lunes, 3 de marzo de 2014

ANDANDO POR LURIGANCHO


Cuerpo encorvado para no mirar ni ser mirado, ello se justifica además de la carga moral por la garra alrededor del cuello, y las marrocas al final de las extremidades que cogen con dificultad el nuevo patrimonio que quepa en una bolsita plástica; zapatillas sin pasadores para no hacer(se) daño, igual suerte con las correas, olor a choro (después se convertirá en olor canero que todo lo invade, ropa canera, comida canera, trago canero, pensamiento canero, habla canera, etc), prescindiendo de dónde vienes nos dirigimos a la carceleta mayor la de: Palacio de Justicia, ubicada en en las profundidades de aquel edificio fastuoso que tiene en su frontis, dos leones en mármol y una apariencia versallesca, en esa misma edificación, su parte trasera es simple y básica: por ahí entramos a un sótano que tiene naturaleza transitoria y es el paso previo a algún penal de la ciudad, en teoría se ponderan criterios de clasificación, primerizo/ranqueado, joven/adulto, delito común/tipo calificado.
Llegar hasta ahí, para un primerizo y/o inocente (esta palabra comenzará a escasear a futuro), importa aceptar el uso estandarizado de una jerga que grafica nítidamente este estadio: perder. Se lo dicen asimismo (¡ya perdí!), se lo dicen la policía, en tanto primer operador que enfrentan (¡ya perdiste¡); los detenidos han visto como la policía maniobró el atestado la primera impresión del sistema es otro agresor que puede empapelar a discreción, si acaso queda duda, la segunda grada de este circuito canero la experimenta la familia, quien en las afueras del juzgado de turno permanente soporta otro choque con la corrupción existente, que el mismo lugar publicite una advertencia contra malas prácticas abogadiles no es gratuito, pues la familia es abordada por todo tipo de personas que declaran conocer/estar emparentados/tener una pierna en aquel estadio que asegura la libertad, si eres primerizo y por lo demás ajeno a la movida legal existe posibilidad que también la familia sea cándida, y por tanto candidatas a convertirse en sujetos pasivos de estafa; en contrario, la familia de los no primerizos, lo último que hacen es apenarse, ellas tan solo ejecutan un plan de contingencia pre-establecido, para ellos, este será su momento de invertir, de devolver las gracias que le fueron dadas cuando el ahora interno estuvo libre, ellos no lloran, sino saludan y hasta festejan, envían recados, anuncian visitas, gastan bromas, etc; por ello, cuando en dicha carceleta circula la versión y los precios de las cárceles para un primerizo por delito común, no dudan en pagar, aun cuando en la mayoría de los casos no sea sino el tinkeo de funcionarios corruptos, qué más da, si como se dijo, es tiempo de perder, a estas alturas ya cambiaron de abogado más de una vez, ya invirtieron en coimas, ya se movilizó la familia para espectar estos días lúgubres, y empiezan a enterarse de historias y mitos de los costos de celda, costos de catre, de seguridad, de lo que demanda los gastos al interior de un penal, donde todo será egreso.
Adentro, ya te han volteado (ya tienen un perfil de tu persona), todos conocen el delito que te imputan, si es libertad sexual (ñato, violín, cangrejo, minero, carrito, mostrador), debes ser aislado, pues serás víctima de todo tipo de agresión, incluso el penal te espera pabellón especial (en limpieza y orden mejor que el de los comunes), pues en la ética canera ello no se perdona.
En carceleta la vida circula lentamente, el objetivo ahora es sobrevivir, desde ahora todas las facultades están en actividad y alertas, más audaces más agudos, y para ello hay que interpretar los nuevos códigos, las personas pretenden agruparse/empatarse, se generan espontaneas alianzas, el objetivo es ser recomendados para estar "bien y tranquilos"; no importa la hora en que llegues, te iras las 5.00 pm, nuevamente enmarrocado y amarrado junto a otros reclusos en fila india, subes a un carro del INPE algo ocurre, cierras una etapa, marcas el fin de algo.
En mi caso particular fui llevado a Lurigancho yo sabía este hecho y lo acepté, no intenté ser cambiado, las otras opciones reales eran Huaral y Cañete.
En Lurigancho, tu primer contacto es el Tópico, donde eres rapado (corte de pelo forzoso), el ataque a la dignidad no es gratuito, importa un claro mensaje de sometimiento, el siguiente estadio es el lugar conocido como "La Lata" espacio común donde se aglutinan todos los que ingresaran al penal, y dada la hora lo único que queda es dormir, en mi día fueron como 100 personas, sin divisiones y/o muebles, a un costado el espacio lateral fungía de baño para expulsar secreciones –a la vista de los demás-, fácil imaginar lo intenso del olor, lo hediondo, solo queda engañarte que duermes; aquel reducido espacio esta colmado de fealdad cuando recuerdo ese episodio, pienso en un letrero inexistente: "Por mí se llega a la ciudad del llanto; Por mí a los reinos de la eterna pena (…) Renunciad para siempre a la esperanza". Me espanta imaginar que este acto se repite cotidianamente.

En mi caso particular fui clasificado al pabellón 12-A SJM, ahí nos recibieron unos muchachos conocidos del barrio, estos habían asumidos delegaturas (internos designados como autoridad encargados de mantener un orden en el pabellón), nos hablan sobre la jerarquía, reglas y la disciplina en dicho lugar.
El costo de acceso fue de S/. 300, otros tanto para la Limpieza, adicionalmente S/. 3.00 nuevos soles semanales por concepto de comida, esto se llama paila, y siempre es llamada en términos femeninos; en razón que tiene el formato de olla común, y es realizada por los propios internos, este trabajo es considerado un privilegio debido al acceso directo a la comida, entendiéndose un desayuno de té con pan, y almuerzo reservándonos pollo para los días de visita, la cena no está en el paquete y esta si se da es por acción directa de los internos quienes aportan los víveres que la visita trae y se cocinan ellos mismos agrupándose en grupo de tres y/o cinco, los víveres son guardados en otro interno que tiene congeladora y que oferta  este servicio.
La paila es además un instrumento de cambio, pues dicho derecho puede ser cedido a cambio de otra cosa: droga, favores, dinero, o simplemente donarla. La paila es la comida de la mayoría de la población pero no la única fuente, pues los internos de modo paralelo hacen –para venta- mazamorras, arroz con leche , también venden kekes y/o dulcería que los familiares proveen, algunos pabellones cuentan con restaurantes, e incluso ciertos internos cuentan a su vez con internos cocineros u otros internos que fungen de parejas sentimentales, siendo una de sus funciones  cocinar.
El pabellón a su vez, esta subdividido en módulos, donde yo ingrese había como 15 camarotes, en cada camarote duermen hasta seis personas como sea, en la forma que te acuestas así te levantas, ahí no hay pijama, abluciones, lectura de noche, ni nada que se parezca. La mañana trae consigo el agua,  único momento para la higiene, si se te pasó, perdiste, aunque después de haber usado repetidas veces este nombre, técnicamente re-reperdistes.
Los primeros días uno la pasa en el interior del pabellón y no quiere salir de él, como tímido escolar que permanece en su aula, sientes temor del exterior, esta pasividad física contrasta con lo receptivo que puedes ser, pues ya asimilas la jerga, el comportamiento, ya modulas tu palabra, ya te achoras "Primero hay que conseguir que todos sepan que no pueden atacarlo a uno sin peligro. Después de ser temido, hay que hacerse respetar por el modo de comportarse con los inservibles (policías), no aceptar ciertos puestos, rechazar ciertos grupos de trabajo, nunca reconocerles autoridad a los porteros, ni obedecer jamás, aunque esto signifique un incidente(…)"
Siendo las cosas así el temor inicial es vencido por la curiosidad, salir de tu beyompa importa transitar por el famoso "jirón de la unión" en alusión a la transitada calle del centro de Lima, este pasaje es un lugar común, transitas por todos los pabellones, siendo de transito necesario, está fuera del alcance del control de los pabellones y por tanto ahí uno se encuentra vulnerable, es necesario andar con tu "batería" (causa, amigo, chaleco), que peche y responda. Aquí te vas lejos (piensas mal), aquí la tienes que chapar en el aire (cuando hablan mal te tienes que dar cuenta), aquí se mandan un tiro (cuando eres blanco de joda), aquí no debe haber relogeo (bullying), aquí parchas, tu solo sin la plancha (disciplina del pabellón); aquí transita desde el faite hasta el atorrante]y toda la variopinta zoología de este lugar.

Generalmente en este lugar encuentras gente menguada, en estado de aturdimiento, alcoholizada y/o drogada este tránsito me produce varias visiones encontradas: es como el final de una procesión con gente dispersada, como las personas mayores que en provincia, sacan las sillas afueras de su casa, al atardecer y se sientan a mirar a los transeúntes; me recuerda a Dante siguiendo a Virgilio por el Infierno, por este pasaje también circulan no-internos: los abogados que se dirigían a entrevistas con los patrocinados y/o terceras personas, todos sin excepción son abordados para "los pelicanos", internos que pesetean en modo mendicante. Estas personas también hacen de chasquis, pues te pasan la voz, te llaman cuando eres buscado, te cargan bultos, todo vale una moneda, y nada es libre, la amistad no existe.

¿ QUE HACEMOS CON LAS CARCELES PERUANAS?

La crisis del sistema penitenciario es un problema compartido en toda América Latina. Con mayor o menor nivel de complejidad, en todos los países se evidencia aumento del hacinamiento, deterioro en la calidad de vida de los internados, bajos niveles de inversión pública para el mejoramiento de infraestructura y mínimos (en la mayoría de casos inexistentes) programas de rehabilitación y resocialización. Adicionalmente aquellos cumpliendo penas alternativas en libertad son precarios. Así la población tiene la percepción general que salvo la cárcel, no existen otros mecanismos públicos para castigar aquellas conductas criminales.
Igual o incluso peor es la situación de los centros de tratamiento y detención juveniles. Los problemas infraestructurales son evidentes, el uso general de la violencia institucional ha sido reportado en muchos casos y la rehabilitación o reinserción se encuentran lejos de los programas medulares de su accionar.
Evidentemente la cárcel fue concebida como un espacio de castigo pero también de rehabilitación. Esta última implica un regreso a un estado previo, es decir la reintegración a la sociedad, lo que abre el espacio para una crítica de diversos académicos porque justamente el espacio desde donde salen muchos de los infractores están marcados por precariedades, vulnerabilidades y violencias.
La complejidad de la situación ha pasado inadvertida por muchos años debido a la fuerte consolidación de una perspectiva castigadora por parte de la población y de muchos de los actores públicos que consideran que la cárcel es el final del camino. Cuando en realidad todo parece indicar que es más bien la puerta de entrada para la carrera criminal.
En América Latina lamentablemente las experiencias de rehabilitación son mínimas, focalizadas y con bajos niveles de evaluación. En aquellos países donde se han desarrollado estas iniciativas, los cupos de ingreso son tan menores que no permiten saber su efectividad. El rol de las iglesias, especialmente la evangélica, en las iniciativas de rehabilitación es de especial relevancia pero su evaluación en el impacto que pudiera tener en los niveles de reincidencia es desconocido.
¿Qué hacer con las cárceles? Es una de las preguntas más recurrentes entre los especialistas en prácticamente todo el mundo. De hecho, el gobierno inglés anunció en 2010 una “revolución en la rehabilitación de infractores como una política criminal prioritaria”. Leímos bien, prioridad para la rehabilitación como política pública. Nada más alejado de lo que vivimos diariamente con cárceles súper pobladas y con aumentos sustantivos de presos. Por ejemplo, solo en dos años y medio en el Perú han llegado 19,000 nuevos internos (en su mayoría no condenados), lo que sin duda impide cualquier posible mejoría del sistema.

El rol del Congreso es claro: aumentar las penas de forma creativa no soluciona el problema de la inseguridad. Por el contrario, aumenta el contagio criminal, debilita el Estado de Derecho y asegura un futuro de más inseguridad. Leyes duras sirven menos que leyes inteligentes que permitan fortalecer los programas de castigos alternativos a la prisión, invertir en programas de rehabilitación y resocialización y limitar los niveles de impunidad.
El gobierno tiene una obligación: aumentar la seguridad. Dejar las cárceles como espacios de impunidad donde incluso se organizan los hechos delictuales no es una solución. Lejos entonces del sentido común, es necesario afirmar que invertir en buenas cárceles asegura seguridad. Dejarlas abandonadas asegura que en el futuro cercano los encerrados seremos nosotros.

domingo, 2 de marzo de 2014

VIGÉSIMA CONFERENCIA SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO EN LIMA

En un mundo enfrentado a crisis financieras, enfrentamientos ideológicos, luchas intestinas de fundamento religioso y polarizaciones sustentadas en modelos disímiles, parecen ser pocos los resquicios que nos permitan ingresar a un debate cuyo objetivo sea concertar una mirada creativa hacia un nuevo modelo de desarrollo, inclusivo, sostenible y capaz de desafiar los retos modernos a los que se enfrenta la humanidad.  
Hay sin embargo una luz que viene abriendo innovadores espacios de reflexión.  Espacios en los que se discuten los nuevos objetivos Post-2015, es decir, las nuevas metas cuantificables  sobre pobreza, género, mortalidad infantil, enfermedad y sostenibilidad ambiental, que asumiremos cuando venza el plazo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.  Espacios en los que se intentan definir los objetivos del “crecimiento verde”, cumpliendo el mandato que concertamos en la cumbre Río +20 el 2012.  Espacios de negociación para definir los objetivos de desarrollo sostenible y, “last but not least”, con absoluta relevancia, el debate climático.
El debate climático dejó de ser hace ya casi dos décadas un debate de ambientalistas. Es un debate de desarrollo, de economía, de crecimiento, de lucha contra la pobreza y de futuro de la humanidad y de las naciones. En ese debate, el Perú no puede estar ajeno, distante, ni distraído.  Debemos seguirlo de cerca, involucrarnos, comprometernos, aportar al mismo y confirmar que no es casualidad que este año, el 2014, sea el del “compromiso climático”.
El cambio climático nos enfrenta a nuestras condiciones de vulnerabilidad frente a nuestra realidad de país amazónico, con más del 50% del territorio con cobertura boscosa. Nos enfrenta a la amenaza de la escasez hídrica, más aún cuando los glaciares tropicales, de los cuales el 70% están en nuestro territorio, se encuentran en retroceso.  Nos pone frente al reto del cambio de condiciones de las corrientes marinas, que nos podría llevar a perder nuestra posición como el país con el océano más rico del mundo sustentado en la pesquería.  
Nos lleva a pensar en nuestra calidad de país diverso, natural y culturalmente, con cultivos nativos altamente vulnerables a las condiciones climáticas.  Nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de contar con estrategias de desarrollo sustentadas en la adaptación y enfocadas en lograr la “resiliencia” frente a los cada vez más recurrentes eventos climáticos. Y, finalmente, nos exige considerar nuestras estrategias de mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero especialmente originadas en la deforestación y cambio de uso del suelo (40%) y actividades agropecuarias (20%).
Es por todo esto que la Vigésima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP20), que se desarrollará entre el 1 y 12 de diciembre de este año en Lima, representa para el Perú no solo una responsabilidad, sino más bien una oportunidad. 
Una responsabilidad porque el Perú será el anfitrión de una conferencia que congregará a por lo menos doce mil personas, lo que hace que este evento sea uno de los retos logísticos más importantes que nos ha tocado tener como país; aunque la dedicación y el esfuerzo con los que se viene asumiendo la tarea nos permite afirmar con confianza que estaremos a la altura de las circunstancias. 
Una responsabilidad porque nos tocará crear una atmósfera de confianza para una negociación que es de por sí  compleja y que involucra posiciones diversas alrededor del tema del financiamiento, la mitigación en la emisión de gases de efecto invernadero; la adaptación; la transferencia tecnológica y la construcción de capacidades; el rol de los bosques y su valor debido a su capacidad de captura de carbono; los instrumentos de mercado; la vulnerabilidad de los estados insulares; entre otros temas.
Una oportunidad porque la COP20 es un espacio de negociación, es cierto; pero es además una herramienta de construcción de nuestra agenda climática interna. Es el espacio idóneo para mirar el Perú del futuro. Un país que crece con bajas emisiones de carbono, que desarrolla estrategias de adaptación, que define estrategias climáticas, en especial para los más vulnerables y que es capaz de construir una política de Estado concertada, acorde con nuestro “compromiso climático”, con claras estructuras institucionales multisectoriales, multinivel y de amplia participación pública y privada. Un país que cuente con presupuestos organizados para enfrentar desastres naturales de manera preventiva; con estrategias capaces de definir portafolios para la canalización de inversiones en tecnologías limpias, en energías renovables no convencionales; en ciencia y tecnología acorde con las necesidades del país; con medidas para proteger a los que menos tienen; con capacidad de usar nuestros conocimientos y sabiduría ancestral para sostener nuestra diversidad en el tiempo.
Este es nuestro momento. Es el momento del país, para asumir la COP20 como una oportunidad  para reconocer  nuestras potencialidades,  nuestras necesidades,  nuestras vulnerabilidades y  nuestras fortalezas.  Es el tiempo para que el sector privado sea consciente de que si  hoy no se suma, perderá el ritmo de la economía, de los nuevos mercados, de las nuevas inversiones y la nueva tecnología.  Es el tiempo de la sociedad civil, para que sirva de enlace con las comunidades, con su conocimiento, sus capacidades y su vulnerabilidad. Para que articule las expectativas ciudadanas y las canalice a través del diálogo constructivo.  Es el tiempo del Estado, en todos sus niveles, para mirar nuevas estrategias. Es el tiempo del Perú. Bienvenida COP20.  No vengas al Perú si no quieres cambiar al mundo.
La Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, COP-20, será  en Lima, del 1 al 12 de diciembre. Los ojos del mundo nos miran.

A la Cámara de Comercio de Lima (CCL) le preocupa que la organización no esté bien encarrilada. Y es que la cita congregará a más de 20 mil delegados, entre presidentes, ministros, empresarios y científicos de más de 190 países. No estamos para improvisaciones ni para perder la oportunidad de lucirnos ante el mundo.

Eficientes.- Lima, lo mencionamos en una nota anterior, tiene  posibilidades de convertirse en lo que los sociólogos urbanos llaman ciudad Alfa. Una urbe como Londres, Nueva York, París o Tokio, creadora de tendencias, globalmente atractiva como centro económico, turístico y cultural. Pero la Lima Alfa será posible solo cuando nuestras autoridades abracen la eficiencia y apuren su perezoso paso.

Es evidente el desfase entre el lento andar de los gobiernos (central, regional y local) y el ritmo acelerado y  eficiente del ámbito empresarial. La organización de la COP-20 requiere planificación, innovación, competitividad, creatividad y eficiencia. Algo que no muestran los organizadores ni los anfitriones, es decir el Ministerio del Ambiente, Minam, y la Municipalidad de Lima.

¿Quién trabaja?.- El Minam -cartera de Manuel Pulgar- habla de un grupo multisectorial que ya se reunió seis veces para ver temas de transporte, alojamiento, seguridad, visas, salud, y más. Otros cuatro equipos están a cargo de la organización, logística, comunicaciones, etc. Minam afirma trabajar “activamente para organizar la COP 20 [porque] tenemos el presupuesto” (unos S/.175 millones, desembolsados por el Economía y Finanzas). Veremos.

Aló ¿Lima?.- Mientras tanto ¿cuál es el gesto dado por la alcaldesa de la ciudad anfitriona? ¿Qué hace para reducir la huella de carbono de Lima? Nada.
Susana Villarán no parece animada con la cumbre mundial. No vemos programas de forestación, campañas con los vecinos, alianzas con las empresas eléctricas para repartir material sobre ahorro energético y reducción de huella ecológica, entre otras.

El ejemplo Bloomberg.- Michael Bloomberg fue alcalde de Nueva York durante  tres periodos y logró que esa megalópolis fuera más amigable con el ambiente. Demostró que localmente puede avanzarse más que desde el gobierno. Ahora el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, lo ha nombrado “enviado especial para las Ciudades y el Cambio Climático”, y este asesora sus conversaciones con los alcaldes del mundo para luchar contra el cambio climático.

Durante su gestión, Bloomberg logró reducir casi 20%  las emisiones de gases efecto invernadero. ¿Su estrategia?, más zonas peatonales, más seguridad, más carriles para bicicletas, incentivos para que los taxistas utilicen vehículos híbridos y que los constructores apuesten por infraestructura energéticamente eficiente.

En esas debería estar la alcaldesa, mientras el ministro tendría abocarse a la COP-20, una reunión de trascendencia planetaria, como pocas.

PNUD: el cambio que viene.- El Programa Naciones Unidos de Desarrollo, PNUD, ha publicado el “Informe sobre Desarrollo Humano 2013 para el Perú”. Se trata de “uno de los productos emblemáticos”, que esperan convertir en “el resultado de un esfuerzo compartido con las instituciones del gobierno, de la sociedad civil y del sector empresarial”..
El Informe incorpora la variable del cambio climático y cómo  impactará sobre los avances, los planes y proyectos para el desarrollo humano. Esto en el afán de que el tema se incorpore en la “agenda del debate nacional como clave para los destinos del país”.
El cambio climático ya afecta a la población, a la propiedad, a las actividades económicas, la infraestructura y los ecosistemas.
“Las crisis climáticas –alerta PNUD- tienen la capacidad de erosionar o destruir las bases de sustento y capacidades de los más pobres, con el riesgo de lanzarlos a una espiral descendente  que se transmite a las generaciones siguientes”.


HISTORIA DEL PANÓPTICO O CÁRCEL DE LIMA

El Centro Cívico de Lima y el hotel Sheraton de Lima se encuentran dentro de los terrenos de la antigua penitenciaria de Lima. Miles de personas visitan este lugar convertido en los últimos años en Centro Comercial, sin imaginar que por más de un siglo este fue el lugar de castigo de los asesinos más peligrosos de Lima.
A la penitenciaría de Lima, se le conoció como el Panóptico, (pan: todo / óptico: visión) Fue una cárcel construida siguiendo los modelos panópticos propuestos en 1791 por Jeremy Bentham quién diseñó una prisión que podría ser vigilada fácilmente colocando la torre de observación en el centro del edificio, desde allí a través de persianas y ventanas ocultas se podía vigilar todo el edificio sin que los presos supieran en que momento eran vigilados.
El modelo panóptico buscaba el control de la sociedad a partir de la presencia de la autoridad de manera permanente y vigilante.
Este moderno sistema carcelario fue traído durante la época del Guano, momento de gran abundancia económica.
Para su construcción, se formó una comisión encargada de estudiar los sistemas penitenciarios de otros países y elegir el que mejor se adecuara a nuestra realidad. Esta misión estuvo a cargo del gran sabio Mariano Felipe Paz-Soldán, quién viajó a Estados Unidos y estudió el funcionamiento de las prisiones.
Paz-Soldán creyó que el sistema más conveniente era el de Auburn, que permitía la socialización de los presos y se sustentaba en el trabajo y la educación como forma de corregir su conducta.
Con este modelo de penitenciaría Paz Soldán puso rápidamente el proyecto en obra.

La obra fue realizada por el arquitecto Maximiliano Mimey entre 1856 y 1860, tuvo un costo total de 984,000 pesos y 2,020 días de trabajo. Fue inaugurada en 1862. Carlos Enrique Paz-Soldán dijo alguna vez que el Panóptico era una copia autentica del penal de Filadelfia (EEUU).
El terreno estuvo ubicado en donde antes existieron las murallas de Lima. Carlos Aguirre dice que “El edificio final tenía una extensión de 41,314 varas cuadradas y fue diseñado para albergar 350 presos”. 
La prisión de Lima fue más que un edificio, fue parte de un ideal de los gobernantes de la época del guano de crear una nueva sociedad donde la impunidad no existiera, donde el Estado tendría autoridad para vigilar y castigar (como diría Michael Foucault), luego de los oscuros años del caudillismo. Se pensaba que este presidio podría regenerar a los sectores problemáticos de la sociedad y hacerlos parte de un nuevo comienzo.
En el fondo esta era solo una ilusión que terminó cuando la prisión comenzó a sobre poblarse y a funcionar de manera deficiente. Carlos Aguirre indica que “hacia septiembre de 1862 había solo 53 internos, 35 hombres y 18 mujeres”. Y  en junio de 1866 solo quedaban 8 celdas vacías.
Una prisión moderna.- El panóptico no era una mazmorra o una jaula de panadería donde los delincuentes iban a cumplir su castigo. Era un edificio en forma de cruz, con una cúpula en el centro desde donde se podía vigilar los pabellones de celdas, talleres y comedores.
Tenía un cerco perimétrico hecho de piedra. En un inicio fue construido para ser prisión de hombres, mujeres y niños; más adelante se envió a estos a otros lugares.
Este establecimiento contaba con un buen sistema de seguridad. La vigilancia estaba a cargo de un vigilante que se ubicaba en el observatorio o cúpula.
Los muros de la penitenciaría eran vigilados todo el tiempo por los rondines, vigilantes que se turnaban cada doce horas en el puesto y recorrían todo el perímetro del presidio cada hora.
Dentro de la prisión los vigilantes de servicio ayudaban a abrir las celdas, registrar a los presos y vigilar su conducta dentro de los ambientes. Ninguno de estos podía conversar con los internos.
En la entrada se encontraba el portero que recibía a los visitantes y penitenciados, se encargaba de la puerta principal y de registrar la entrada y salida de bultos y visitantes.
En la prisión estaba prohibido hablar, hacer señales, utilizar ropa ajena al uniforme y formar tumultos.

La llegada al panóptico.- Una gran fachada de piedra, sobria e inexpugnable daba la bienvenida al condenado. Cruzando la gran puerta de hojas de bronce, el nuevo interno era conducido a la galería de fotografía, allí se le tomaban las imágenes de frente y de perfil. Luego era bajado a la celda de recepción, donde era pesado y se le mandaba a bañar.
Una vez aseado, un médico lo inspeccionaba, se le daba un uniforme y una ubicación según sus características.
Ademas recibía las reglas del establecimiento donde estaban las obligaciones, premios y castigos y una placa de cobre con su número de celda.
Sus pertenencias eran guardadas en un depósito o eran entregadas a su familia. En el caso de dinero quedaba como ahorro al cumplir su condena.
Según los reglamentos el preso recibía un guardarropa que estaba constituido por: un pantalón, una chaqueta, dos calzoncillos de algodón, dos camisas, un gorro, un par de zapatos, dos pañuelos, un par de tirantes, una frazada, dos sabanas, dos birretes, una bacinica, un plato, una escudilla, un jarro, una cuchara, un trinche, una escobilla y un peine.

Premios y recompensas .- Los presos debían guardar orden y obediencia y mantenerse ocupados en labores productivas, evitar el ocio. Los reglamentos de la penitenciaría de Lima señalaban premios para los presos con buen comportamiento.
Se les daba trabajo más ligero, más horas de descanso, permiso para leer y comprar objetos personales, cultivar flores y plantas, usar tabaco, escribir a sus familiares y recibir visitas.
Para los presos que causaban disturbios se le dieron los siguientes castigos: Hacer servicio de limpieza y baja policía, disminución de sus raciones alimenticias por 1 a 3 días, 3 a 8 días y más de 8 días (según la gravedad de la falta), privación de leer y recibir visitas y el aislamiento y el “baño de lluvia”.
Art. 256. El baño de lluvia se dará únicamente a aquellos presos que después de haber sufrido la pena de barra por treinta días, se resistiera a obedecer o cumplir sus deberes.
Para esto se le mojaba constantemente con una manguera utilizando potentes chorros de agua. Fue un castigo que fue proscrito por ser muy cruel, casi una tortura.
En el reglamento de 1901 se incluyó castigos como: retiro gradual de las recompensas acordadas, trabajo sin compensación y barra. Este último castigo fue anulado por ser muy cruel, pues consistía en colgar al preso de cabeza por varias horas.
En 1874 se construyó la celda de aislamiento que se dice que estuvo ubicada en un sótano y tenía paredes de piedra.
El reglamento de 1901 en el artículo disponía que: “En las celdas de castigo, la cama ordinaria será remplazada por una tarima, y cuando el preso sea puesto a pan y agua por más de tres días, se le dará un día sí y otro no el alimento ordinario. El preso puesto a pan y agua no puede pedir doble ración de pan del que recibe ordinariamente.”(Reglamento de la penitenciaría, 1901)
En 1903 El Director de la penitenciaría Manuel Panizo dijo que esta celda ayudó a mejorar la conducta de todos los presos.

La rutina del preso.- La vida en prisión es una rutina reglamentada por las autoridades que utilizaban los toques de campana y pito para marcar los horarios. Los presos se levantan a las 5:45 a.m. en verano y a las 6 a.m. en invierno. Antes de salir, debían limpiar sus secciones, luego ir a asearse las manos, la cara y los brazos. El reglamento de 1863 ordenaba que se lavaran los pies una vez a la semana y bañarse cada quince días.
A las 6 y 30 de la mañana iban a la escuela, una hora después se dirigían a los talleres. El almuerzo se servía a las 10:30 a.m., luego tenían media hora de descanso. Terminado el receso volvían a los talleres.
A las 4:30 p.m. tomaban la segunda comida y descansaban media hora en el patio.
A las 5:30 p.m. regresaban a sus celdas donde permanecían despiertos o se acostaban temprano. Las celdas no tenían iluminación, recién en 1905 se colocó iluminación en los pabellones para permitir la lectura y actividades de los presos.
Los domingos los presos asistían a misa en la capilla de 7 a 9 a.m. Algunos presos asistían a la escuela dominical.

El trabajo como regla de vida.- Como indicamos al inicio, la penitenciaría no era solo un lugar de encierro, sino que se buscaba regenerar al criminal a través de la educación y el trabajo.
El panóptico contaba con talleres para educar a los presos en un oficio. En los pabellones se ubicaban los talleres de carpintería, zapatería, herrería, trenzaduría, hojalatería, encuadernación, talabartería, fundición y panadería.
Algunos talleres tuvieron éxito, otros fueron una pérdida de dinero, pues ni siquiera se lograba recuperar lo invertido en los insumos.
El problema de los talleres de la penitenciaría era que competían con los talleres del Estado, los presos solo fabricaban artículos para uso interno del establecimiento y algunos artículos para la policía.
Por esta razón, en muchas ocasiones, los directores del Panóptico pidieron al gobierno una ley para ser proveedores del Estado. Los reclamos no fueron escuchados.
A pesar de las dificultades para sostener estos talleres, a lo largo del tiempo se decidió renovarlos y equiparlos con nuevas maquinarias.
Muchos presos eran analfabetos o se dedicaban a oficios muy sencillos. En prisión aprendieron y compartieron nuevos oficios con sus compañeros.
Los presos asistían a la escuela en las mañanas, sin embargo, había carencias en este sentido, pues se contaba solo con dos preceptores para una población de 300 presos.
La idea de los talleres era buena, pues se pretendía comercializar los productos hechos por los presidiarios, de la venta de estos se creaba un fondo de ahorro, con el cual el preso podría salir de prisión con algo guardado.
En la práctica esto no funcionó, porque los presos de todos los talleres no obtenían los mismos beneficios.
“A los presos de la penitenciaría del producto diario de su trabajo se les descuenta la suma de dos centavos. Esta cantidad se deposita en la Caja de Ahorros en una cuenta general y al terminar la condena el preso se le entrega la suma que ha juntado”. (El Comercio, 19 de enero de 1926)
En 1926 una comisión inspectora había denunciado que en 15 años de encierro un preso apenas había ahorrado 22 soles.
Además sus productos eran vendidos a muy bajo precio:“El salario que ganan es verdaderamente irrisorio. Obras que valen en la calle ocho y diez libras y que representan para el obrero una entrada diaria de cuatro o cinco soles, es remunerada en la penitenciaría con la suma de 60, 70 u 80 centavos.” (El Comercio, 19 de enero de 1926)

El perfil del criminal.- ¿Quiénes eran los presos del panóptico? ¿Por qué se encontraban allí? Según las estadísticas podemos conocer a la población penal.
Algo interesante es ver que parte de la población fue indígena. Como ejemplo, se puede ver la memoria del director Miguel Panizo y Zárate de 1903.

La mayoría de los presos eran indígenas, pobres y ejercían oficios sencillos. No eran viejos, eran jóvenes en su mayoría. En el año 1903, el 78 % de los presos tenía entre 20 y 40 años.
De estos presos podremos ver que la mayoría de ellos se encontraba cumpliendo condenas por homicidio. En 1905, de 315 presos, 280 eran asesinos. (Memoria, 1905)

En cuanto a los oficios, podemos observar que la cuarta parte de los presos eran zapateros y jornaleros. Muchos de sus crímenes estuvieron asociados al alcohol. Las autoridades explicaron que la mayoría de criminales fueran indígenas, dedicados a oficios muy modestos utilizando explicaciones racistas, al decir que el indio era flojo, perezoso y melancólico, vengativo, un ser disminuido.
Sebastián Lorente alguna vez dijo: “La embriaguez ocupa la vida entera del indio y forma su glorificación. Se embriaga por el nacimiento, por el corte de pelo, por el matrimonio y por el entierro". (Sebastián Lorente. Sobre el Perú. 1855)
Estas imágenes eran comunes en los estudiosos del siglo XIX. Recordemos las palabras de Clemente Palma, hijo de Ricardo Palma y representante del racismo.
“La raza india es una rama degenerada y vieja del tronco étnico del que surgieron todas las razas inferiores”(Clemente Palma. El porvenir de las razas en el Perú, 1897)
Carlos Aguirre estudioso de la criminalidad ha encontrado que la difusión de la imagen criminal del indio tiene relación con la difusión de la criminología moderna:
“El descubrimiento de la criminalidad indígena como un problema y el “criminal indígena” como un tipo humano especial fue ciertamente resultado de la difusión de la criminología y su búsqueda de “tipos” criminales, pero además se nutrió de imágenes y estereotipos sobre los indios que habían sido desarrollados por escritores racistas y que ahora –se pensaba- podían ser “confirmados” por la investigación científica.” 
Las estadísticas no hacían mas que reforzar esta percepción acerca de la inclinación moral de los indígenas a cometer crímenes, estas ideas llegaron hasta el siglo XX.
Estos fueron los criminales del Panóptico. Más adelante ingresarían a sus celdas políticos y hombres públicos. En esta prisión sufrieron encierro presidentes como Augusto B. Leguía, escritores como Ciro Alegría, líderes políticos como Delfín Levano y Víctor Raúl Haya de la Torre. En este lugar fue ejecutado el homicida Jorge Villanueva Torres, conocido como el “Monstruo de Armendáriz”.
En el siglo XX el panóptico se convirtió en una prisión obsoleta, en la avenida Alfonso Ugarte se destinó un nuevo terreno para la prisión.
El panóptico agonizó lentamente desde 1961. A golpe de comba y martillo fue siendo demolido cuando algunos presos allí cumplían sus condenas.

A pesar que el Panóptico ya no existe, en la sociedad post-industrial aún sigue vigente la idea de controlar la conducta de la población a través de diseño del espacio público y los medios de comunicación. Es la sociedad moderna. La sociedad en la que vivimos.

HISTORIA DEL HOTEL BOLIVAR DE LIMA

Cuando voy a Lima, siempre me acerco a visitar al Gran Hotel Bolívar, frenta a la Plaza San Martín, que es transportarse en la Lima antigua, rica en tradición, con mucha influencia colonial y virreinal, as su entrada nos dan la bienvenida unos porteros vestidos a la antigua usanza. En el loby que cuenta con una cúpula hermosa digna de un hotel clase A-1. Como conozco muy bien las instalaciones, voy directamente al Restaurante el "Cocktail Lounge" lugar para reunirse con las amistades y disfrutar del muy conocido "Pisco Sour Catedral" , que es el mas delicioso que se prepara en nuestra Lima, cuya recete es la siguiente.
§  Pisco Sour Catedral
§  5 onzas de Pisco Quebranta Ocucaje
§  1/2 onza de clara de huevo
§  3 onzas de jarabe de goma (Elaborado por la casa)
§  3 onzas de jugo de limón
§  Hielo al gusto
En este lugar también podrá degustar de una gran variedad en almuerzos o cenas, cuando este de paso en el Gran Hotel Bolívar, no se olvide de ordenar su Lomo Saltado.
La Terraza es otro ambiente de este restaurante donde todas las mañanas ofrecen deliciosos desayunos continentales, americanos y buffets, donde quedara complacido hasta el paladar más exigente.
Acerca de la ambientación del establecimiento hotelero, de acuerdo a la época colonial, desde las sillas, el parque, las paredes, la barra, todo en perfecto estado de conservación donde podrá disfrutar de un servicio como en la Lima colonial sin dejar de lado el higiene y comodidad.
Este lugar encierra muchas anécdotas desde visita de ex presidentes, políticos, ministros, congresistas y así mismo personajes muy famosos del cine y música.
Son muy pocos los grandes hoteles del mundo que pueden apreciarse de haber sido edificados especialmente para alojar a presidentes y altos dignatarios de gobierno como lo es el Gran Hotel Bolivar de Lima. En 1924, el presidente de la república Don Augusto B. Leguia, articulada con el sector privado una serie de iniciativas para que Lima de un cambio y tenga una moderna infraestructura y festejar así dignamente el Centenario de la Batalla de Ayacucho. Surgen amplias avenidas, el ornato se enriquece con sorprendentes obras y decide levantar un hotel ya que el centenario pasado hubo un gran apuro para el presidente B. Leguia para alojar a sus invitados importantes en el Hotel Maury. De esta manera decidió que el hotel, luciera bello y moderno ante las delegaciones extranjeras que vendrían a diversas ceremonias y fiestas que se realizarían mas adelante en nuestra hermosa ciudad de Lima, dando la gran oportunidad de esta importante celebración que fue la que impulso a la construcción de un hotel estilo de los mejores del mundo como el Baltimore, El Waldorf Astoria y el Plaza de nuevo Nueva York.

La obra ya existía, había sido empezada por Piqueras Cotolí, pero su estado aun muy importante, en esta fase le fue entregada al arquitecto peruano Rafael Marquina, quien la modifico y opto por hacer una re interpretación del estilo "Colonial" y que después estuvo a cargo de una gran empresa constructora norteamericana llamada Fred J. Ley & Corporation, la cual acepto el record de construir el gran hotel esperado por todos los limeños de esa época en apenas 6 meses.
Importantísima fue la intervención de los hermanos Augusto y Fernando Wiese, quienes apoyaron denodadamente a la empresa con su trabajo y capital. Invirtieron de medio millón de libras peruanas y la obra terminaría en un aproximado de 6 meses.
En un enorme canchón en que en una oportunidad se instalaban carpas de circos, en que posteriormente se levanto la recordada carpa Pathé, donde por primera vez en Lima se hicieron exhibiciones cinematográficas, en que posteriormente y con motivo de las fiestas de nuestro centenario, se edificaría el famoso "Palacio de Cartón", se edificó el actual "Gran Hotel Bolívar".

Al principio el hotel fue llamado, "Hotel Ayacucho" y después fue cambiado de nombre escasamente 3 meses después antes de su inauguración luego que se decidiera que el nombre era inconveniente, pues Ayacucho en quechua significa "Rincón de los muertos". Cuentan que el propio Leguía decidió el cambio de nombre al comentar "Señores, efectivamente, no se le puede poner Ayacucho, pero como ante un San Martín solo cabe un Bolívar, pónganle Bolívar.
La inauguración fue el 6 de diciembre de 1924, con una cena danzante a la que asistieron el Presidente, las autoridades, las delegaciones extranjeras y lo mas caracteristico de la "Alta Sociedad"peruana.
Una vez terminada su construcción, llegaron representantes de todo el mundo, quedando asombombrados con el parecido a los mejores hoteles de París, Londres o Roma. Tenia el estilo del "Exelsior", de Roma, Italia del "Ritz" de París, Francia o del "Savoy" de Londres, Inglaterra. Con acabados de lujo y materiales nobles. Baños íntegramente de mármol, una hermosa Cúpula de Cristal en su hall principal y por supuesto se le doto de un bar con bonitos detalles.
La planta inicial comprendía doscientas habitaciones y el comedor principal podía atender quinientas personas cómodamente instaladas. Los muebles se importaron íntegramente de la casa inglesa Waring Gillow. Todos los salones se decoraron con un mobiliario lujoso, arañas de cristal, alfombras belgas y lámparas de alabastro.
El gobierno exonero de impuestos de aduana a todos los productos importados para la instalación del Bolívar.
En el semi sótano se ubican los servicios (cuarto de maquinas, cocina, lavandería, etc) en los niveles superiores la zona privada (habitaciones) y en el primer nivel una zona publica (la mas importante). Hacia la Plaza San Martín se ofrece el acceso a las circulaciones publicas y hacia el Jirón de la Unión se plantea otro ingreso.
Para la atención de la clientela, Ricardo Osores fue el primer gerente del hotel, trajo para la administración de restaurantes y servicios a Ernesto Oechner, ex maitre del famoso Ritz de Londres y como cheff al suizo Albert Heanggi del mismo hotel.
El Bolivar transformo la vida social de Lima y pronto fue el epicentro de toda actividad de prestigio. Los sábados eran concurridas las cenas bailables en que las guapas limeñas lucían su belleza y gracias, los días miércoles "Te danzant" amenizados por la orquesta "The Piranos" venida exclusivamente para tal fin de los estados unidos, hacían bailar a toda la aristocracia local.
Durante los cincuenta alcanzo su apogeo. El Grill Bolívar y el Bar Ingles fueron testigos de una bohemia legendaria. La intelectualidad limeña, las estrellas del cine mundial, las visitas de estado eran huéspedes o comensales obligados. Fueron los días de gloria y de reinado del mas caudaloso Pisco Sour en generosas y olímpicas copas llamadas "Catedrales". Perez Prado escandalizo y cautivo allí a los limeños con el ritmo del "mambo". A lo largo de su historia este hotel a contado entre sus huéspedes a personalidades mundiales como Eduardo II, Robert Kennedy, Richard Nixon, Charles de Gaulle, John y Ava Gardner, entre muchos más. John Wayne cuando estuvo en Lima se enamoró de la peruana Pilar Pallete, con quien llego a casarse, y frecuentaba constantemente el Bar Ingles.
El Cocktail Lounge fue inaugurado en 1962 imponiendo su elegancia y estilo colonial, fue uno de los lugares más preferidos e importantes de las personalidades de ese tiempo.
El Salón Embajadores, llamado así porqu desde que se inauguró el hotel, fue el lugar donde se hacía entrega de credenciales a los embajadores hasta el año 1968, ahora se ´le conoce con el nombre de Salón Bolívar.
El Salón dorado es una réplica muy parecida al Palacio de gobierno.
En el Salón "Principal" se daban los grandes banquetes con diferentes personalidades de aquella época como presidentes, embajadores, cancilleres y otros en el balcón tocaba la Orquesta Sinfónica Nacional mientras degustaban los potajes que se iban sirviendo.
El Gran Hotel Bolivar estuvo situado en un lugar realmente estratégico. A pocos pasos quedaban las estaciones terminales que iban al Callao y a Magdalena y los tranvías que llevaban a Miraflores, Barranco y Chorrillos.
El Gran Hotel Bolívar cuenta con 5 salones el principal llamado Salón Bolivar (Ex Salón Embajadores) porque aquí se entregaban las credenciales del palacio de gobierno, este salón cuenta con una capacidad para 80 personas . El siguiente es el Salón "El Patio" un lugar extenso, llamado así por que inicialmente era un patio donde crecían flores de gran variedad este lugar tiene una capacidad para 120 personas. Después es el Salón Dorado sinónimo de elegancia y estirpe, llamado dorado porque en su decoración predomina este, de muy finos acabados, cuenta con una capacidad para 70 personas. Siguiendo el recorrido pasamos al Salón América lugar recomendado para celebraciones memorables con amistades y familia, este salón cuenta con una capacidad para 140 personas y por último y más importante ingresamos al Gran Salón Principal donde el estilo clásico y virreinal cobran su máxima presencia desde los detalles, y sus grandes espejos, cuenta con un mini terraza donde tocaban hermosas melodías la orquesta sinfónica y la sociedad de ese entonces disfrutaban este espectáculo, testigo de grandes acontecimientos y un ambiente de época, es ideal para reuniones de gran envergadura social, este salón cuenta con una capacidad para 400 personas.

En el Gran Hotel Bolívar podrá conocer su historia desde que ingrese, en la parte anterior al restaurante encontrara una pequeña muestra del menaje usado en la época, así mismo un traje virreinal (original) y una peluca que nos hace recordar como vestían los virreyes en Lima.