domingo, 18 de enero de 2015

CANALES DE REGADIO PRE HISPANICOS EN NUESTRA LIMA

Cuando Pizarro decidió fundar La Ciudad de los Reyes, en tierras del Curaca de Lima, la parte baja del valle comprendía varios señoríos. En aquel entonces cada cacicazgo poseía sus propias tierras y entre ellas las había las que pertenecían a los señoríos, a los hombres del común y también contaban las chacras del Inca, del Sol, de la Mamacona y de numerosas huacas y dioses venerados en el lugar. Los principales señoríos del valle y sobre los que hay noticias son los de Lima, Sulco, Guatca y Malanca. Faltan noticias de los curacazgos del Callao, Guala y Amancaes. La organización social, política y económica de la sociedad Lima giraba alrededor de los ríos y acequias. Por ello los canales tomaron los nombres de los curacazgos y señoríos.

A la cultura Lima (100 DC al 600 DC) se le debe la transformación de un desierto a un valle, el desarrollo de obras hidráulicas en el desierto costeño posibilitó un valle verde que alimentó a 200 mil habitantes durante 6 siglos.

En el horizonte medio (500 DC al 900 DC), los Wari, pueblo proveniente de Ayacucho, dominaron buena parte de los Andes Centrales, ocupando también la comarca de Lima, construyendo un centro administrativo-militar y de acopio en Cajamarquilla y un gran templo en Pachacamac. A ellos se debe la construcción del Canal Derivador Surco o “Río Surco”, era el más perfecto en cuanto a su trazo e ingeniería.

En los valles costeños, donde prácticamente no llueve, la agricultura esta supeditada a las obras hidráulicas y es comprensible que los canales principales que salían del Río Rimac tuviesen antaño, la misma importancia que ahora. Si bien no se conocen las bocatomas y el recorrido de los canales antes de la fundación española, por la topografía y régimen de aguas no pudieron ser muy distintos de lo que fueron posteriormente.

Estos canales de riego partían del Río Rimac, a diversos trechos y alturas y como un abanico seguían el relieve del terreno y se extendían por el valle. La parte baja del valle de Lima era regada por varios canales principales cuya toma se situaban río arriba. En la margen izquierda la primera bocatoma, cuando la quebrada se abre como un delta, era el canal de Lati, cuyo inicio está en Santa Clara. En su entorno se extendía el curacazgo de Lati (Rostworowsky, 1985). Los españoles fundaron en Lati una reducción indígena y obligaron a los habitantes de las aldeas vecinas a establecerse en él. El nuevo pueblo recibió el nombre de Santa Cruz, conocido posteriormente como Ate.

Pedro Cieza de León, uno de los primeros en ver esa Lima sentenció: “Es una de las buenas tierras del mundo”. Agustín de Zárate, contador y cronista, anotó que “en cada casa hay una acequia de agua sacada del río, que podría hacer moler un molino”.
No cabía duda. Esta tenía que ser la nueva capital, y así dejaron constancia ese 18 de enero de hace casi 480 años. Con frecuencia, y con el humor negro con el que el limeño trata a su ciudad, se decía que de haber pasado en invierno estos caballeros habrían seguido de largo.
Lo que parece más cierto hoy es todo lo contrario. Lima estaba destinada a ser la capital. Una de las razones para eso eran sus canales de irrigación. “Sin la Lima prehispánica, la Lima española no habría sobrevivido”, dice el arquitecto Juan Gunther, reconocido experto en la historia de la evolución de la ciudad.
Para eso debieron tener un profundo conocimiento del suelo, “porque hacer un canal no es cualquier cosa; no es simplemente abrir una zanja”, dice. Además, ninguno de los ríos podía regar todas las chacras al mismo tiempo.
Desde el Centro Histórico hasta Chorrillos, hay un declive en el terreno. “Entre Ate y Miraflores hay una pendiente permanente y por cada 100 metros baja 1,33 metros. Esa es la pendiente de Lima”, cuenta Gunther. Esto quiere decir que no se podía hacer un canal perpendicular, porque el agua habría erosionado el fondo. Tampoco en otro sentido paralelo, porque el humus se habría asentado, levantando el fondo del canal. “Se necesitaban ángulos muy precisos para que el sistema funcionase”, explica el arquitecto Gunther.
En cuanto a su antigüedad, por años se había sostenido que los más antiguos podían ser del 200 a.C. Según Joaquín Narváez, un arqueólogo que ha trabajado su tesis doctoral sobre estos canales, se puede asegurar, sin lugar a dudas, “que empezaron a construirse 3.000 años atrás”. La medición la hace extrapolando elementos como arquitectura y cerámica.
Incluso sostiene que es posible que se hayan empezado a construir mucho antes, pero faltan estudios para asegurarlo de manera definitiva.
Lo que han dejado en claro las investigaciones que se han venido realizando en este campo es el tipo de sociedad que los creó, porque –señala– no se pudo construir algo de tal magnitud sin haber tenido una sociedad organizada y altamente calificada, donde tenían lo que hoy llamaríamos ingenieros, administradores y jueces.
En esa sociedad organizada había que decidir quién recibía el agua, cuándo, por cuánto tiempo, en qué cantidad, quiénes recibían más, quiénes recibían menos. Antes, como hoy, en Lima no llovía, por lo que estos valles tenían que regarse de manera eficiente con agua que provenía de algunos de los tres ríos de la capital, a través de sus múltiples canales.
El sistema que se encontró cuando llegaron los españoles consistía de cuatro canales madre: Ate, Surco, Huatica y Magdalena. Según el arqueólogo Rommel Ángeles, del museo de Pachacámac, los canales principales podían llegar a tener de tres a cuatro metros de ancho, por lo que en la Colonia dieron por llamarles ríos.
Los secundarios, para regadíos menores, podían tener un metro de ancho, y luego había una cantidad enorme de acequias. Se cree que la profundidad no era mayor de un metro, en los principales, y menos de 30 cm. para las acequias.
Según el arquitecto José García Calderón, durante la cultura Lima (200-600 d.C.) se produjo la primera y mayor expansión de la frontera agrícola del valle de Lima. “Muchos asentamientos comienzan a aparecer después de que se amplían los canales, como Huallamarca y Pucllana, con lo que se permite que la ocupación del valle sea mucho mayor”, explica.
Estos canales hicieron posible también la Lima colonial, porque aquí se establecieron las haciendas que subsistieron durante más de 400 años hasta los años 60, cuando la expansión urbana de la capital empezó a avanzar sobre los antiguos campos de cultivo.
Hoy podemos afirmar que el ingenio de esos antiguos limeños le dio vida al territorio que habitamos. Los canales que construyeron permitieron la domesticación de las plantas, tan fundamental y necesaria para el desarrollo de la gastronomía actual. Sin ese trabajo ancestral, Lima aparecería hoy en los mapas del mundo no como una compleja y palpitante capital, sino como un punto más en un vasto y nublado desierto.
En la etapa virreinal Lima crece y se derivan nuevos cursos de agua para regar jardines, huertas y monasterios. Una red de 1,090 acequias pasaba por el interior de las casas y las calles. Los limeños toman agua de los canales para sus necesidades básicas, pero el crecimiento de la ciudad hizo que se usen también como drenaje de los desagües, no existía alcantarillado en la ciudad. Desde 1784, la distribución del agua de riego se hizo sobre la base del Reglamento de Aguas de Cerdan.

En el periodo republicano, hasta fines de la primera mitad del siglo XX, se pudo apreciar que el poblador agrícola, consciente de su importancia, aun se establecía lejos de la orilla del canal (camino de vigilancia o faja marginal) y controlaba la erosión de su suelo con bosques de especies nativas, lo que le permitía mejorar el régimen hidrológico, actuando como un mecanismo regulador hídrico y aportando en la tasa de evapotranspiración de la cuenca del Río Rimac.

La expansión urbana a expensas de las áreas agrícolas, que se remonta a la década de los cuarenta, inicia un proceso de urbanización propiciado por el proceso de migración rural, desconociendo y subvalorando factores funcionales y ambientales del “Río Surco”. El mismo que en muchos tramos esta revestido y/o se ha convertido en un gran colector de los desagües de los diferentes asentamientos humanos afincados en sus márgenes.

Esta situación aunado a la casi desaparición de las áreas agrícolas tienen serias implicancias en la napa freática del acuífero de Lima Metropolitana, utilizando su cauce como colector de todo tipo de residuos sólidos y líquidos, por lo que toda obra de canalización debe contemplar estos factores negativos para el dimensionamiento de la sección y las obras de arte necesarias para su buen funcionamiento en concordancia con las normas vigentes.

PRINCIPALES CANALES PREHISPÁNICOS

ATE (LATI:
11 km, llamado río Vitarte. La bocatoma está a la altura del puente Huachipa. Riega desde Santa Clara a Puruchuco y Rinconada.
SURCO (SULCO:
Después del canal de Lati seguía el de Surco y su toma arrancaba en el fundo Zavala y terminaba en la hacienda Villa, regando todas las tierras de su alrededor. Este canal era el más caudaloso del valle, llegando a circular hasta 10 m3/seg, por eso se le conocía como “Rio Surco” y en su contorno se asentaba el Señorío del mismo nombre. El curacazgo de Surco comprendía lo que hoy es Surco, Chorrillos, Barranco, Surquillo, parte de Miraflores y Santa Anita.

El río Surco” (Canal Derivador Surco), es una fuente hídrica de carácter regulado que toma sus aguas en la margen izquierda del Rio Rimac en la zona conocida actualmente como lotización Santa Marta Ex-Fundo Zavala (Ate-Vitarte), para desembocar al mar en la playa La Chira (Chorrillos), después de un recorrido aproximado de 29.5 Km.

El “Río Surco”, cruzaba e irrigaba el área media del Valle del Rimac, fertilizando casi la mitad de toda el área de cultivo compuesta por los actuales distritos de El Agustino, San Borja, La Molina, La Victoria, Surco, Surquillo, Miraflores, Barranco y Chorrillos. Esta vasta campiña henchida de vida, constituyó el señorío de un pueblo agrícola y artesanal cuyos sembríos de papa, fríjol, pallar, camote, yuca, calabaza, zapallo, convirtieron a este pueblo en centro de vida, alimento y descanso, tanto para el pueblo como para las tropas de paso.

HUATICA (GUATCA:
Tiene una extensión de 8 km. Sale de La Atarjea, sigue paralelo al río y entra por Barrios Altos. Llegaba hasta Limatambo y Pucllana y los distritos de San Isidro y Miraflores.
MAGDALENA:
8 km. La bocatoma estaba detrás del actual Palacio de Gobierno. Regaba el valle hasta Magdalena. Se dividía en dos canales menores: Maranga (Malanga): 5 km, que iba de San Miguel al mar, y La Legua (Guala): 10 km, que iba de Maranga a La Legua.

Había varios otros canales en los valles de Chillón y de Lurín, así como una serie de lagunas de depósitos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario