lima consolidaba una identidad urbanística única. Y sus gentes eran esos limeños que se paseaban por esa Colmena Izquierda, pasmándose cada día con los nuevos establecimientos de luminosos escaparates, los flamantes restaurantes de neón, sus estrenados cafés de espejos centelleantes y todos sus rostros y todos sus personajes y todos sus sonidos.

Al llegar al Parque Universitario ─frente a la antigua casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que le había otorgado ese título─ estaba situado un edificio de seis pisos de rasgos adustos. Era el hotel Colmena en la mismísima; hospedaje obligado para los inéditos limeños de nuevo cuño, habitantes precisos del estrenado tiempo de la creciente capital peruana. En las amplias tiendas del primer piso del hotel y gozando de cierto prestigio ya, el Café y heladería Palermo era parada necesaria para hacerse de una legalidad y prez,  amén de un momento de contrapunto social y unos cremosos helados, más para el espíritu que para el propio cuerpo.

Los inmigrantes italianos que llegaron al Perú desde el siglo pasado y  se establecieron en Lima por establecer sus comercios con aquellas esencias de su fibra peninsular: las pastas y facturas, las helados escrupulosamente batidos y por cierto, sus panes y pasteles generosos. La familia Cocchella era de la zona norte de la península italiana, gente trabajadora pero ocasional. El padre de los Cocchellas había llevado con esmero el negocio del Palermo y el hotel, pero sus intereses mayores estaban puestos en la industria metálica. En el verano de 1950, el  señor Cocchella, agotado de tiempo, coloca muy a su pesar un aviso en la vitrina principal de la cafetería: Traspaso tienda, precio moderado. Y esa ya es otra historia.

Shinjo Kuniyoshi y su esposa Matsu Arashiro, después de observar con sosegada calma sus primeras 24 horas que pasaron en Lima aquel año de 1929 y luego de la travesía inenarrable de 58 días que los trajo desde Okinawa en el Japón, tomaron la decisión más trascendental de sus vidas: aquí nos quedamos, se dijeron y los dos agregaron sólo con el pensamiento y la mirada en ese mismo instante: hasta que la muerte nos separe. Dos hijos habían quedado en Okinawa, dos hijos que luego murieron en la gran guerra y que nunca volvieron a ver a sus padres porque don Santiago había prometido, al cabo de cinco años, regresar en mejor posición económica. Y desde ese mismo día en el Perú, el joven señor Shinjo pasó a llamarse Santiago y la joven señora Matsu tomó por nombre el de Margarita, ambos flamantes vecinos de las rumorosas y festivas calles porteñas del Callao.

Para Santiago Kuniyoshi, luego de los ingratos sucesos de 1940─1945 y que los afecto de sobre manera, la tienda no le fue ajena. Muchos de sus paisanos, convertidos en expertos comerciantes y luego de administrar el reconocimiento general por sus sacrificios, esfuerzos y superaciones propias, no dejaron de apoyar a la emprendedora familia Kuniyoshi que ya para esto había ido creciendo, también generosamente, con el nacimiento de diez hijos.

En El Palermo, don Santiago Kuniyoshi inicia el conocimiento de otro tipo de clientes. Todos llegaban a sus mesas de riguroso traje, cargados de libros y papeles, atados a conversaciones exaltadas e interminables que al principio él no comprendía. Pero don Santiago tenia otra facultad a parte de su palmaria tenacidad, le gustaba escuchar y mirar a los ojos. Así, cayó en cuenta que estaba al frente de una clientela clasificada. Cierto, su establecimiento se ubicaba frente a la universidad de San Marcos, la más prestigiosa y antigua de América. Cierto, estas personas eran distintas a aquella que lo frecuentaron en la encomendaría de la Plaza Unión. Cierto, era muy cierto entonces que había que tener otra aptitud y otro trato porque don Santiago estaba de acuerdo con esa máxima que aprendió muy bien y que decía que el cliente siempre tiene la razón.
El aprendizaje fue su acto mayor. Entonces de un tiempo para adelante, al regresar a su casa de la avenida Brasil, su esposa y sus hijos, observaban a don Santiago leyendo profundamente extraños libros, enigmáticas revistas, indescifrables documentos que el cuidaba que extrema reserva. Eran las publicaciones que sus nuevos amigos, aquellos que habitaban el universo de sus dominios, le prestaban u obsequiaban luego de sesudas y grandilocuentes explicaciones. Don Santiago no tardaría en cambiar. Así se hizo más reflexivo. Confundido como un cliente más en una de los apartados, tratando de explicar el mundo a sus nuevos amigos que el llamaba “los pensadores”. Entonces, uno de sus hijos, el que más lo seguía, que también se llamaba Santiago y que ya asumía las responsabilidades que exigía el enorme Palermo, descubre el origen de aquel cambio. El señor Kuniyoshi, había descubierto el casi inexpugnable universo de una buena parte de la intelectualidad peruana. Y ahora, el joven Santiago, había comenzado a seguir los atrevidos pasos de su padre.

El Palermo era un establecimiento amplio, el más grande que se recuerde en la zona. La atención era esmerada pero nada especial en los servicios de la cafetería, el restaurante y el bar. En su primeros años, sus 22 mesas familiares, alfombradas de aserrín y tatuada por la efervescencia nocturna, albergaban casi las 24 horas de día a un conjunto que reunía a profesores y estudiantes de la universidad de San Marcos y alguno que otro de la Universidad Católica, la mayoría procedía de las Facultades de Letras y de Derecho. Pero también eran clientes conspicuos, toda la feligresía periodística, porque hasta allí llegaban, al cierre de la edición, toda laya de gente de prensa: redactores y reporteros de La Prensa, La Crónica y El Comercio, los diarios más importantes de aquel entonces.

El Palermo era un café y bar como otros cualquiera que existían en los predios de la universidad, el Parque Universitario o la Plaza San Martín. No obstante, la apacible contemplación que observaba don Santiago y sus hijos, la solícita atención que practicaban los mozos (camareros),  que satisfacían las exigencias más extravagantes de los clientes sin mayores dramas, era el encanto que trasuntaba ese Palermo de los años cincuentas. Porque los que llegaban con suficientes reservas económicas, podían ver sobre su mesa una buena botella de pisco peruano; los que lucían un presupuesto regular lograban atiborrar su espacio de cervezas y cigarrillos; los que mostraban exiguos recursos alcanzaba a tomarse algunas tasas de café; y los otros, aquellos que caminaban con los bolsillos vacíos, pues nada, se sentaban sin ser molestados y miraban pasar las horas y el mundo rodar.

De repente se observaba en agitadas reuniones, juntos pero no confundidos, al novelista José María Arguedas y al maestro Raúl Porras Barrenechea, a los poetas Alberto Escobar y Francisco Bendezú, al estudiante de historia Pablo Macera, y al pedagogo Oscar Franco. A los periodistas Pedro Álvarez del Villar y al crítico y poeta Augusto Salazar Bondy. Al filosofo Víctor Li Carrillo y al estudiante de derecho Félix Arias Schereiber. Al sociólogo Aníbal Quijano y al narrador Eleodoro Vargas Vicuña -- recién llegado de Arequipa--, al poeta Juan Gonzalo Rose y al historiador Emilio Choy, al cuentista Oswaldo Reynoso y al crítico de cine Hugo Bravo, a las estudiantes de Letras --casi musas--, Esperanza Ruiz, Nécida Coronado y Evelina Gayoso. Todos, jóvenes personaje de un gran fresco que podía retratar la convulsa cultura peruana de los años cincuenta, años de la férrea dictadura militar del General Odría. La mayoría, asistentes en fervorosa procesión desde el Patio de Letras de la universidad de San Marcos.

Otros, en sistemático ritual académico ─los poetas Pablo Guevara, Leopoldo Chiariarse, Washington Delgado y el escritor Julio Ramón Ribeyro─, llegaban en grupos acicalados desde los claustros de la universidad Católica y atiborraban el lugar con su irrecusable deseo de descubrir el Perú de las ideas y de los dédalos políticos de su coyuntura. hallaban, quién lo duda ahora, en el Palermo, la libertad que no encontraban en los espacios universitario que la sociedad peruana les había entregado para su continuidad. Si el mítico Bolar rejuraba que en uno de los baños había estrechado su diestra --y su siniestra también-- al mismísimo Ernesto Guevara, antes de ser el Che y antes de ser El Comandante, cuando estuvo de paso a la revolución y en moto. Y contiguos a otros escritores y poetas en ciernes, y junto a otros sublimados artistas de las letras y la plástica, y observados y comprendidos por la familia Kuniyoshi que los albergaban, inmigrantes también a su manera, componían un apasionado mosaico con esos otros parroquianos, la mayoría de clientes, foráneos en Lima, llegados desde el interior de las provincias del Perú a tomar posición en una geografía propia como ajena.

El Palermo se fue convirtiendo en capilla y catequesis, en aula alternativa y universidad de la propia vida. Aquel fue su atractivo y su pudor. Su exclusiva clientela sabía bien que ahí iba a encontrar a sus congéneres, a esos seres que vivían preocupados por el origen de las cosas, por la explicación de los fenómenos totales y por el fondo y la forma estética con que explicar que la vida existe de otra manera. Así, se tejían los diálogos profusos y cotidianos, triviales o trascendentes, triunfales o dramáticos, amargos o hedonistas. Y en cualquier momento hacía su ingreso un gran maestro o un irreverente poeta, un profundo filósofo o un cultivado periodista, un anecdótico pintor o un fulgurante novelista, todos reunidos en ese café y bar limeño que el tiempo convirtió en sala magna e institución.

En medio de esa bohemia y tertulia, la familia Kuniyoshi, don Santiago y sus hijos mayores, protagonizaron una función normativa. Se los respetaba como ellos respetaban el resplandor de las ideas que en esas mesas de El Palermo adquirían categoría de fe teológica. En tiempos posteriores ─ya existía el piano que era tocado por el maestro Freddy Ochoa cuando el Palermo era ya un snack bar─, con su proverbial protección, apoyaron y animaron publicaciones, presentaciones de libros y hasta respetuosas ceremonias para festejar un cumpleaños o la llegada o despedida de algún hijo ilustre de sus mesas.

Suele decirse que el gran poeta peruano Martín Adán fue el primer limeño certificado que inaugura la lúdica costumbre de asistir a el Palermo en las épocas de los italianos al final de la década del cuarenta. Le encantaba el tiempo detenido y el sordo estruendo de las ideas silentes y musicales ─según confesión de aparte─, y porque incluso en su horas más frenéticas ─que las había sobre todo los fines de semana─ era un simple y confuso bar, pero donde nadie lo molestaba ni interrumpía el discurrir de sus imágenes poéticas que escrupulosamente dejaba escritas en finas hojas de servilletas y que el mozo Broncano guardaban con sumiso respeto y para la posteridad.

Igual fervor habitaba en los sentimientos del notable pintor Víctor Humareda, -el último de los bohemios-  quien todas las noches y mucho más en los años ochentas, se acercaba con su carga briosa de colores remojados en los vinos de su mundo cromático y secreto, a domar sus demonios y a contarle cada vez una historia distinta a Julio Kuniyoshi. Así, los espacios del mítico bar, albergaron en su momento a casi todos los militantes de la llamada Generación del 50, constructores de una revista emblemática: Letras Peruanas. Allí también se forjaron grupos y movimientos, los más importantes, aquel de los prosistas del grupo "Narración" en los años sesentas y su revista del mismo nombre. Un lustro más tarde, en casi la misma mesa, irrumpía con su sibilino universo integral el movimiento poético Hora Zero y todos sus manifiestos y toda su zarabanda de lúcidos locos tiernos.

Y el Palermo de la familia Kuniyoshi, en aquel apasionante interregno, pertenece a la infinidad de páginas libres de la literatura peruana. Su nombre y su influencia se lee en la novela de Julio Ramón Ribeyro, Los geniecillos dominicales donde los protagonistas, todos jóvenes iconoclastas y al mismo tiempo revolucionarios e incendiarios, traman cambiar el universo al calor de sus ideas y en el esplendor de sus cervezas. Y ha quedado escrito también en célebres poemas, en cuentos y otras novelas como el marco de referencia de otras épocas, como registro vivencial y generacional ─la llamada Guerra Fría, la Revolución Cubana, la muerte del poeta guerrillero Javier Heraud, la Revolución Cultural china, las revueltas de París y Praga, el Chile de Allende y Pinochet y el Perú, desde los fastos de la dictadura odrista, pasando por la anémica gesta demócrata de Belaúnde y hasta la revolución del General Velasco─ en otras estatuas del tiempo.

A Julio Kuniyoshi, le compitió la ingrata tarea de cerrar el capítulo de un ilustre pasado de este mítico café-leyenda. Fue una noche de noviembre de 1989 cuando se bajaron definitivamente las puertas metálicas del Palermo. Cuarenta años habían pasado desde aquella vez cuando don Santiago o Shinjo Kuniyoshi había encendido las luces majestuosas de sus aposentos que iluminaron con su calor y resplandor a más de una generación de intelectuales, escritores y artistas, y que alguna vez escribieron en alguna de sus mesas, los versos abrumadores de sus vidas y de sus frescas presencias con las cualidades de los espejos de la memoria.

Aun recuerdo la primera vez en que llegue con mis libros bajo el brazo y contemple ese fulgor y los estruendos que escapaban desde las entrañas de sus mesas del fondo y me preguntaba qué era aquello que se defendía con tanta pasión. Era el café de los ensueños. Después, hasta su barra llegue a pedir una copa de pisco para el frío de la nueva vida, un cebiche picante para agarrar fiereza digestiva y una cerveza fría para soportar mis primeras calenturas ante la sensualidad de las partes ajenas.

Kant se enfrentaba al general Velasco y la Reforma Agraria a Garcilaso. Así Kin Novak era más mujer que Laura Antonelli o al revés y Gladys Arista era más fiel que Cuchita Salazar. Y recitábamos a Thomas Nashe, poeta impuro del mil quinientos: "Una flor es la belleza, que se marcha y se consume... El polvo ha cerrado los ojos de Helen, es hora de morir estoy enfermo: señor ten piedad de nosotros. Así, a las cuatro de la mañana, apagábamos la luz del Palermo y todos nos íbamos a dormir. Así lo recuerdo.

El huaylarsh, una danza tradicional que imita el galanteo del zorzal




Conocida danza nace de fusión creada hace más de 500 años.
El zorzal o chihuaco, un curioso pájaro silvestre de plumaje de color negro, patas y pico amarillo, dio origen hace 548 años al huaylarsh, varonil y aguerrido baile costumbrista muy difundido en la sierra central del país. En esta danza se imita el cortejo de esta ave que, con las alas desplegadas, brinca y zapatea y revolotea en torno a la hembra hasta conquistarla. También se le conoce como 'la danza de los guerreros imbatibles'.
La historia del huaylarsh se remonta a 1460, cuando los incas invaden el valle del Mantaro para someter a los huancas. El jefe de la comunidad Anco Huaillo no se rindió: antes de que su pueblo (hoy corresponde a la provincia de Chupaca) sea sometido, ordenó a sus habitantes escapar hacia la selva central, y se estableció en el valle del río Huallaga.
Pasaron muchos años. En todo ese tiempo los miembros de aquella comunidad extrañaron su tierra de origen. Entonces decidieron retornar a Chupaca a mediados de 1850. Ellos llegaron con sus propias costumbres, ataviados con trajes peculiares y danzando, al igual que el chihuaco, un baile llamado shapish. Quienes habitaban Chupaca bailaban el walarsh, que en quechua significa 'joven', y que representa las labores de pastoreo, la siembra, la cosecha y la gratitud a la pachamama.
Entonces, ambas coreografías costumbristas se fusionaron para formar el famoso huaylarsh (hay quienes también llaman a esta danza 'el baile del amor y del trabajo').
COQUETERÍA ANDINA
Esta danza comienza cuando las wamblas (muchachas juguetonas y coquetas) inician el tacanacuy (combate cuerpo a cuerpo) al lado de sus parejas, los walash (muchachos). El tacanacuy es una variante antigua de este baile andino, que consiste en enfrentamientos entre grupos de campesinos acompañados de sus instrumentos musicales, quienes salían a las calles para encontrarse con sus rivales y terminar en una batalla campal en las que intervenían hombres y mujeres.
Ahora el huaylarsh conjuga todos estos movimientos. Destaca el frenético zapateo que retumba en el ambiente. De cuando en cuando se escuchan sonoros guapidos (gritos peculiares) que lanzan los varones mientras que, con bruscos movimientos de brazos, cabeza y tronco (como el chihuaco), buscan ser aceptados por las jóvenes que bailan con ellos al compás de las orquestas típicas.
Con estas manifestaciones se ahondan más los lazos emocionales de las parejas. Así bailan y guapean en los pueblos de Pucará, Viques, Huayucachi, Sapallanga y demás localidades del valle, constituyéndose en el genuino sentimiento folclórico de la gran nación huanca.
Esta danza se practica después de la época de cosecha, en marzo y abril. En la actualidad, se conocen dos variantes de este género. El huaylarsh antiguo o tradicional, cantado por mujeres acompañadas por violines, y el huaylarsh moderno, en el que intervienen orquestas típicas que incluyen saxofones, barítonos, clarinetes, arpas y violines.
Carnavales en las alturas de Cerro de Pasco
El intenso frío no es obstáculo para celebrar los carnavales en Cerro de Pasco, porque todos salen muy bien arropados y con los rostros pintados para recorrer calles y plazas. Las principales autoridades de la provincia encabezan las pandillas en una tradición que tiene 120 años y que aún se mantiene en las alturas del departamento.
Esta tradicional celebración nació cuando los mineros, hace más de un siglo, empezaron a reunirse para dar rienda suelta a sus sentimientos durante las fiestas y compusieron canciones referentes a sus sueños y anhelos, pero también sacrificio de sus jornadas diarias dentro los socavones mientras buscan el metal precioso.
Esta manifestación popular fue creciendo con el correr de los años y hoy desde todos los barrios parten carros alegóricos con sus respectivos grupos de alegres danzantes, para darse cita en la fiesta.

domingo, 5 de agosto de 2012

EL COTO DE BOIMOURO




Sebastián Vallejo

Hace unos días, acudíamos a casa de un amigo en Tapia de Casariego, es así que salimos temprano de Oviedo, para aprovechar bien el día. Cuando estamos en el Concejo del Franco, recibimos una llamada de nuestro amigo  en la que nos comunicaba que estaba aquejado de una fuerte gripe, mal que nos ha visitado con mucha fuerza este último año. Decidimos entonces parar a tomar un café y volver para Oviedo.

Al entrar en la cafetería nos encontramos con unos amigos a quienes comentamos que nuestro anfitrión en Tapia, se encontraba enfermo. Les dijimos que nos gustaría ver algunos castros, que por esa zona son frecuentes. Ellos  nos comentaron que en el pueblo de Arancedo, había algunos. Como prácticamente ya no teníamos ningún  compromiso, nos invitaron a que fueramos a visitar esa zona cargada de leyenda, con castros, mazos, molinos y herrerías, donde se encuentran  las raíces de nuestros antepasados.

Como todavía aún era temprano, nos dedicamos a dar algunas vueltas para conocer La Caridad, capital del Concejo,  que tiene una población de unos mil habitantes, también cuenta con una moderna iglesia y su Casa Consistorial de  línea funcional, y algunas casonas de indianos que le dan cierta personalidad, y que nos hace recordar aquellas grandes casas de doble planta como las de nuestra América, siempre adornadas en sus grandes jardines por una  o dos palmeras. Luego visitamos su moderno polideportivo llamado “Uruguay”, en homenaje a su Hijo Predilecto Enrique Valentín Iglesias, natural de Arancedo, quien desde su infancia, y por esas cosas de la vida fue a residir en ese gran país, aunque pequeño de superficie y que se encuentra ubicado en la parte Suroriental de Sudamérica. Ilustre personaje que fue galardonado en 1982 con el  Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Iberoamericana.

Dejamos La Caridad y tomamos por la calle que lleva el nombre del ilustre hijo del  Concejo, luego de pasar un túnel por debajo de la moderna carretera, nos adentramos por una alameda bordeada de vetustos e inmensos arbolones. Llegamos a  Santa María de Miudes,  y luego divisamos a lo lejos, el pueblo de Arancedo con su “Catedral” y reloj que toca a las horas el “Asturias Patria querida”, como el de Oviedo..

Al llegar a Arancedo, seguimos por una carretera a la derecha, que pasa por delante de “Casa El Chabolo” al pie de uno de los castros, que  ya son citados en el siglo XVIII como yacimientos arqueológicos vinculados a las cercanas explotaciones mineras.

El castro que se halla en una loma, de cuyo pie en su lado norte, parte un camino ascendente  que le rodea por la vertiente occidental y alcanza la cumbre por el sur. “Las casas de este castro, están construidas con piedra pizarrosa y se encuentran las cuarcitas; también las graníticas en sillares más o menos formatizados, denunciando su empleo para otros servicios. La cerámica encontrada es “la indígena, tosca y mal formatizada, presenta las características de estas poblaciones, abundando la arcilla roja y también la negra. Posee un recinto elíptico con el eje mayor en dirección N/S de unos 110 m. por solamente unos 70 en el opuesto y se defiende por la ladera sur que es la más suave mediante un foso, observándose otro hacia el oeste, donde la pendiente es más acusada, ya que su altura es de unos 75 sobre el entorno, representado por el río de El Mazo y por el este se encuentra circundado por el Regueiro da Veiga del Torno. Su recinto del castro es casi plano y está poblado de helechos y pinos que han derrumbado y recubierto las excavaciones, pudiendo apreciarse dos conjuntos de casas en los extremos meridional y septentrional.

Siguiendo con nuestra exploración  bordeamos el río Bao o Mazo, que nace en las faldas del Gumio (Boal), para desembocar en el Lagar o Porcía, en “la Portigueira”. Dentro de este valle se encuentra el Coto de Boimouro, (buey negro) que pertenece a la  parroquia de San Juan de Prendones, y al final nos encontramos con el Pozo Barreiras de mucha profundidad y donde abundan las truchas y algún que otro salmón. .

Discurriendo  por la vera del  río se puede observar un canal que lleva agua a una antigua y semiderruida edificación, vestigios de las primitivas industrias metalúrgicas que en otros tiempos abundaron por estos escondidos rincones. Según consta en algunos documentos fue copropietario  Don Diego Quiroga Losada, marqués de Santa María del Villar, quien había nacido en el año 1882, cursando estudios de Derecho y se dedicó al turismo. Se puede decir que fue el precursor del turismo en España, habiendo dedicado a Asturias numerosos artículos ilustrados sobre el paisaje regional. El marqués de Santa María del Villar debía cobrar una cifra igual a la que ingresaba al año su socio en la herrería, Carvajal.
 
Era Bernardo Carvajal el mayor hacendado del coto, que había nacido en Miudes en 1839, su padre había nacido en Boimouro, y su madre de Peruyeira, fue administrador subalterno de Rentas estancadas de Castropol, pero quedo al poco tiempo cesante. Por los años 1870 a 71 fue administrador de estancadas de Luarca hasta el desestanco de la sal, luego pasó a desempeñar el cargo de Oficial primero del Gobierno civil de la Provincia. Fue buen amigo, excelente hijo y hermano, amante esposo, un buen padre, y caritativo ciudadano.

Bernardo Carvajal, vivía en el coto, en una casa que tenía 20 varas de frente y 17 de fondo, una sala, dos cuartos de dormir, cocina, herrería y tres establos. Podría rentar todo – con un huerto de un cuarto día de bueyes-, si se arrendara, rentarías seis medidas de escanda. Se estimó el producto de sus heredades, según las operaciones hechas para la única contribución, en 269 reales y cinco maravedís; en 23 reales y 25 maravedís la renta de casas y hórreos; en 17 reales y medio la de los molinos harineros; en 5.600 reales la utilidad de la herrería y en 1.256 reales los “esquilmos de ganados y colmenas”. 

En la parte exterior existe un prado grande en  el cual había un tejo, solitario, varios nogales y eucaliptos, lo que hace de ese valle un lugar misterioso e inigualable, donde tal vez  el cuélebre que custodia las xanas y protege los tesoros; -como yalgas, chalgas, ayalgas-, la que solo se rinde a la fatiga de la noche de San Juan cuando los paladines de ventura quiebran los encantamientos y encuentran de una vez, y en grado sumo, la fortuna, el amor y la belleza. El coto también contaba con una pequeña capilla, que tenía tres imágenes talladas en madera que eran la de San José, Santa Lucía y la Virgen del Carmen.

Se cuenta que en casa de Bernardo Carvajal, tenían una empleada que vivió toda la vida con ellos. Ella había tenido un hijo con un  relojero de Oviedo– y amigo de la familia- el reconoció al niño, pero nunca se caso con la madre. Al dejar toda la familia Carvajal el Coto, y trasladarse a la capital, la empleada de toda la vida, prefirió quedarse en Boimouro. Al poco tiempo los señores legaron toda su hacienda a su empleada, y a su hijo.

En Asturias siempre se dieron las condiciones necesarias para que surgieran por iniciativa privada instalaciones siderúrgicas que incorporaran los adelantos técnicos. Las fundiciones de hierro en los que el mineral se convertía en arabio o hierro. Estas con diferentes técnicas, producían hierro maleable. El carbón vegetal que consumían era tan poco que nunca contribuyo a provocar la desforestación . El hierro que utilizaban  procedía de desechos y de las fojas. En la herrería trabajaba un solo operario, el maestro y, a veces, un oficial y un aprendiz.  Movían los fuelles con energía mecánica. Estos herreros eran también labradores. Las fraguas coexistían con los “mazos de tirar y empalmar  fierro”, y éstos las abastecían  de una parte de la materia prima, en forma de “tochos. Estas ferrerías producían cantidades de hierro fundido o forjado. En la herrería había una  sierra accionada por agua. También había un barquín fuelle, grande para avivar los recoldos. Se emplea también el yunque y martillos grandes, entre otros.

En la herrería había un “molín”, que es siempre algo interesante en la aldea, lugar de casino y mentidero rural. Todo el ir y venir de las parroquias cercanas era puesto en tela de juicio en los molinos. Así no resulta raro que la fantasía popular le refiera trovas, leyendas y coplas divertidas que por campos  y callejas se entonan. El ”molín” era utilizado por los pobladores, quienes por medio de la “maquila” que consistía en un recipiente trapezoidal , de madera, con o sin asa lateral, se utiliza para calcular la cantidad de grano que el cliente debe pagar, de modo que el molinero toma tantas maquilas según la cantidad de grano a moler. Como el cobro de la maquila no se hacía delante del cliente se prestaba a picarescas habladurías, algunas veces recogidas en el cancionero popular “La molinera trae corales/ y el molinero corbatín./¿De dónde sale tanto lujo si no sale del molín?/

Es un ingenio artesanal, hecho casi totalmente de madera y piedra y con alguna pequeña pieza de hierro. El molino funcionaba con energía hidráulica y de rueda horizontal. Los molinos se situaban próximos a los ríos aprovechando lugares con un cierto desnivel. El agua estaba embalsada en una presa, construida con piedras muy trabajadas y horadadas para ser conducida por una canal hasta la ñora o depósito de agua, desde donde se precipita con gran fuerza por el cubu sobre las paletas del rodezno o turbina, haciéndola girar, y transmitiendo el giro a través del eje o árbol, a la muela móvil o volandera. Al final del cubu se encuentra el saetillo, espacio angosto en el extremo del cubu por el que el chorro de agua sale a gran presión dirigido hacia las palas del rodezno. Superpuesto al salibu está la paradera, mecanismo en forma de estribo, cuya misión es desviar la corriente de agua fuera del campo de acción del rodezno, haciendo que éste pare o arranque. En los molinos asturianos se molía harina, escanda, trigo, centeno y maíz y son uno de los ingenios más simples, más perfectos y económicos.

Muy cerca de allí, nos encontramos con La Andina, donde se encuentra el valle feliz,  en este lugar existe  una peña denominada La Llamúa  - de extraordinaria belleza natural-, rodeada de un paraje en que abundan los cerezos, los madroños y los avellanos. Hay vestigios de una acequia para conducción de agua, dos castros, uno parcialmente excavado y el otro sin excavar; varios caleros, grutas y otras peñas pintorescas. Mientras que contemplamos esos restos arqueológicos a lo lejos oímos el sonido de las campanas del “Asturias Patria Querida” de la “catedral” de Arancedo, que nos anuncia que es hora de ir a comer.

A nuestro regreso paramos en “Casa el Chabolo”, lugar típico donde nos dicen que se come bien, cocina de mar y monte, con historias de viejos castros y de antañonas culturas siempre a la sombra de las alturas de Vidrosa, Penouta o Trombadello o al suave oreo de la brisa salobre. En El Chabolo se preparan excelentes potes, caldos y la especialidad de el lacón asado en horno de leña con patatines que nos hacen volver a repetir y chuparnos los dedos. Siempre regado con un buen vino de Rioja . Y de postre requexón, preparado allí mismo, y endulzado con la rica miel de la colmenas del pueblo. 

Al final, nuestros anfitriones nos sorprenden con el delicioso rapón, que se hacía en Boimouro Que es una torta de harina de maíz amasada con agua, sal, cebolla, tocino y pedacitos de chorizo, sobre hojas de berza y cocido en el horno.

Después de la amena y larga sobremesa, donde nos han contado muchas anécdotas del pueblo y su gente, nos despedimos agradeciendo a nuestros anfitriones, por sus atenciones y por los ricos manjares que nos ofrecieron.

Nos vamos en dirección al Pico Penouta, con un trazo irregular en una encrucijada de montañas de poca elevación, siendo medianera entre las sierras de la Bobia de la Garganta. Cuando llegamos a la atalaya, aún nos da tiempo a divisar la amplia panorámica que comprende desde Navia hasta bien entrada la provincia de Lugo, antes de que  la niebla tienda su velo sobre el fructífero día. “Si vas a Penouta vas a Garganta, nun deixes a alforxa nun deixes a manta”. Descendiendo nos encontramos con las piedras “cansadas” de Penedo Aballon, y desde allí divisamos al fondo del valle a Boal la capital del concejo del mismo nombre.

Todo esto no habría sido posible si no fuese por el cambio climático en que vivimos, que a decir de muchos es de los más duros en los últimos tiempos, dando como consecuencia procesos gripales por donde se vaya, y como mi amigo es un terrestre más no pudo librarse de la misma, lo cual nos permitió vivir y conocer todo lo que aquí se ha dicho, quedando como paradoja “No hay mal que por bien no venga”. 

(Fotos J. Antonio Rado)

sábado, 4 de agosto de 2012

PERÚ PROTAGONIZARA EL DÍA DE AMÉRICA EN ASTURIAS

Dentro de un mes Oviedo, nuestro Oviedin del alma va a celebrar sus fiestas de San Mateo, este año los peruanos somos los protagonistas del desfile del día de América en Asturias, una fiesta que tiene más de sesenta y dos años y al parecer fue inventada por Alfonso Iglesias, el padre de Pinón y Telva, dos asturianos de pro que todavía andan por ahí.

En el desfile  participarán 26 pasos, participando República Dominicana, México, Ecuador, Cuba y nuestro pais. Intervienen también un grupo de teatro, tres bandas de gaitas y cuatro bandas de música.

El Bando de la Magdalena de Llanes y el hermanamiento de Móstoles y Oviedo serán otras de las carrozas protagonistas en este desfile

Este año  la Reina de América y sus dos damas son peruanas. La Reina Adriana Melo Guerrero una guapa chica de diecinueve años y sus dos damas Yanina Gallardo Muñoz y Janina Grace Tarazona, son las tres bellezas peruanas que van a representarnos en ese desfile. En la misma carroza  ellas estarán acompañadas por un grupo de peruanos ataviados con los trajes regionales de nuestro país.

Perú es el país hispanoamericano al que esta dedicado el evento de San Mateo 2012. Por lo que las reinas y damas peruanas compartirán con las reinas asturianas los distintos actos de los festejos, desde el Pregón en el balcón del Ayuntamiento, que este año será anunciado por el cantante Melendi,  hasta la misa del Cristo en la Clausura de los festejos. "La Serpiente Emplumada" es el grupo de Danzantes que representará a México en el clásico desfile ovetense.

Mateín presidirá la carroza infantil, que con 70 niños y casi diez metros de altura es la más grande de la comitiva.

El desfile de América es uno de los actos de mayor tradición en las fiestas de San Mateo, también es el acontecimiento más apreciado por los ovetenses, que cada año, con mejor o peor tiempo , llenan las calles por donde pasa el desfile, especialmente la calle Uría

FRANCISCO PIZARRO EL CONQUISTADOR DEL PERÚ


FRANCISCO PIZARRO EL CONQUISTADOR DEL PERÚ 

Francisco Pizarro González, Marqués (TrujilloCáceres, España, 16 de marzo de 1478 — Lima, Perú, 26 de junio de 1541), Adelantado, fue el explorador y conquistador español delPerú, gobernador de Nueva Castilla (actual territorio peruano) con sede de gobierno en La Ciudad De Los Reyes (Lima). Es recordado por haber logrado imponerse sobre el Imperio incaicocon ayuda de diversos cacicazgos locales, conquistando el mencionado estado imperial cuyo centro de gobierno se ubicaba en el hoy Perú, y estableciendo una dependencia española sobre él. Si bien tuvo el título de marqués, fue "marqués sin marquesado"; sus descendientes tuvieron el título de marqueses de la Conquista. Sin embargo, es muy posible que le fuera concedido el título de marqués de los Atavillos, siendo este el título utilizado por el cronista don Francisco López de Gomara en su Historia General de las Indias, capítulo CXXXII. También fue referido como Marqués por Pedro Cieza de León en su libro la Chrónica del Perú. Para sus huestes indígenas era conocido como Apu (Jefe, Señor, General) o Machu Capitán (Viejo Capitán).

Francisco Pizarro nació en la ciudad de Trujillo (Extremadura). Existen dudas acerca de la fecha exacta de su nacimiento puesto que, si para unos historiadores fue el 16 de marzo de 1476, para otros fue la misma fecha, pero del año 1478. Algunos historiadores llegan a hablar de 1473.
Fue hijo natural del hidalgo Gonzalo Pizarro Rodríguez de Aguilar, llamado "El Largo", que participó en las campañas de Italia, bajo el mando deGonzalo Fernández de Córdoba, y de Francisca González y Mateos, campesina y doncella de la tía de Gonzalo, Beatriz Pizarro, devota del Convento de San Francisco el Real (junto a la Puerta de la Coria).
A la edad de 20 años se alistó en los tercios españoles que, a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, luchaban en las conocidas como campañas de Nápoles contra los franceses. Según López de Gómara habría servido bajo las órdenes de éste, siempre como soldado, en el sur de la Península, Calabria y Sicilia. Regresa a Sevilla, donde permanecerá hasta su marcha a América. Poco se sabe de su estancia en esta ciudad.
Primeros años en América
En 1502, llegó a América en la expedición de Nicolás de Ovando, el nuevo gobernador de La Española. De sus primeros años en América se sabe muy poco. Probablemente participó en el sometimiento de La Española.[cita requerida]
En 1508, el rey de España Fernando el Católico sometió a concurso la conquista de Tierra Firme. Se crearon dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre los cabos de la Vela (Colombia) y de Gracias a Dios, (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). Se tomó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: Nueva Andalucía al este, gobernada porAlonso de Ojeda, y Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa.
En 1509, hubo una expedición comandada por el bachiller y Alcalde Mayor de Nueva Andalucía Martín Fernández de Enciso que salió a socorrer a su superior jerárquico, el gobernador Alonso de Ojeda. Ojeda junto con setenta hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, lugar donde después se levantaría la ciudad de Cartagena de Indias; sin embargo, cerca del establecimiento existían muchos indígenas belicosos que usaban armas venenosas, y Ojeda había sido herido de una pierna. Poco después, Ojeda se retiró en un barco a La Española, dejando el establecimiento a cargo de Francisco Pizarro, que en ese momento no era más que un valiente soldado en espera de que llegara la expedición de Enciso. Ojeda pidió a Pizarro que se mantuviera con unos pocos hombres por cincuenta días en el poblado, o que de lo contrario usara todos los medios para regresar a La Española.
Hombre de fuerte carácter y poco dispuesto a la actividad sedentaria, participó en la expedición de Alonso de Ojeda que exploró América Central y Colombia (1510) y luego en la de Vasco Núñez de Balboa que culminó en el descubrimiento del Mar del Sur (más tarde océano Pacífico) en 1513.
En enero de 1519, Francisco Pizarro arrestó a Vasco Núñez de Balboa por orden de Pedro Arias de Ávila, Gobernador de Castilla de Oro. De 1519 a 1523, fue encomendero y alcalde dePanamá.
Existen discrepancias sobre el estado de la fortuna de Pizarro durante su estancia en Panamá. Al respecto, Horacio Urteaga afirmó que:
Éste es el único cronista que asegura que la situación económica de Pizarro y Almagro era holgada. Quintana y Mendiburu, que mucho averiguaron sobre la vida de los conquistadores, aseguran que Pizarro era uno de los moradores de Panamá menos acaudalados, y cuando llegó el caso de la famosa contrata para descubrir el Perú, ambos socios no pudieron poner otra cosa que su industria personal y su experiencia.
En efecto, en 1524, Pizarro se asocia con Diego de Almagro y Hernando de Luque, un hombre influyente, cura de Panamá, para conquistar "Birú" o "El Birú" (el Imperio inca del Perú), del que tenían vagas noticias, repartiéndose las responsabilidades de la expedición. Pizarro la capitanearía, Almagro se encargaría de la intendencia y Luque estaría al cargo de las finanzas y de la provisión de ayuda. Existen noticias de un cuarto asociado, el licenciado Espinosa, que no quiso figurar oficialmente y que habría sido el financiador principal de las expediciones hacia el Perú.
A finales de septiembre de 1526, cuando habían transcurrido dos años de viajes hacia el sur afrontando toda clase de inclemencias y calamidades, llegaron a la isla del Gallo extenuados. El descontento entre los soldados era muy grande, llevaban varios años pasando calamidades sin conseguir ningún resultado. Pizarro intenta convencer a sus hombres para que sigan adelante, sin embargo la mayoría de sus huestes quieren desertar y regresar. Allí se produce la acción extrema de Pizarro, de trazar una raya en el suelo de la isla obligando a decidir a sus hombres entre seguir o no en la expedición descubridora.
Tan sólo cruzaron la línea trece hombres. Los "Trece de la Fama", o los "Trece caballeros de la isla del Gallo", fueron: Bartolomé Ruiz, Pedro Alcón, Alonso Briceño, Pedro de Candia, Antonio Carrión, Francisco de Cuéllar, García Jerén, Alonso Molina, Martín Paz, Cristóbal de Peralta, Nicolás de Rivera (el viejo), Domingo de Soraluce y Juan de la Torre y Díaz Chacón.
Sobre la escena que se vivió en la Isla del Gallo, luego que Juan Tafur le trasmitiera la orden del gobernador Pedro de los Ríos, nos la cuenta el historiador José Antonio del Busto:


"El trujillano no se dejó ganar por la pasión y, desenvainando su espada, avanzó con ella desnuda hasta sus hombres. Se detuvo frente a ellos, los miró a todos y evitándose una arenga larga se limitó a decir, al tiempo que, según posteriores testimonios, trazaba con el arma una raya sobre la arena: Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere.
Un silencio de muerte rubricó las palabras del héroe, pero pasados los primeros instantes de la duda, se sintió crujir la arena húmeda bajo los borceguíes y las alpargatas de los valientes, que en número de trece, pasaron la raya. Pizarro, cuando los vio cruzar la línea, no poco se alegró, dando gracias a Dios por ello, pues había sido servido de ponelles en corazón la quedada. Sus nombres han quedado en la Historia".
José Antonio del Busto
Pizarro y los Trece de la Fama esperaron refuerzos cinco meses en la isla del Gallo, los cuales llegaron de Panamá enviados por Diego de Almagro y Hernando de Luque, al mando de Bartolomé Ruiz. El navío encontró a Pizarro y los suyos en la Isla de la Gorgona, hambrientos y acosados por los indios. Ese mismo día, Pizarro ordenó zarpar hacia el sur.
Pizarro no fue ni el primero ni el único que intentó la conquista del Perú. Dos años antes, en 1522Pascual de Andagoya intentó la aventura: su expedición terminó en un estrepitoso fracaso. Sin embargo, las noticias de la existencia de "Birú" y de sus enormes riquezas en oro y plata, influyeron sin duda en el ánimo de los asociados y pudieron haber sido decisivas en la toma de decisión para acometer la empresa.
La conquista del Perú

En 1531 llegó a Perú, que vivía una guerra civil por la sucesión del emperador Inca Huayna Cápac, muerto por viruela. Había un enfrentamiento entre sus sucesores, los Sapa Inca Atahualpa y su hermano, Huáscar. Francisco Pizarro fue invitado por el Inca Atahualpa a encontrarse en Cajamarca, por intermedio de un emisario muy allegado a él. El emisario se encontró con los españoles en Cajas y además de llevarle regalos (patos desollados, vasijas en forma de fortaleza, etc.) midió las fuerzas de los españoles y lo invitó a continuar su marcha por el valle del Chancay, cerca del pueblo de Chongoyape hasta Cajamarca para entrevistarse con Atahualpa. Pizarro aceptó y le envió una fina camisa de Holanda y dos copas de vidrio al Inca como regalo. Así, se adentró en territorio Inca con 168 soldados y 37 caballos, se dirigió a Cajamarca, donde tomó prisionero a Atahualpa (16 de noviembre de 1532). Tiempo después, a pesar de haber recibido el rescate más alto de la historia, lo mandó ajusticiar por los delitos de sublevación y por haber ordenado ejecutar a Huáscar, aunque Pizarro se negó a quemar vivo al Inca.
Pizarro mantuvo una estrecha alianza con la nobleza del Cuzco, partidaria de Huáscar, lo que le permitió completar la conquista del Perú. Tras nombrar Inca a un hermano de AtahualpaTúpac Hualpa, marchó al Cuzco, capital del Imperio inca, que ocupó en noviembre de 1533. Su hermano Juan fue nombrado regidor de la ciudad. El conquistador contrajo matrimonio bajo el rito católico con la hija del emperador Inca Huayna CápacQuispe Sisa, bautizada como Inés Huaylas. Con ella tuvo dos hijos: una primera hija que llamó como su padre, Francisca Pizarro Yupanqui y Gonzalo, que murió joven. Francisco Pizarro ordenó la ejecución de Atahualpa, mientras estuvo prisionero. El 18 de enero de 1535, fundó en la costa la Ciudad de los Reyes, pronto conocida como Lima, y Trujillo, con lo que se inició la colonización efectiva de los territorios conquistados. Mientras tanto, su hermano Hernando, que había partido a España para entregar elQuinto del Rey a la corona, regresó portando el título de marqués para su hermano Francisco, y el de adelantado para Almagro, al cual se le habían concedido 200 leguas al sur del territorio atribuido a Pizarro.
Guerra civil entre conquistadores
Almagro, considerando que el Cuzco estaba dentro de su jurisdicción destituyó a Juan Pizarro y lo encarceló junto a su hermano Gonzalo. Francisco acudió desde Lima y firmó un acuerdo con Almagro en Cuzco, tras lo cual Almagropartió para Chile.
A la vuelta de su infructuosa expedición, Almagro trata de ocupar de nuevo el Cuzco, el cual, defendido por su regidor Hernando Pizarro, estaba resistiendo un largo cerco por parte de los incas sublevados al mando de Manco Inca, que había conseguido huir de los españoles.
Mientras tanto Pizarro en Lima sufrió también el cerco de dicha ciudad por parte de Quizu Yupanqui, general y pariente de Manco Inca, quien tras estar a punto de tomar la capital fue muerto en batalla. La victoria de Pizarro en Lima se debió a su estratégica alianza con los señores étnicos enemigos de los Incas. En este caso en particular destacó la alianza con la cacique de Huaylas. Estos acudieron a Lima con cinco mil hombres, quienes pelearon junto a los hispanos en la defensa de Lima frente al cerco y ataque de Quizu Yupanqui.

Tras la llegada de Almagro al Cuzco, Manco Inca levantó el cerco, lo que aprovechó Almagro para encarcelar a Hernando y Gonzalo Pizarro. Tras derrotar al lugarteniente de Pizarro, Alonso de Alvarado, en la Rota de Abanday, llega a un nuevo acuerdo con Pizarro en Mala (1537), por el que Hernando es puesto en libertad.
La paz fue corta y ambos bandos vuelven a enfrentarse en la batalla de las Salinas (1538), cerca de Cuzco. Los almagristas son derrotados y Diego de Almagro procesado, condenado a muerte y ejecutado por Hernando Pizarro, en la Plaza Mayor de Cuzco (8 de julio de 1538).
Tras la muerte de Almagro, Pizarro se dedicó a consolidar la colonia y a fomentar las actividades colonizadoras (envía a su hermano Gonzalo a Quito y a Pedro de Valdivia a Chile)
Sin embargo, los partidarios de Almagro se agruparon en torno a su hijo Almagro el Mozo, los cuales, bajo el mando de Juan de Rada entran en la residencia de Francisco Pizarro en Lima y le dan muerte el 26 de junio de 1541 de una estocada en el cuello.

Después de su regreso del Perú y ya notoriamente enriquecida la familia Pizarro, se erigió en la esquina sureste de la Plaza Mayor de Trujillo y al costado del Ayuntamiento, en la ciudad natal del conquistador Francisco Pizarro, un palacio de estilo plateresco del siglo XVI mandado construir por su hija, Francisca Pizarro Yupanqui. Es el palacio más imponente de esta Plaza.
Este opulento palacio se estructura en cuatro plantas, siendo significativo el escudo de armas de la familia Pizarro que se encuentra en el balcón de la esquina con su contenido iconográfico. En uno de sus lados está Francisco Pizarro y en el otro, su esposa, la princesa Inca Inés Huaylas, su hija Francisca Pizarro Yupanqui y su esposo Hernando Pizarro. Coronan este edificio doce elegantes esculturas que representan alegorías de los vicios y virtudes. Son notables sus chimeneas, ventanas y artísticas rejas de forja.
Estatua ecuestre

La estatua es una obra del escultor estadounidense Charles Cary Rumsey (Buffalo1879 - 1922) y de la misma existen tres copias situadas en las ciudades de Trujillo (España), Lima (Perú) y Buffalo (Estados Unidos).

jueves, 2 de agosto de 2012


¿POR QUÉ NO VER A LA PESQUERÍA COMO VEMOS A LA MINERÍA?

Lo que sucede en Cusco y Cajamarca en defensa de su medioambiente y sus recursos naturales, me hace fijar la vista en lo que sucede en nuestro país con la pesquería, topándome de golpe con una realidad que debe hacernos reflexionar para levantar la cerviz desde hace tiempo inclinada a los intereses de los poderosos industriales pesqueros.
La minería es la actividad extractiva que significa el 30% del PBI de las provincias en nuestro país, pero que al mismo tiempo deja muchos pasivos que el Estado no ha podido resolver a entera satisfacción de las poblaciones en donde se explotan estos recursos mineros (especialmente en el tema ambiental), lo que le obliga a mantener celosa vigilancia sobre los efectos negativos de esta actividad y una confrontación permanente con su sociedad civil, que no claudica en la cerrada defensa de sus recursos naturales y su calidad de vida. Esa actitud enérgica de la población, es la que le ha permitido en momentos actuales mantener en jaque a todo el ejecutivo, el mismo que tiene que hacer el máximo de sus esfuerzos  para garantizar la gobernabilidad del país.
En paralelo a la acción de su sociedad civil, el trabajador minero es relativamente bien pagado con una jubilación acorde a su condición laboral de alto riesgo; y en cuanto al respeto de sus derechos, ha demostrado férrea unidad y una enorme  capacidad de organización que lo demuestra en sus compactas jornadas de lucha en las que han paralizado pueblos enteros.
¿Alguna similitud encontraremos con la actitud de nuestra sociedad civil impasible al abuso que sufre el pescador activo o al drama que vive el pescador jubilado, y ciega teniendo enfrente pestilentes aguas que cubren vergonzosas playas en las zonas donde se instalan las plantas industriales pesqueras?
En contraposición a lo que sucede con la minería, es lamentable nuestra triste realidad pesquera, entendiendo que esta actividad genera millonarias divisas a nuestro país, importancia económica a la que habría que añadir que solo el 1% de la cuota de anchoveta autorizada para ser capturada (estimada en 6 millones de toneladas), tiene un valor aproximado de 100 millones de dólares.  Y es que,  a pesar de las innegables millonarias ganancias que deja esta actividad extractiva,  el empresario pesquero paga menos de 3 dólares por tonelada de anchoveta extraída y tiene todo nuestro mar a su disposición, no tiene ninguna responsabilidad social que le exija el Estado, ni para proteger al pescador, ni para preservar el recurso que explota y por último ni para cuidar el ecosistem! a y el medioambiente. Es por eso que tenemos pescadores jubilados impagos desde hace 36 meses, pescadores activos explotados a quienes se les merma su remuneración adulterando el software de las balanzas en las descargas, la proliferación de la corrupción para dar vida a la pesca negra y depredar el recurso marino existente en sus sagradas 5 millas, la sobrexplotación de algunas especies que las conducen inexorablemente a su extinción como sucedió con  la sardina,  la falta de fiscalización sanitaria y ambiental en la industria pesquera, y la injustificable desatención a numerosas playas contaminadas a lo largo de nuestro litoral.
Contrariamente a lo que sucede en el sector minero, la naturaleza ha enriquecido nuestro mar con recursos renovables que necesitan de la participación del Estado no solo para dictar políticas pesqueras para su preservación, sino también para crear mayores obligaciones a quienes lucran con su explotación y logran millonarias ganancias a cambio de irrisorios pagos por derechos de pesca.
Es además poco o nada el aporte que  recibe el sector del capital privado,  debido al comportamiento sumiso de sucesivos gobiernos a quienes les cuesta convencerse que  estos recursos en un país con altos índices de desnutrición, se convierten en las armas perfectas para proporcionar las proteínas necesarias para combatirla y erradicarla.  Con ese norte, el empresariado pesquero debería aportar más para que el Estado pueda invertir en las infraestructuras físicas que se necesita para el mejor aprovechamiento de sus recursos destinados a la alimentación popular, como la modernización de desembarcaderos, cadenas de frío, etc. Asimismo, se debe pensar seriamente en imponer las regalías pesqueras, puesto que el empresariado pesquero le ha puesto un candado jur&ia! cute;dico al irrisorio derecho de pesca por 10 años, a través de la Primera Disposición Final contenida en su norma hecha a la medida de sus intereses, como es el polémico y funesto Decreto Legislativo 1084.
Si ponemos mayor atención a un pago justo por la extracción del recurso anchoveta, mayormente destinada a la producción industrial de harina y aceite de pescado, podremos además aprovechar mejor el canon pesquero (50% de los derechos de pesca y 50% de impuesto a la renta), que actualmente por la equivocada forma en la que se distribuye y por la pobre recaudación que se obtiene, se atomiza al momento de asignarla a los gobiernos locales y regionales.
Es necesario entonces, fijar la mirada en una de las actividades productivas que más aporta al PBI de nuestro país y al mismo tiempo una de las la que más impacto negativo produce a nuestro medioambiente, para que pescadores que quieren reivindicar para sí un mejor trato social, laboral y remunerativo, junto a su sociedad civil en defensa de los recursos y su medioambiente, establezcan una estratégica alianza siguiendo el valiente ejemplo de esa fuerza combinada del trabajador minero y su sociedad civil cuando actúan en defensa de los recursos que la naturaleza privilegió en su zona, para que así puedan participar directamente de los beneficios económicos que esta actividad genera y exigir al Estado el pleno respeto a su derecho a tener una buena calidad de vida.