jueves, 14 de noviembre de 2013

UN ASTURIANO EN EL DAMERO DE PIZARRO


Desde Lima, Cristina García


En la cuidad de Lima, no  es muy fácil encontrar en Damero de Pizarro a un asturiano, que para ser mas exactos es de Navia. Se llama Daniel Pérez Rodríguez, a quien encuentro por una de las calles céntricas de Lima.

Le pido que me responda unas preguntas para nuestro boletín, pero antes me dice que es mejor responder a tu cuestionario con un plato de fabes en la mesa, me invita a comer donde Justo Martínez Casabella, quien nació en Burela y  propietario del mejor restaurante español en  Lima.

Al llegar me encuentro con mi anfitrión Daniel Pérez Rodríguez, quien enseguida me invita a que tome asiento en su mesa, me dice que no hay sidra, pero esta vez tomaremos un vino de murua, que ha traído Justo desde España hace varios días.

Me cuenta Daniel, que llego ha Lima desde el Brasil “El país mas poderoso del globo”, ahí estuve por un tiempo de tres años.”Yo trabajaba de  propagandista medico”

En 1962 el Brasil atravesaba una política nefasta y es por eso que me plantie venir al Perú, vine a la aventura, no tenia ningún conocido en Lima y en un viaje desde Brasil pasando por Bolivia, llegando al Desaguadero por el Lago Titicaca – El lago mas alto del mundo. Llego a Puno tomo un ómnibus y llegue después de dos días a Lima,  la tres veces coronada ciudad de los virreyes.

¿Como era la Lima del año 62?

La Lima Damero de Pizarro, por aquel entonces era muy familiar, muy acogedora y por eso me anime a quedarme, también influyo el haber conocido a una chica limeña, Ana Arce Nava, de quien me enamore y al poco tiempo me case.  No puedo olvidarme del jirón de la unión que era el paseo obligado de la aristocracia peruana y de todo limeño después de salir del trabajo.

Recuerdo que lo primero que me enseñaron del jirón  de la unión fue el Palace Concert, donde se reunían los intelectuales del siglo XIX,  como Abraham  Valdelomar el autor del cuento iqueño “Caballero Carmelo”, Eguren con sus églogas, Chocano, Cesar Vallejo, Jose Carlos Mariategui y otros que escapan ahora de mi memoria. Si bien el edificio donde se ubicaba el Palais Concert sigue en pie, ya no queda ninguna señal visible del mismo. Sin embargo, en sus interiores se mantiene el mismo decorado de principios de siglo XX.

Eran otras épocas, que ya no volverán, pero las extraño mucho y recuerdo con mucha melancolía, han pasado muchos años y muchas personas a quien yo conocí y ya no están entre nosotros.

¿Sueles reunirte  en Lima con la colonia asturiana?

Tengo que decirte que si, algunas veces y en algunas ocasiones especiales asisto a los actos que se programan en la Casa de Asturias, sobre todo el día ocho de setiembre, en que celebramos el día de la Santina, ahí es cuando nos reencontramos todos los asturianos que vivimos en Lima, la fiesta transcurre tomando sidra y comiendo nuestra rica y deliciosa fabada.

A propósito tengo que contarte que todos los años por el mes de diciembre un grupo de amigos, de los cuales podemos denominar “amigos de la fabada” nos reunimos y degustamos una rica fabada que nos envían desde Oviedo, allí en esa reunión entre risas y chistes nos metemos entre pecho y espalda las fabes de Asturias, nuestros amigos peruanos que asisten a ese almuerzo siempre repiten hasta tres veces.

¿Qué les dirías a los peruanos que están es Asturias?

Yo les diría muchas cosas pero, principalmente que se queden en Asturias porque allí se trabaja y se vive mejor, que vengan solo de vacaciones. Pero que tengan en cuenta que la Lima Metropolitana tiene en la actualidad mas de diez millones de habitantes, y se encuentra con un sistema de transporte muy incomodo, porque es fácil que se pase una hora de camino sentado en el ómnibus. .

Que los peruanos en Asturias disfruten de la comodidad de vivir en una ciudad pequeña como Oviedo, donde se puede ir caminando si se quiere a cualquier parte.

Agradecemos a Daniel Pérez Rodríguez quien ha dejado su tiempo y su trabajo para atendernos y contarnos algunas cosas de nuestra Lima querida.



domingo, 10 de noviembre de 2013

EL PROTOCOLO EN LA ACTUALIDAD


Cuando en octubre de 1981, la Fundación Príncipe de Asturias, se disponía y preparaba la Entrega de los mismos, ninguno de los que empezábamos a trabajar en ella, teníamos conocimientos de Protocolo. Unas semanas antes de la llegada de la familia Real, llego desde Barcelona, Felio Vilarubias, un señor experto en Protocolo, quien  poco a poco nos fue enseñando a  todos, lo que era y para que servía el protocolo. Él fue quien nos enseñó esos secretos bien guardados, que no conocíamos.
Hasta ese entonces el Protocolo solo era utilizado en las solemnes ceremonias a donde acudían las más altas autoridades de la nación. Desde esa época ya en todos los actos importantes y ya se utiliza hasta en las bodas. La gente desde hace tiempo ha  tomado conciencia de este tema y en muchos casos se lleva a rajatabla como indican los textos y manuales de Protocolo.
En muchos casos hay personas que se lo quieren saltárselo, de lo contrario no son más que un montón de normas acartonadas  y polvorientas  que con el tiempo, algunas veces,  causan risa como asombro. En el protocolo sólo creen los que no tienen  en la vida  más que el derecho al protocolo. La gente con sentido común no se rige por el protocolo precisamente porque el protocolo está pensado para aquellas ocasiones en las que el sentido común brilla por su ausencia. No creo que a nadie se le ocurriese comparar el protocolo con la buena educación, porque por lo general  cuando ha de emplearse el protocolo, hay alguien que esta siendo maleducado. Exigen el cumplimiento del protocolo los que ya no creen en nada  y menos aún en el protocolo. Si alguien piensa que el protocolo es universal, está en un grave error: el protocolo del  Ártico exigía, que el forastero que se deslizaba en un iglú, incluso inadvertidamente, debía acostarse con la señora esquimal para no afrentar al marido esquimal, y el  Reino Unido al individuo que mojaba un bollo en el té lo conducían a las torre de Londres. De  ahí que el  “¡ A mojar! De Alfonso XIII exhortando a sus secuaces a mojar las pastas en un tea palace ( hay versión con churro en una chocolatada) alcanzase una merecida fama tanto por la vindicación del moje español como por saltarse a la torera los protocolos.
Casi la mayoría de las disputas protocolarias se producen por tonterías entre las personas que están deseando no solo que se resuelvan los famosos problemas de protocolo, sino que se agraven aún más, para cargarse de razón.
 Puedo contar una anécdota que surgió a una conocida  al recibir hace años a la delegación española del Congreso de la Lengua  en Cartagena de Indias y Medellín, y bien tal vez, por su falta de experiencia en este tipo de actos, o porque era una persona normal, estaba  escandalizada por el problema que había surgido inesperadamente. El entonces Director del Instituto Cervantes, se negaba a subir en el carro que se le había puesta a su disposición, de una marca al parecer ligeramente inferior al que le habían asignado al director de la Real Academia, cuando según él , tenía que ser de rango parejo, si acaso no al revés. Lo normal es que ante un problema de tal calad, protocolo contemplase la posibilidad de mandarlos a hacer puñetas, a los amantes despepitados del protocolo. Luego se supo que uno y otro venían disputándose malamente ciertos campos de su poder, prebendas y honores.
Pero en muchos casos, el problema nunca es del protocolo. Todo el mundo sabe, incluidos los que dicen que las formas son importantes para las instituciones y cuando las cosas van bien y existe un clima de entendimiento y cordialidad, la gente acaba mojando el churro, y no pasa nada. Al contrario se celebra que alguien exima a los demás de ese corsé, porque en algunos caso se puede llevar una corbata muy fea, pero sabiéndolo.  Lo delirante es cuando  alguien ha decidido “creerse” el protocolo, porque entonces si habrá poco que hacer, y todo el mundo dejará de mirar la realidad de los verdaderos problemas para enfrentarse en la lectura del reglamento y poner las cosas y los puestos en orden   


domingo, 27 de octubre de 2013

SOLEDAD, QUÉ BONITO NOMBRE TIENES

 Hay un hombre que no conozco sentado en el sofá de mi salón. Ahora que lo pienso mejor me parece que siempre ha estado allí, aunque yo no me haya dado cuenta hasta hace unos días, cuando llegué del trabajo. Pero no es un fantasma ni nada parecido, sino un hombre mayor, bajito y un poco de pelo entrecano.
Ayer eché un vistazo a los álbumes familiares y vi que salía en las fotografías de todos nuestros cumpleaños. Entonces era un poco más joven y más delgado, y siempre estaba en el mismo sitio, quieto, sin hacer nada. A lo mejor por eso no lo vi antes, porque en casa éramos todos muy ruidosos. He intentado averiguar quién es, o qué quiere, y no hay manera de hacerle hablar.
Hoy, a la hora del almuerzo, pensé que tendría hambre y le llevé un plato de sopa recién hecha. Mientras él se la tomaba en silencio, me puse a pensar en lo sola y en lo triste que me siento yo a veces en este piso tan grande. Quizá esto lo cambie todo. Todavía se me hace un poco raro, pero creo que no me va a importar demasiado que se quede y me haga un poco de compañía.
Cuando te quedas solo, tras cerrar la puerta, o colgar el teléfono, puede ser y es … maravilloso. Lo primero es maravilloso porque hablo del quedarte en soledad, no sentirse solo, que eso es otro (feo) cantar.
Hay un no sé qué en la soledad, en el sentimiento de estar contigo mismo, de ofrecerte lo mejor de ti y ser tú. A mí me encanta estar sola, y con eso no quiero decir que no disfrute con la compañía de aquellos a los que quiero o los que me ofrecen momentos de sus vidas. ¡Me chiflan esos momentos! Y aún así soy muy feliz conmigo misma. Planeo mis momentos de soledad, hago y deshago, cocino, escribo, veo series que me entretienen, me tiro en el sofá, me voy a dar una vuelta, ME DISFRUTO. Es así como lo hago. Directamente pienso en la suerte que tengo de dedicarme unas horas a que la única que importe en ese momento sea yo.
Hay muchas personas que me he encontrado a lo largo de mi vida que no soportan la idea de no estar con gente, de quedarse solas en casa, o de irse al cine una noche. Puedo entender parte de esa necesidad imperiosa de estar con personas, y la entiendo porque cuando te quedas en soledad es inevitable hablarse, pensar, darle vueltas, sentir, soñar… quizá por eso no quieran quedarse consigo mismos… solo un quizás.
También están los estigmas sociales, el “ir al cine solo es triste” o el pasar una tarde en casa sola es “aburrido”. Eso será porque tú lo quieres. Si quieres divertirte, ¿porque no lo haces? Está claro que para según qué diversión, hacen falta más de uno, pero el conocerse a si mismo como para saber cuáles son aquellas cosas que te gusta hacer solo… no tiene precio alguno.
Y aquí viene la parte de trabajo, de sentarse en silencio absoluto y pensar. Son cuestiones de sinceridad y honestidad. Puedes aprovechar y ser coherente con tus necesidades. Hay veces que anteponemos a los demás antes que a nosotros mismos. Que si voy a ayudar a mi madre a hacer recados, que si quedo con un amiga que lo está pasando mal, que si voy un poco antes al trabajo para terminar aquello que no terminé ayer, que si voy un segundito a comprar al supermercado que no tengo cena para esta noche… miles y miles y miles de cosas que damos y ofrecemos a nuestro día a día, que son necesarias y/o bonitas, pero que nos restan energías y reportan poco a nuestro equilibrio mental, no saneamos nuestros cables, no nos damos mimitos, no nos cuidamos ni nos damos caprichos, y señores y señoras. ¿Quién nos cuida mejor que nosotros mismos? ¡O eso deberíamos hacer por lo menos una hora al día.
 Luego ya vamos a momentos más duros, momentos de soledad, de sentimiento, y esa soledad se cura queriéndolo mucho, con mucha fuerza, y queriéndote mucho. La mayoría de nosotros nos hemos sentido solos alguna vez. Solos de pensar que no teníamos a nadie en quien confiar, en quién narices agarrarse en un momento de bajón, o con quién compartir una buena noticia. Puede que hayan sido minutos de soledad o meses … y este sentimiento amigos…  éste es de los que te queman, de los que lo aplastarías contra la pared y lo harías picadillo. No es bueno sentirse así y sobretodo no es recomendable dejarse abandonado en ese estado. Es fácil caer en el victimismo y en la comodidad de estar en continuo punto de atención para los que nos quieren. Para mi eso es ser egoísta y no haberse mirado con detenimiento. No haber descubierto lo precioso de los demás y haber dejado que la apatía y los colores apagados dominasen. ¡Fuera, no queremos eso! Queremos disfrutar de nosotros mismos para poder disfrutar y agradecer lo bonito de tener a nuestras personas preferidas.
Pero para volver a sentirse unido a las personas lo mejor es mirar alrededor, abrir los ojos y sentir a aquellos que tenemos a nuestro lado. Puede que sea uno, dos o 50, pero seguro que tenemos a alguien que nos da siempre la fuerza que quizá nosotros no hemos querido coger, que nos intenta alentar en los momentos complicados, y aquel que siempre está dispuesto a prepararnos un café o a sacarnos de casa a dar una vuelta. Entonces la compañía se vuelve placer y la soledad es para dejarla aparcada. 
Las dos caras de la soledad nos ofrecen aprendizajes y momentos donde nuestro ser crece y nosotros nos volvemos más bonitos, más reales, y más sinceros.

Practiquemos la soledad, la buena porque así nos conocemos, y la no tan buena porque así nos damos cuenta de quienes son los que de verdad importan.

viernes, 25 de octubre de 2013

'COMPETICIÓN ENTRE LAS MAREAS DE PROTESTA Y LAS GAITAS ASTURIANAS'

Los incidentes previos a la entrega de los Premios Príncipe de Asturias

"La entrada de Invitados, premiados y de los Príncipes de Asturias –acompañados por la Reina Sofía- se encontró hoy en Oviedo a varios centenares de personas dispuestos a demostrar sus críticas al sistema, a los recortes y a la Monarquía, y mucho mejor organizadas que en ediciones anteriores. Situados en la plaza de la Escandalera se concentraron integrantes de una quincena de grupos y asociaciones, rodeados de un imponente despliegue policial. Frente a ellos, bajo el Teatro Campoamor, tres bandas de gaitas tocaban sin parar para evitar el sonido de las protestas, con el apoyo ocasional de un helicóptero de la Polícia Nacional. Los premiados se sorprendían del ruido y de recibir aplausos por un lado y abucheos por otro. Algo incomprensibles los abucheos a Muñoz Molina, que estos días ha sido crítico con las políticas cultural y educativa de España. Pero es que había protestas de todo tipo. Desde los miembros de APTA, despedido de la ONCE hace dos años, a las mareas verde (por los recortes en Educación), blanca (por la Sanidad pública), amarilla (de empleados de juzgados), la asociación cultural La Madreña, miembros de la Corriente Sindical de Izquierdas (CSI), dirigentes como el coordinador regional de IU Manuel Orviz –acompañado de varios de sus dirigentes y de la dirigente de esa organización en Castilla La Mancha, Boris Benegas–, etcétera. A ellos se sumaron varios colectivos vinculados al movimiento 15M, “La España real”, los desahuciados por la Caja de Asturias (que hoy está integrada en Liberbank) y otros. La seguridad que rodea a la Monarquía impedía los movimientos, pero de hecho la protesta era pacífica, aunque ruidosa y bien organizada. Contaban con su propio equipo de gaitas y tambores, que trataban de rivalizar con el sonido de las oficiales. La llegada del ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, pasó desapercibida para los manifestantes, porque entro a la carrera y tratando de esconderse una hora antes del inicio del acto, para inmenso regocijo de la tribuna de prensa, situada frente a él, y a quien no pasó desapercibido. No así l responsable de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, quien diplomáticamente entró por la puerta principal. Frente al glamour de empresarios, esposas vestidas de todo tipo, políticos de cualquier rango (Rosa Díaz nada discreta, Álvarez Cascos abucheado al grito de chorizo y el propio presidente del Principado) se instaló el desencanto, el hastío y la necesidad legítima de protesta pacífica. Cuando la televisión comenzó a transmitir la llega de premiados, la pantalla gigante situada bajo la sede de Cajastur sirvió de monitor de lujo para los manifestantes, dirigiendo hacia ella los abucheos. Una demostración pacífica de muchos descontentos que confluyeron frente al riguroso ceremonial. Cuando sonó “tiene la palabra Matías Rodríguez Inciarte (presidente de la Fundación Príncipe y vicepresidente del Banco Santander), ya con las puertas del teatro cerradas y las gaitas en silencio, los abucheos se hicieron ensordeceros al grito de “no, no y no”, y “tu deberías acabar como yo”. Dentro, mientras tanto asonaban ya las palabras comprometidas de Muñoz Molina y Annie Leitbovitz. Contrastes de un día de otoño".

jueves, 24 de octubre de 2013

LAS PIEDRAS GRABADAS DE LOS CANTEROS EN LA CATEDRAL DE OVIEDO

Hace algunos meses, me encontraba con un amigo peruano visitando la Casona de la Universidad de Oviedo, y al salir del claustro me encontré con mi amigo, el periodista  Rafael Sánchez Avello, quien se interesó en lo que hacíamos por allí tan temprano, le comente que le estaba explicando a mi paisano que lo mojones que están a la puertas de la Universidad, con unas cadenas, significaba que la policía en la antigüedad no podía capturar a nadie si se encontraba dentro de ese perímetro.
Rafael Avello, nos explicó que estas piedras de la fachada de la Universidad tienen grabado el nombre del cantero que trabajo aquellas piedras, este mismo caso se da en la Catedral de Oviedo, en que el observador  minucioso descubrirá en los muros de la Catedral mensajes del pasado y lecciones de historia y de fe que no están en los libros. A lo largo de los siglos, sobre los muros de la Catedral de Oviedo es excepcional por lo amplio y lo singular.  En las piedras  del templo, hay grabados nombres, fechas, marcas de cantería  y símbolos, repartidas por la fachada y el pórtico. Los estudiosos han localizado y documentado más de dos mil y aún quedan algunos lugares por examinar, como la sacristía. “Los muros de la Catedral son un gran lienzo”. Todos los grafitis registrados están siendo incorporados a una base de datos, que quedara a disposición del Cabildo.
En la Catedral asturiana abundan las cruces, como es lógico, pero también hay vieiras, ruedas, peces, llaves y hasta el rostro de Jesucristo tallado cuidadosamente por un peregrino en la fachada principal del edificio en el siglo XVIII.
En la basílica ovetense es posible encontrar también símbolos masónicos, como la pentalfa o estrella de cinco puntas, símbolo de armonía y de la fraternidad masónica. Algunas de las inscripciones  diseminadas por el edificio son difíciles de interpretar y e ello están ahora los responsables delestudio
Todo empezó en la Cámara Santa, cuando el Cabildo encomendó “hacer el estudio de los grafitis  de la Cámara Santa, la antesala y las escaleras. El estudio fue ampliado luego al resto del templo.
Según los investigadores se divide las señales halladas en los muros de la basilica ovetense en dos grandes grupos. El primero muy numeroso, es el de las marcas de los canteros, ocultas a la vista en el interior de las escaleras del crucero, de las escaleras posteriores de la torre gótica y de la semitorre ciega. Se las puede comparar con las que aparecen en la Catedral de Burgos, de León y el monasterio de Moneruela  para ver el área de actividad de los gremios de canteros y sus conexiones.
Los grafitis dejados por los canteros en la Cámara Santa son con probabilidades los más antiguos de la Catedral. “Se pueda seguir la traza de los constructores por sus señales en los arcos de la entrada gótica de la Cámara Santa y comprobar que las mismas marcas aparecen muchas veces repetidas en lo alto de la escalera y del crucero sur”.
Otro gran grupo de inscripciones, está formado por la que dejaron los peregrinos, y se concentran en la entrada de las puertas y en la embocadura de las escaleras que conducen hasta la Cámara Santa, así como en la escalera del obispo Palenzuela, de la segunda mitad del siglo , y en la del arquitecto De la Riva, del primer tercio del XVIII “A los pocos años de terminada la escalera santa leemos la firma de un peegrino francés con su fecha: Francois de Toret Lasclalleries 1769”; dentro de la misma Cámara Santa dejó su constancia un tal Basas, y en la antecámara escribe Jacques Pilipe Renar Antoine, cuyo graffiti es anterior”, se cree que sea del siglo XVI.

Se han reunido más de dos mil fotografías que ahora se tienen que clasificar y, en algunos casos, descifrar.   

jueves, 3 de octubre de 2013

III LOS TERTULIANOS Y LA TRATTORIA DI FABIO

En el Bombe, la “Trattoria di Fabio”, existen varias tertulias. Si nos remontamos al origen de la palabra tertulia, es una reunión informal y periódica de gente interesada en un tema o en una rama concreta del arte, la ciencia o la filosofía, para debatir e informarse o compartir ideas y opiniones. También se conversa de amores y desamores  Por lo general, la reunión tiene lugar en café o cafeterías, suelen participar en ellas personas del ámbito intelectual. Es una costumbre de origen español y se mantuvo arraigada hasta mediados del siglo XX en las colonias independizadas del imperio español. A los asistentes se los llama «contertulios» o «tertulianos».
El Bombe “la Trattoria di Fabio”, un café restaurante pequeñito, todo el que lo visita se siente como en familia, no tiene muchas mesas, y está decorado con unas fotos preciosas del Paseo del Bombe, del parque San Francisco, se encuentra en la calle Pérez de la Sala. Su propietario es un italiano, nacido en la Ciudad Luz,  y se llama Fabio. Es de constitución fuerte, es alto y con sus manos grandes, como es él, grande,  el  pelo rizado y muy revuelto, de tanto pensar. Es una excelente y muy noble persona, todo lo que tiene de grandón lo tiene de buena persona. Es el clásico relaciones públicas, que atrae a la clientela por su simpatía. El camarero, Ovidio es  de origen rumano y  muy atento con la clientela; y el chef Luis, es de Portugal, cocina exquisitamente muy bien.  Este pequeño bar se especializa en la cerveza y el vino de todos los siglos, de todos los colores y sabores, sirviéndose también cafés y comidas italianas. 
Desde hace unas semanas Manolo, se queja de un dolor de pie, -que  lo tiene loco-, los tertulianos, después de un cambio de opiniones y hacerle una prueba de tacto en el miembro doliente, en consenso, le dicen que vaya a ver a un fisioterapeuta,  lo acepta, pero, - dice- antes quiero ir a ver al docto, redundando, doctor Florencio, su médico de cabecera de toda la vida, y que conoce muy bien todas sus dolencias crónicas.
A la mañana siguiente, de acuerdo a la cita que le han dado en el Centro Sanitario, se levanta, se acicala y va al ambulatorio para que su médico le diagnostique, sobre el dolor del pie. Su amigo, con mucha paciencia lo examina y le  receta unas obleas, solo para el dolor, que las  tiene que tomar durante  una semana. El galeno le dice que es muy probable que tenga, la gota, -enfermedad producida por una acumulación de cristales de sales de urato (ácido úrico)  en distintas partes del cuerpo, sobre todo en las articulaciones, tejidos blandos riñones. El ataque agudo de gota típico consiste en una artritis que causa intenso dolor y enrojecimiento de inicio nocturno en la articulación del dedo gordo del pie. 
Nuestro tertuliano llega al café y cuenta su aventura con el médico, diciendo que va a seguir el tratamiento los días que le han indicado, además acota aduciendo de que el galeno se ha equivocado con el diagnostico, ya que  – según cuenta- sigue al pie de la letra la dieta que le prescribieron desde hace tiempo.
Pasa la semana y los dolores son aún mayores, los tertulianos le siguen diciendo que vaya a un fisioterapeuta. Pide cita a su médico, para que lo vuelva a ver. El día que le han señalado se dirige al ambulatorio y se enfrenta a su galeno, quien lo vuelve a revisar y al tocarle el pie, este lanza unos terribles quejidos que se escuchan por todo el ambulatorio. Al observar  que el dolor es muy agudo,  le indica que tiene que hacerse unas radiografías, y unos análisis de sangre y orina. Le entrega un tubo de ensayo para que evacue sus orines, Manolo alega que el mismo es muy pequeño, entonces al reclamar  le entrega un vaso de plástico para que orine en el mismo, y después lo evacue al tubo.
Sale de allí y pide la cita para que los radiólogos le saquen la radiografía, a la hora que él quiere. Le señalan su turno para las seis de la tarde, al mismo tiempo que se prepara para los otros análisis.
Él día que lo citan va a sacarse la radiografía a las seis de la tarde, llega un poco antes de la hora, el radiólogo lo llama, le manda sentarse en la camilla, le pide que se descalce y ponga el pie de costado para tomarle la placa. Pero siente unos fuertes dolores de los que se queja con grandes gritos. Una vez realizada esta operación,  le dicen que espere un rato, hasta que le digan que la lámina ha salido bien.
Pero ¡Oh sorpresa!, Manolo alucina, piensa que es una reacción de la misma radiografía, Ve a una señora con el brazo escayolado, que es acompañada por una señora y un hombre vestido de “gaiteiro”. Ellos se dirigen a otra consulta y se pierden por los pasadizos del Ambulatorio.
Sale del ambulatorio con el dolor de pie que es aún más agudo, y piensa llegar a casa rápidamente para meter el miembro adolorido primero en el bidet y luego en la ducha con agua muy fría, consiguiendo al poco rato que el malestar sea menor. Sale a la calle y enseguida se le viene a la memoria  la figura de  un amigo de otros tiempos, que lo  llama por teléfono, todas las tardes, bajo la modalidad de llamada oculta, para fastidiarlo. Le extraña porque desde hace días el móvil permaneces mudo.
Como todos los días toma una pastilla para dormir, Manolo no deja de mostrar su preocupación de quedarse dormido, -confiesa que no sabe programar el reloj despertador-  le pide a su hija Yolanda, que lo llame a las siete y media de la mañana para llegar a tiempo al ambulatorio y hacerse los análisis que le han programado  de  sangre y orina.
Al sonar el teléfono, a esas horas tan intempestivas, se despierta sobresaltado, se lava y se dirige al garaje a buscar su coche, - un Mercedes, automático, modelo CL.  Para no perder tiempo y llegar a las ocho de la mañana, al Centro de Salud,  aparca encima de la acera, entrega su tubo de ensayo con la micción, y se dirige a otro consultorio para que le extraigan la sangre.
Se le acerca una joven y guapa enfermera, provista de cuatro “grandes” tubos para sacar el líquido rojo. Al ver esa maniobra  preliminar, piensa que le van a hacer una gran sangradura.
Sentado en una mesa con el brazo derecho, y la camisa remangada, está preparado para que lo pinchen, pero se encuentra muy nervioso, - la enfermera trata de tranquilizarlo – él le dice que es muy guapa, y hasta la invita a cenar un día de estos- mientras le está diciendo todas estas bonitas palabras, aprovecha de introducirle la aguja en la vena y la sangre sale a borbotones, que llenan los tubos en menos de un segundo.
Pero Manolo se sorprende porque nota una cosa extraña, de que en esos cuatro tubos que contienen el precioso líquido no es azulino. Dirigiéndose a la sanitaria, le dice que en la operación ha hecho algo mal. Ella, asombrada le pregunta por qué le hace esa observación. Se levanta solemnemente, y con voz profunda,  le manifiesta que él es noble y tiene sangre azul. La enfermera muy extrañada, cambia de cara, se pone seria e incrédula. Pero se da cuenta que le está gastando una broma, y celebra la ocurrencia. Terminada esta operación se arregla la camisa, le vuelve a repetir los piropos e invitaciones, que le dijo al llegar, se despide cortésmente, saca su coche de encima de la acera y vuelve  a su casa para meterse nuevamente en la cama y seguir durmiendo.
En la calle hay mucho  bullicio, el rápido caminar de la gente que van a sus oficinas, otras que pasan al mercado o llevando a los niños al colegio. Algunas beatas se encaminan a la iglesia para la misa de las 12.30.  Manolo, antes de levantarse llama a su hija quejándose de que sigue con el pie muy adolorido. Se da una ducha fría, prepara su desayuno como de costumbre. Para no aburrirse busca algo que hacer, dedicándose a limpiar y dar lustre a sus muebles antiguos y a la platería heredados de sus padres. Pasa la vista por los retratos que cuelgan en las paredes, observa que los libros estén bien alineados en sus estanterías, su escritorio milimétricamente ordenado, con sus cuadernos de notas  alineados, lápices y lapiceros, calculadora, informes viejos, computadora encendida y el aparato de televisión siempre puesto ¿Cómo no va a sentir nostalgia de todo esto?.
Al poco rato después de hacer estas faenas de casa, le sucede otro acontecimiento importante. Debido al polvo se le han infectado sus ojos, se mira en el espejo y se asusta de lo irritado que está. Llama nuevamente a su hija, quien acude a casa rápidamente y al verlo así lo lleva con toda prisa al médico. Al llegar a la consulta, como no hay nadie en la sala de espera pasa de inmediato. El galeno de guardia le diagnostica una conjuntivitis vírica y le explica que en esta ciudad hay una toxina que está afectando a muchas personas.
Con toda la atención y cariño que se merece una persona de la nobleza ovetense, el médico le recta un colirio, que al salir del ambulatorio compra rápidamente. “parece una plañidera de la casa de Bernarda Alba”. Raudo y veloz se va a casa, hace una profilaxis de todas las cosas que utiliza diariamente, se echa el colirio, para refrescar sus ojos y sale a dar su ronda rutinaria. En la esquina se encuentra con el ciego que vende la lotería, lo saluda y sigue su camino expedito, para encontrarse con los tertulianos.
Aquella tarde-noche después de conversar largamente con sus amigos, se despide, sin antes anunciarles que al día siguiente volverá al consultorio para que le digan si ha pasado el control médico, y le indiquen sobre la dolencia del pie. Aunque ha tomado su pastilla de “Lormetazapan”, esa noche no duerme pensando en lo que le dirá su médico.
Cuando emprendimos el viaje, el paisaje se veía de retroceso, todas las cosas venían de pronto de reversa, el cielo pintaban nubestas que parecían figuras que nos daban la despedida. La mañana aún era gris, tenía pegada a un a las horas pedacitos de Rocío que al contacto con los tímidos rayos del sol morían atravesados por la luz, el viaje parecían no tener retorno emprendíamos la búsqueda de un nuevo mundo.
El paisaje de olas espumosas que olían a tierra salada, de pronto se empezaba a perder en la distancia, el mundo comenzaba a tener entonces otro nombre, ya el patio enorme, con matas que bailaban todas las tardes con la brisa, y le coqueteaban a la orilla del río sus arrogancias ya sólo quedaban en mis recuerdos. Se hizo de pronto de cemento y asfalto la polvorienta callecita que se pintaba a cada rato de colores delirantes para que decidiéramos seguir pasando por ella como de enamoramiento.
- Señora: dijo de pronto una voz grave que parecía salir de un enorme caracol enrollado - no creo que el niño pueda alguna vez caminar.
La campesinita de ojos color café se le comenzó a derramar a borbotones granos marrón oscuro que parecían de una cosecha triste.
En el hospital del seguro social de Llanes, la tarde parecía de horas que no se terminaba, se pegaba a la piel de los que caminaban por los interminables pasillos. De repente, el silencio se pierde entre un sonido metálico de una de las puertas sin alma que se abre como impulsada por el viento, surge un vestido blanco largo como una vela, venía dentro una figura aún más larga, que parecía llamar las sombras, con una voz de silbido blanco que acariciara los nombres que pronunciaba.
- Señora Isabel, pase por aquí doña ya la atiende el pediatra, vamos a tomar los datos del niño. La luz de la luna brilló esa noche, redonda, de un azul de vidrio, que como por arte de magia volvía blanco todo lo que tocaba, como a las ocho de la noche se cerró la puerta del salón lleno de camas pero seguían los pasos ardiendo en el pasillo, de un extremo a otro. De vez en cuando se detenían y no sonaba más, morían tras una puerta, así era para todas las noches.
Una de las últimas noches que tuviste es en ese hospital después de cerrada la puerta como a las dos horas, el pasillo se hizo largo para unos pasos que no acababan de llegar, sonaban serenos, a pausa breve, limpios y secos; no servían como los de las anteriores noches, era capaz de hacer música. No era ahora de ronda del médico pero entró uno de mediana estatura; no vestía de blanco como todos, un sombrerito negro que la luz absorbía lo hacía más limpio, de faz sencilla, inspiraba confianza, un traje liso negro, que hizo juego con la luz nocturna de la luna, era delegado de bella estatura móvil de pureza; tenía a su alrededor su propia luz que se fragmentaba en pequeños cristales que volaban hacia la ventana, hacia tu cuerpo, hacia los caballitos de mar que adornaban tu cunita. Atravesó la distancia de la puerta a la cuna sin preocupación, ni siquiera se percató de que estaba acurrucadita en un rincón de la habitación en el suelo, se detuvo muy cerca de ti aún con las manos cruzadas en espalda, inclinó su torso para verte mejor; fue espléndido ver tu cuerpecito desde la luz que manaba el señor; acercó una mano pálida de dedos delegados casi transparentes, la pasó desde tu cadera hasta la punta del pie, se detuvo el tiempo, no respiraba ni el aire sólo pudo cantar la luz.
Ya cuando pasaban más de las doce del día, el sol estaba bien alto, casi al punto de derretir todo lo que tocaba, hacía ya bastante tiempo que el paisaje conocido había dejado de existir seguir siendo de retrocesos la visualización de todo pero el paisaje ahora era totalmente nuevo. La antigua camioneta seguía rodando con su quejido de motor, que parecía despertar a su paso hasta la brisa.
De pronto se detuvo en una calle larga triste donde habían unos árboles muertos desde, que se erigían como grandes lanzas queriendo agujerear el cielo, el lugar era pálido, las casas se despegaban como naciendo de entre el barro que se apostaba a las márgenes de la calle sin vida. Habíamos llegados a lo que iba hacer nuestro nuevo lugar para vivir. Comenzaba ahora otra historia.
A las trece horas llega al centro sanitario, el doctor Florencio lo recibe cariñosamente, le extiende la mano, le ofrece que se siente en una silla vacía, que tenía enfrente. El galeno, con toda tranquilidad busca la historia clínica, después de revisarla cuidadosamente le dice que se encuentra muy bien de todo, que siga así. El paciente incrédulo le vuelve a preguntar con insistencia, si no tiene nada grave. El galeno le vuelve a repetir que no tiene ni colesterol, ni triglicéridos, ni la orina, ni la próstata, ni nada de nada.
Entonces, es cuando Manolo le cuenta que el día anterior descubrió que su sangre no es azul, sino roja. Le explica que desde muchos siglos atrás sus antepasados fueron nobles. Ostentando la condición o el título de nobleza, que constituyó desde antiguo una alta dignidad, tanto como luego un concepto «socio-grupal».
La nobleza tiene su origen, como fuente y solar de donde dimanó, en el Principado de Asturias. Una provincia de la que en el  siglo XVIII constaba de cincuenta y tres Concejos o Jurisdicciones que correspondían a la Real Corona, o también reconocido como Mayorazgo del Príncipe, tenía a la par diferentes Cotos o Jurisdicciones particulares, lugares de vasallaje, y más.
No obstante, la pertenencia a la Nobleza es todavía hoy valorada como una distinción social para algunas personas, pese a tener un significado legal meramente simbólico.
Es ahora cuando al ver que mi sangre es roja, me preocupo más, porque pienso que  me pueden venir todas las enfermedades del mundo, y si esto ocurriera sería verdaderamente muy grave.
Florencio su médico y amigo le celebra su ocurrencia y le enseña el historial repitiéndole, que no hay nada que recetar, que se encuentra muy bien. Al salir de la consulta, como por arte de encanto todas sus dolencias incluida la del pie han desaparecido. Ahora Manolo está muy mejorado, gracias a los consejos de su hija, de Florencio y de los tertuli

domingo, 15 de septiembre de 2013

II AVENTURAS Y DESVENTURAS DE NUESTRO AMIGO MANOLO

                                                                                   “Que terrible será cuando yo me
                                                vaya a morir sin haber vivido”

Este Oviedin que casi siempre tiene un cielo color panza de burro, aparenta ser  una ciudad triste, y “cuando el sol logra desgarrarse de las nubes y posarse sobre el mojado asfalto, toda la ciudad se esponja y se empapa de sol…”.
Pilares – como la bautizó el ovetense Pérez de Ayala, es una ciudad abúlica, donde residen muchos jubilados – de todas las edades, de todas las razas y de todos los colores-. Nuestro amigo Manolo, no puede ser una excepción, en esta ciudad azul a las faldas del Naranco. Vive solo en su casa, desde hace poco tiempo está  jubilado, y siguiendo los mandamientos del buen retirado, vive de sus rentas, y es por eso que  no tiene apuro de nada. Suele levantar todos los días a las doce y treinta y cinco de la mañana –hora exacta que es 13 la suma de los dígitos- porque para él todo tiene que  cumplirse estrictamente según  el  horario que tiene programado para todos los días.
Es el mayor de dos hermanos y pertenece a una buena familia ovetense, nació muy cerca del hospital psiquiátrico, allá por las calle de Bermúdez de Castro, llamado a su vez campo de los Reyes,  por sus calles y huertas se crio jugando con otros chicos. Aprendió a jugar al futbol  en la calle con otros muchachos de su barrio, y otras veces haciendo diabluras como todos los chicos de aquella época. De vez en cuando iban en tropel al hospital psiquiátrico, que estaba muy cerca de donde vivía, para visitar a los internos mansos, celebrando muchas veces con algarabía, las palabras incoherentes que solían decir aquellos hombres enfermos.
Como todo buen ejecutivo tiene un secretario, que comparte con su hermano José, quien le resuelve todas sus inquietudes y problemas, le acompaña a comprar sus medicinas, a ver los neumáticos nuevos para su carro; estando a  su  servicio las veinticuatro horas del día. En otras muchas ocasiones, las funciones se invierten, actuando como secretario del secretario.
Después de levantarse, tomar el desayuno, sale de su casa, observando antes que sus pantalones impecables estén con su raya bien recta y sus zapatos brillantes. Después de pasar revista a su indumentaria, sin apuro,   se dirige hasta el pequeño café “Yoraco, ubicado en  los bajos del Edificio Sedes, en la calle Yela Utrilla, antes de que lleguen los tertulianos mañaneros lee el periódico, para luego incorporarse a la mini  tertulia,  que dura aproximadamente una hora, al cumplirse este tiempo, -exactamente, porque le han enseñado desde pequeño que la puntualidad, es sinónimo de buena educación-, se levanta solemnemente de su asiento, se dirige a la barra y paga su consumición. ¡Cosa importante¡ no se deja invitar por nadie, y si esto sucediera arma un lio que mete miedo.
Por las tardes, después de la comida – que le ha enviado su hija Yolanda – su ojo derecho- en unos tapers para toda la semana – descansa un rato y luego sale a caminar, -de cuatro a seis por el centro de Oviedo- en estos largos paseos observa los establecimientos, que han cerrado, o que están por cambiar el giro de sus ventas; se encuentra con muchos amigos a los que saluda cortésmente, y en muchas ocasiones  no deja de echar una parrafada, y si tiene tiempo toma un café.
El centro está lleno de gente, bocinas, calor, mucho calor del verano, altoparlantes, autos y ruidosos niños que juegan en la calle. Cruza por el Campo de San Francisco con sus frondosos y milenarios árboles. En una acera un violinista ucraniano, interpreta una pieza, y los viandantes, que van apurados a sus quehaceres lo miran de soslayo, y alguno le echa una moneda al suelo, para ayudarlo. Un poco más adelante en la acera de enfrente,  un acordeonista toca  “La Comparsita”, los paseantes pasan sin hacerle mucho caso, no se inmuta y sigue con su trabajo, aporreando las teclas de su viejo instrumento musical. Un poco más allá, se encuentra con unos mimos  vestidos de novios, que cuando los apresurados paseantes, les dan una moneda cambian de posición, como agradeciendo el dinero, después de observarlos con mucha curiosidad, prosigue su paseo y llega hasta el café Buena Ventura, aprovecha de que es temprano, para lustrase los zapatos y tomase una cerveza. El “lustra” realiza su cometido rápidamente y con mucha destreza, Manolo observa que brillen bien, le paga y le deja  una propina. Como es la hora  programada, para  regresar a casa, abandona el local. Pasa por delante de la Caja de Ahorros, en la Plaza de la Escandalera, es en ese  momento que el reloj, con los acordes del “Asturias Patria Querida”  marca las seis de la tarde. Apura el paso,  cortando camino por el Campo de San Francisco, para llegar antes de media hora. 
Al llegar a su piso, descansa un poco, y después, se prepara para salir a compartir, su tertulia de la tarde. El camarero al verlo llegar, le sirve una cerveza, con un platito de jamón y tortilla; ¡oh, lála¡ Al rato pide una copa de vino, aunque no está acostumbrado a tomar alcohol. Son las diez de la noche, hora en que normalmente  todos los tertulianos se van despidiendo, para ir de vuelta a casa. Mira su moderno reloj y se levanta solemnemente, se despide y regresa a casa. Al pasar por los otros cafés de la zona no deja de saludar ceremoniosamente y con afecto a los amigos. Había sido muy buen mozo de joven, un seductor que todavía hace suspirar a solteras y casadas.  
Al llegar a su piso, descansa un poco enciende la televisión, se acomoda en su sillón de Voltaire y después de ver las últimas noticias, hace zapping y comienza a ver una película muy bonita cuya banda original es “La sinfonía del nuevo mundo” de Beethoven, que lo emociona y le hace que le saltan las lágrimas.   
En el Bombe, la “Trattoria di Fabio”, existen varias tertulias, si nos remontamos al origen de la palabra tertulia, es una reunión informal y periódica de gente interesada en un tema o en una rama concreta del arte, la ciencia o la filosofía, para debatir e informarse o compartir ideas y opiniones. También se conversa de amores y desamores  Por lo general, la reunión tiene lugar en café o cafeterías, suelen participar en ellas personas del ámbito intelectual. Es una costumbre de origen español y se mantuvo arraigada hasta mediados del siglo XX en las colonias independizadas del imperio español. A los asistentes se los llama «contertulios» o «tertulianos».
El Bombe “la Trattoria di Fabio”, un café restaurante pequeñito, no tiene muchas mesas, y está decorado con unas fotos preciosas del Paseo del Bombe, del parque San Francisco, se encuentra en la calle Pérez de la Sala. Su propietario es un italiano, nacido en la Ciudad Luz,  y se llama Fabio. Es de constitución fuerte, es alto y con sus manos grandes, como es él, grande,  el  pelo rizado y muy revuelto, de tanto pensar. Es una excelente y muy noble persona, todo lo que tiene de grandón lo tiene de buena persona. Es el clásico relaciones públicas, que atrae a la clientela por su simpatía. El camarero, Ovidio es  de origen rumano y  muy atento con la clientela; y Luis el chef,  es de Portugal,  y cocina exquisitamente muy bien. En este pequeño bar cuya especialidad es la cerveza y el vino de todos los siglos, de todos los colores y sabores, también se sirven cafés y comidas italianas.  
Desde hace unas semanas Manolo, se queja de un dolor de pie, -que  lo tiene loco-, los tertulianos, después de un cambio de opiniones y hacerle un prueba de tacto en el pie doliente, en consenso, le dicen que vaya a ver a un fisioterapeuta,  lo acepta, pero, - dice- antes quiero ir a ver al docto, redundando, doctor Florencio, su médico de cabecera de toda la vida, y que conoce muy bien todas sus dolencias crónicas.
A las diez de la noche –hora exacta, es cuando se retira a su casa, cena una cosita ligera, que le ha preparado su hija, después ve un rato algún programa de corte político en la televisión,  toma  su pastillita, que le receto su galeno, y duerme toda la noche como un niño.
A la mañana siguiente, de acuerdo a la cita que le han dado en el ambulatorio, se levanta a su hora prevista, se acicala y va al ambulatorio para que su médico le diagnostique, sobre el dolor del pie. Su amigo lo examina y le  receta unas obleas, solo para el dolor, que tiene que tomar durante  una semana. Le dice que es muy probable que tenga, la gota, -enfermedad producida por una acumulación de cristales de sales de urato (ácido úrico)  en distintas partes del cuerpo, sobre todo en las articulaciones, tejidos blandos riñones. El ataque agudo de gota típico consiste en una artritis que causa intenso dolor y enrojecimiento de inicio nocturno en la articulación del dedo gordo del pie. La gota es uno de los tipos de artritis por microcristales.
Nuestro compañero de tertulia llega al café y cuenta su aventura con el médico, diciendo que va a seguir el tratamiento los días que le han indicado, además acota aduciendo de que el galeno se ha equivocado con el diagnostico, ya que  – según cuenta- sigue al pie de la letra la dieta que le prescribieron desde hace tiempo.
Pasan dos semanas y los dolores son aún mayores, los tertulianos le siguen diciendo que vaya a un fisioterapeuta, pero el vuelve a pedir cita a su médico, para que lo vuelva a ver. El día señalado para la cita, se dirige al ambulatorio y se enfrenta a su galeno, quien lo vuelve a revisar y al tocarle el pie, este lanza unos terribles quejidos que se escuchan por todo el ambulatorio. Al observar  que efectivamente el dolor es muy agudo,  le indica que tiene que hacerse unas radiografías, y unos análisis de orina y de sangre. Le entrega un tubo de ensayo para que evacue sus orines, Manolo alega que el mismo es muy pequeño, entonces le dan un vaso de plástico para que orine en el mismo y después lo pase al tubo. Sale de allí y pide la cita para que los radiólogos le saquen la radiografía, a la hora que él quiere. Se señalan su turno para las seis de la tarde, al mismo tiempo que se prepara para los otros análisis.
Él día que lo citan va a sacarse la radiografía a las seis de la tarde llega un poco antes de la hora y enseguida el radiólogo lo llama, quien le manda sentarse en la camilla sienta en una camilla y que se descalce y ponga el pie torcido para tomarle la placa. Pero siente unos fuertes dolores de los que se queja con grandes gritos. Una vez realizada esta operación le dicen que espere un rato en la sala de espera, hasta que le digan que la lámina ha salido bien.
Pero ¡Oh sorpresa!, parece que Manolo alucina, piensa que es una reacción de la misma radiografía, Ve a una señora con el brazo escayolado, que es acompañada por una señora y un hombre vestido de “gaiteiro”. Ellos se dirigen a otra consulta y se pierden por los pasadizos del Ambulatorio.
Sale del ambulatorio con el dolor de pie es aún más agudo y piensa llegar a casa rápidamente para meter el miembro adolorido primero en el bidet y luego en la ducha con agua muy fría, al poco rato consigue que el malestar se le pase un poco, sale a la calle y enseguida se le viene a la memoria  la figura de  un amigo de otros tiempos, que lo  llama por teléfono, todas las tardes, bajo la modalidad de llamada oculta, para fastidiarlo. Pero desde hace días el móvil permaneces mudo.
Como toma una pastilla para dormir Manolo muestra su preocupación de quedarse dormido, -confiesa que no sabe programar el reloj despertador-  le ha pedido a su hija Yolanda – que es la pupila de sus ojos- que lo llame a las siete y media de la mañana para llegar a tiempo al ambulatorio y hacerse los análisis de  sangre y orina.
Al sonar el teléfono, se despierta, se lava y se dirige al garaje a buscar su coche, - un Mercedes último modelo, que cuida más que a una mejer, que solo utiliza cuando tiene que trasladarse lejos  -  para no perder tiempo y llegar a las ocho de la mañana, al Centro de Salud,  aparca encima de la acera, entrega su tubo de ensayo con la micción, y se dirige a otro consultorio para que le extraigan la sangre.
Se acerca una enfermera joven, -y muy guapa- provista de cuatro “grandes” tubos para sacar el líquido rojo. Al ver toda esa maniobra  preliminar, piensa que le van a hacer una gran sangradura.
Sentado en una mesa con el brazo derecho, y la camisa remangada, está preparado para que lo pinchen, pero se encuentra muy nervioso, - la enfermera trata de tranquilizarlo – él le dice que es muy guapa, y hasta la invita a cenar un día de estos- mientras le está diciendo todas estas bonitas palabras, aprovecha de introducirle la aguja en la vena y la sangre sale a borbotones, que llenan los tubos en menos de un segundo.
Pero Manolo se sorprende porque nota una cosa extraña, de que en esos cuatro tubos que contienen el precioso líquido no es azulino. Se dirige  a la sanitaria, y le dice que en la operación ha hecho algo mal, ella, asombrada  le responde de por qué le hace esa observación. Se levanta solemnemente, y con voz profunda,  le manifiesta que él es noble y tiene sangre azul. La enfermera extrañada, cambia de cara, se pone seria e incrédula. Pero se da cuenta que ha sino una broma, y celebra la ocurrencia. Terminada esta operación se arregla la camisa, le vuelve a repetir los piropos e invitaciones, que le dijo al llegar, se despide cortésmente, saca su coche de encima de la acera y vuelve  a su casa para meterse nuevamente en la cama y seguir durmiendo.
En la calle hay mucho  bullicio, el rápido caminar de la gente que van a sus oficinas, otras que pasan al mercado o llevando a los niños al colegio. Algunas beatas se encaminan a la iglesia para la misa de las 12.30.  Manolo, antes de levantarse llama a su hija quejándose de que sigue con el pie muy adolorido. Se levanta, se da una ducha fría, prepara su desayuno de costumbre. Busca algo que hacer, para no aburrirse y se dedica a limpiar y dar lustre a sus muebles antiguos y a la platería heredados de sus padres, pasa la vista por los retratos que cuelgan en las paredes, observa que los libros estén bien alineados en sus estanterías, su escritorio milimétricamente ordenado, con sus cuadernos de notas  alineados, lápices y lapiceros, calculadora, informes viejos, computadora encendida y el aparato de televisión siempre puesto ¿Cómo no va a sentir nostalgia de todo esto?.
Al poco rato después de hacer estas faenas de casa, le sucede otro acontecimiento importante,  debido al polvo se le han infectado sus ojos, se mira en el espejo y se asusta de lo irritado que está, llama nuevamente a su hija, quien acude a casa rápidamente y al verlo así lo lleva con toda prisa al médico. Al llegar a la consulta, pasa de inmediato porque no hay nadie en la sala de espera. El galeno de guardia le diagnostica una conjuntivitis vírica y le explica que en esta ciudad hay una toxina que está afectando a muchas personas. Con toda la atención y cariño que se merece una persona de la nobleza ovetense, el médico le recta un colirio, que compra rápidamente al salir del ambulatorio “parece una plañidera de la casa de Bernarda Alba”. Raudo y veloz se va a casa, hace una profilaxis de todas las cosas que utiliza diariamente, se echa el colirio, para refrescar sus ojos y sale a dar su ronda rutinaria. En la esquina se encuentra con el ciego que vende la lotería, lo saluda y sigue su camino expedito, para encontrarse con los tertulianos.
Aquella tarde-noche después de conversar largamente con sus amigos, se despide, sin antes anunciarles que al día siguiente volverá al consultorio para que le digan si ha pasado el control médico, y le indiquen sobre la dolencia del pie. Aunque ha tomado su pastilla de Lormetazapan, esa noche no duerme pensando en lo que le dirá su médico.
A las trece horas llega al centro sanitario, el doctor Florencio lo recibe cariñosamente, le extiende la mano, le ofrece que se siente en una silla vacía, que tenía enfrente. El galeno, busca la historia clínica con toda tranquilidad, después de revisarla cuidadosamente le dice que se encuentra muy bien de todo, que siga así. El paciente incrédulo le vuelve a preguntar con insistencia, si no tiene nada grave. El galeno le vuelve a repetir: ni colesterol, ni los triglicéridos, ni la orina, ni la próstata, ni nada de nada. Es entonces cuando Manolo le cuenta que como el día anterior descubrió que su sangre no es azul, sino roja, es ahora cuando pienso que  me pueden venir todas las enfermedades del mundo.

Florencio su médico y amigo le celebra su ocurrencia y le enseña el historial repitiéndole que no hay nada que recetar, que se encuentra muy bien. Al salir de la consulta, como por arte de encanto todas las dolencias incluida la del pie han desaparecido. Ahora Manolo está muy mejorado, gracias a los consejos de su hija, de Florencio y de los tertulianos y ha vuelto a revivir todas sus actividades rutinarias de todos los días.