domingo, 9 de febrero de 2014

ÁNGEL VALDEZ Y ADOLFO ROJAS DOS TOREROS IMPORTANTES DE LA TAUROMAQUIA PERUANA

ANGEL VALDEZ “EL MAESTRO”

El gran torero  peruano Ángel Valdez Franco, más conocido con el sobrenombre de "EL MAESTRO", era hijo
 de humildes labradores, nació el 2 de octubre de 1838 en el pueblo de Ingenio en la provincia de Nazca. A los 10 años de edad vino a Lima y se empleó como ayudante de ganado en el fundo La Granja.
  En 1853 triunfaba en Acho el español Gaspar Díaz  “Lavi” y cuando Ángel lo vio lidiar se aficionó al toreo,  3 años después se hizo amigo del matador mexicano José María Vásquez quien además toreaba sobre zancos y ponía banderillas con la boca, se convirtió en su maestro. En 1857 y 1858 Valdez torea en Acho como capeador de a pie.
  El 7 de agosto de 1859 actúan Antonio Marín y José Ortega; al quinto de la tarde llamado “Ají Mirasol” de la ganadería de Toribio Zavala se negó a matarlo Antonio Marín por lo que lo toreó José Ortega que fue cogido y recibió siete cornadas, una de ellas muy grave en una pierna que casi le fue amputada. El toro fue toreado y muerto por Ángel Valdez que de esta forma adquirió la categoría de matador de toros.
  En 1860 se casó en Palpa con Nicolasa Izásiga, con quien tuvo 7 hijos.
  Idolatrado por los aficionados, estos exigen a la autoridad que actúe como director de la cuadrilla o primer espada, un cargo que no le correspondía.
  El 2 de diciembre de 1860 se le programa como director de la cuadrilla por lo que  se niegan a actuar los hispanos Antonio Marín, José Ortega y José Lara “Chicorro”. El festejo iba a suspenderse pero Valdez habla con el empresario el coronel Felipe Ruiz y le dice que no se preocupe pues el sólo mataría a los 12 toros y además los banderillearía. Ángel Valdez mató los 12 toros de 12 estocadas y 1 pinchazo y como no tenía espada propia utilizo una corta y recta de propiedad del coronel Francisco Zavala.  
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  Volvería a matar los 12 toros los días 8 y 16 de diciembre 1860 hasta que el 30 de diciembre de 1860 José Ortega y José Lara “Chicorro” aceptaron torear con Ángel Valdez como director de cuadrilla. Aquí empezó una gran competencia entre Ángel Valdez y “Chicorro”, ambos practicaban el salto al trascuerdo y a la garrocha, “Chicorro” ponía muy bien las banderillas al cambio y el peruano lo hacía al cuarteo y con la boca, “Chicorro” toreaba mejor de capa y Ángel Valdez era muy superior con la espada. Cabe señalar que el 29 de octubre de 1876 en Madrid luego de matar a “Medias Negras” de Benjumea, se concedió una oreja a “Chicorro”, la primera que se otorgó en la historia del toreo.
  El 24 de noviembre de 1861 Valdez fue herido en el recto por un toro de “La Rinconada de Mala” siendo operado por el Dr. Francisco Almenara.
  El 19 de diciembre de 1869 se estrenaron los españoles Vicente García “Villaverde” doctorado en 1864 y el novillero Francisco Sánchez Povedano “Paco Frascuelo” hermano del célebre “Frascuelo”; con ellos actuó el nacional Juan Alberto Asín. Ángel Valdez no participó en las primeras corridas para no ocupar el segundo turno en la lidia. La empresa solucionó el problema anunciando en los programas a los cuatro toreros en aspa y fue el inicio de una intensa competencia entre los nacionales y los españoles dando lugar a que en una de las corridas  de 1870 el Alcalde de Lima y presidente del festejo Manuel Pardo ordenase que un escuadrón de caballería ocupase el ruedo para calmar a los exaltados espectadores.
  El 6 de febrero de 1870 toreó con “Villaverde” y “Paco Frascuelo” y lanzó su célebre grito antes de colocar un par de banderillas cortas con la boca “¡A ver quién puede hacer lo que yo hago!”; aquí acabó el pleito.
  El 29 de enero de 1871 se estrenaron Julián Casas “El Salamanquino” de 53 años de edad y 25 de matador de toros y Gonzalo Mora matador desde 1856; Ángel Valdez que toreó con ellos respetó la antigüedad de “El Salamanquino”.
  A finales de 1872 viajó a Montevideo acompañado por Mariano Soria “El Chancayano” y el banderillero Tomás Alvarado. Toreó 16 corridas con éxito asombrando a los espectadores por su certeza y contundencia al matar y fue ahí donde le pusieron “El Maestro”. Se le premió con medalla de oro y diploma de honor.
  Regresó en 1873 y la autoridad para evitar su obstinación decidió que el puesto de director de cuadrilla fuese sorteado y fue así que cuando retornó Vicente García “Villaverde” este salió favorecido en el sorteo dando lugar a que Valdez no quisiese torear en Acho hasta que “Villaverde” retorne a España.
  En 1883 fue nuevamente a Montevideo, siguió a Caracas y finalmente dio el salto a España donde tuvo muchas dificultades para torear posiblemente debido a la presión de los toreros españoles en represalia a los obstáculos que les puso Ángel en sus actuaciones en Acho.
  El 2 de setiembre de 1883 se presentó a confirmar su alternativa en Madrid actuando junto a Vicente García “Villaverde” y no hubo ceremonia de cesión de trastos. El primer toro que mató fue “Cucharero” un colorado de Bartolomé Muñoz. Su toreo no gustó. El 30 de setiembre de 1883 mató 6 toros en Cádiz y concluyó su gira europea toreando en Lisboa.  
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  Otra de las grandes hazañas de Ángel Valdez ocurrió el 24 de mayo de 1885 en una corrida de la Sociedad de Beneficencia Francesa en la que se anunciaba que el torero nacional lidiaría y mataría al famoso toro “Arabí Pachá” un semental de diez  años que había sido lidiado varias veces, y era el padre de “El Mucho Ojo” de 5 años que saldría en primer turno. “Arabí Pachá” era un toro berrendo, astifino, de gran romana y mucho sentido.
  Por primera vez los aficionados dudaron que su ídolo pudiese matar al toro y muchas señoritas y gente de los conventos le hicieron llegar escapularios y estampas para que contase con la protección divina.
  Ángel Valdez vestido de morado y plata esperó que el peligroso toro se fije cerca de tablas y caminó sigilosamente hasta el anca derecha del animal, lo llamó de un grito y cuando giró lo mató de una estocada entera a la media vuelta provocando el delirio en los tendidos, se arrojaron muchos puros, monedas y regalos y el público se lanzó al ruedo para acompañar en sus apoteósicas vueltas al torero.
  El 19 de febrero de 1889 Ángel Valdez fue herido en el muslo derecho por “Turbulento” de “La Rinconada de Mala” el toro fue devuelto a los corrales por orden de la autoridad. Tiempo después “Turbulento” volvió a ser toreado por Valdez y nuevamente  salvó su vida volviendo a los corrales debido a que cada vez que el torero se aprestaba a matarlo el toro se echaba en la arena.
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  Ángel Valdez toreo en Acho el 14 de febrero de 1892 y fue cogido por “Blanco Jazmín” un berrendo en negro procedente de Cañete y resultó con una herida en la cabeza y fractura del tobillo derecho,  Diego Prieto “Cuatro Dedos” le hizo el quite esforzándose para contener al toro y evitar mayores desgracias porque muchos aficionados bajaron al ruedo para auxiliar al herido.
  En su única corrida del año, el 22 de febrero de 1902 mató a “Zurcidor” del fundo Chacra Sana de Carlos Roca. La diabetes lo estaba minando.
  El 19 de setiembre de 1909 contando con 71 años mató su último toro, “Rompe Tablas”, sardo, capirote, botinero, bien armado de Agustín Miranda  de Mala, al que lo fulminó de una estocada. Nuevamente con mucha gente en el redondel, Ángel Valdez a hombros y provisto de una corona de laureles recibía los aplausos y regalos del público que pidió que los otros toros los matase “Bonarillo” pero a petición de la concurrencia y contando con la autorización del juez, cedió el cuarto de la tarde de nombre “Que se venga” al sobresaliente, Atilio Cerruti quien de esta forma se doctoró.
  La familia del torero confiaba mucho en su capacidad  y concurrían a la plaza cuando este actuaba ocupando uno de los cuartos desde dónde le alcanzaban la espada adecuada para cada toro.
 A sus espadas les puso el nombre de su familia, con la llamada “Ángel” mató al “Arabí Pachá”, la “Nicolasa” la empleaba en sus famosas mete y saca y con la “Agripina” mató a su último toro “Rompe Tablas”.
  Falleció el 24 de diciembre de 1911 víctima de una insuficiencia renal debida a la diabetes.  
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ADOLFO ROJAS “EL NENE”
http://www.aficionperu.com/images/blanc_3.gifAdolfo Rojas Barrios “El nene” (llamado así por su baja estatura),       fue uno de los más grandes toreros que ha dado el Perú, Nació en Jauja, en 1917. Fue hijo de un militar de la caballería del Ejercito peruano.
  Empezó a torear a los ocho años de edad y se retiro en 1995, en un festival en las Lomas de Villa, tras 70 años de actividad artística.
  Vivió gran parte de su niñez en el distrito del Rimac lo qwue le permitió presentarse como becerrista en la Plaza de Acho, en 1932, como parte de la Cuadrilla Juvenil, al lado de Alejandro Montani, Juan Risco y Fernando Vallejo. 
  En el año 1933 en Coracora, capital taurina de Ayacucho, estreno su primer traje de luces.
  Cuando se remodelo la plaza de Toros de Acho el 7 de enero de 1945, participo en la corrida inaugural, y tomo la alternativa  de manos de Rafael Ponce “Rafaelillo” y como testigo estuvo Juan Belmonte Campoy. Ese día mató al toro “Pajarillo” de la ganadería de La Viña.
  Renuncio a la alternativa y toreo en España como novillero. Debutó en Bilbao y salió a hombros de la Plaza de las Ventas de Madrid en 1947.
  También actuó en Salamanca y Barcelona y por Hispanoamérica paseo el arte de Cuchares por los cosos de Méjico, Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Cuba y Uruguay.
  A mediados de los años cincuenta regresa al Perú, recorriendo y deslumbrando con su toreo a todo el país.
  En 1982, fue homenajeado por el presidente Fernando Belaúnde Terry.
  El 24 de marzo de 2006, el Congreso de la República le otorgo la insignia y el diploma de Oficial del Congreso.
  Falleció a los 90 años,  víctima de una prolongada enfermedad que se le hizo patente, el año 2000 cuando sufrió una trombosis cerebaral en la madrugada

TARMA Y SUS TOREROS DE LA TIERRA

Tarma, nuestra bella Tarma, cuyo cielo viera torear , en su Plaza “Juan Belmonte” a los buenos toreros de antes, como Adolfo Rojas “El Nene” (pequeño, pero inmenso con su capote  y su muleta), al popular y espectacular banderillero Pedro Romero, José Scotto, Rafael Puga en sus inicios, el maestro Hugo Bustamante y su precioso caballo “Relicario”, el valiente torero Urquizo, el genial Humberto Valle, e incluso a la bella y más grande mujer torero de todos los tiempos “conchita Cintrón”, al diestro moreno y ganador del Escapulario de Oro del Señor de los Milagros Rafasel Santa Cruz,  y como menciona el historiador tarmeño  Alejandro Palomino en su libro “Manifestaciones de la Cultura Popular Tarmeña”, en Tarma lidiaron también toreros de la talla de Lagartijo, Mazzantini, Guerrita, Joselito, Belmonte, Ángel Valdez Franco “El maestro”, una leyenda del toreo peruano y otros.
Sin embargo, hubo también toreros tarmeños, como Carlos Sheperd, Alberto Alvarez, Luis Sovero, Juan Agostini, José Landeta, Juan Delgiudice, Isaac Fernández, Emilio Gabaldoni, Santos López, Teobaldo Santamaría, Miguel Goyas Gutiérrez “Tingachuchi”, que ensalzaron la tauromaquia de la tierra tarmeña.
Según la historia la afición de los tarmeños por los toros antiguamente era muy fuerte,  tal es así que durante la construcción de la Plaza “Juan Belmonte”, allá por los albores de 1900, se realizaban corridas en pro  de la construcción de la plaza tarmeña y Pedro Mascassi, callanchino y buen tarmeño que tanto hiciera por su provincia en los múltiples niveles donde participo,  quien en 1920  fundara la cuadrilla de “señoritos toreros”, llamados asi por la indumentaria o traje campero que solían vestir durante sus bonitas tardes de toros, de las que fueron protagonistas, entre los que podemos citar a Fidel Baldoceda “Lagartijo”, Luis Gadaldoni, Esteban Santamaría, Amílcar Cantella ”Mico”, que fue un gran banderillero  y otros grandes aficionados.
Ha habido toreros de la tierra en todos los tiempos, como es el caso de Fidel Baldoceda “Lagartijo”, quien cuenta que en esas épocas se toreaba por pagos pecuniarios, es decir que se  pagaban sus honorarios con alimentos o animales domésticos, poro demás esta decirlo, lo hacían con gran fervor taurino en las diversas plazas de la provincia (antes se construyeron plazas  en La Unión Leticia, más conocida como “Chancha Mina”, Picoy hasta Cerro de Pasco. Fidel Balmoceda es con toda justicia uno de los buenos toreros que tuvo la provincia de Tarma.
Por aquellos tiempos cada corrida  significaba toda una celebración en la casa de Fidel Baldoceda, pues era un acontecimiento digno de festejar con sus familiares , sus grandes amigos. De él se dice que era un eximio dominador del capote y la muleta.
Otro afamado torero tarmeño, fue Enrique Poma, más conocido como “Matonados”, llamado así porque puso unas banderillas en la espalda de un aficionado que no había quedado del todo satisfecho por una de sus actuaciones y tuvo la impertinencia de decírselo, toda vez que a Poma le había tocado en suerte un toro verdaderamente no se podía torerar. Desarrolló una labor, más de subalterno y como tal, le correspondía ejecutar la suerte de banderillas con la autorización de su matador de turno. Se cuenta que el mismo fabricaba y entrenaba en carretones caseros (pequeña  carretilla en cuyo extremo estaban las astas de un toro) todas las suertes del toreo con su capote y muleta. Nada le apasionaba tanto que estar frente a un toro bravo, que en aquellas épocas eran traídos de Cachi Cachi, (Junín), de Santa Rosa de Ñahuin y de otras ganaderías de la zona, lo que obviamente era todo un albur de bravura. Ya que varios de esos ejemplares salían matreros o con embestidas descompuestas o inadecuadas, lo que dificultaba enormemente  una buena lidia.

Otro torero tarmeño, inolvidable fue Oswaldo Meza Cuello “El Faraón”, hermano de dos grandes aficionados y promotores de las corridas en Tarma como fueron Carlos Meza y Amador Meza. Oswaldo fue un aficionado práctico controvertido, pues tenía un valor a prueba de todo, pues si faltaba un matador, allí estaba él para suplirlo, unas veces  participaba en lass corridas formales, otras formaba parte de una coorida bufa, como la graciosa y muy querida “Ña Pancha”, que arrancaba más de unaisa y aplauso al respetable. Cuenta su hermano Carlos que en ese entonces los toreros paseaban el día de la corrida por toda la ciudad, al compás de la  Banda Filarmónica de Tarma o del Colegio San Ramón y las banderillas colgaban esplendorosas de unos palos que los muchachos de aquel entonces las llevaban orgullosos.

"ROVIRA", RAFAEL SANTA CRUZ Y CONCHITA CINTRÓN, TRES TOREROS PERUANOS

“ROVIRA”

Raúl Acha Sáenz, llamado “Rovira” nació en Buenos Aires el 3 de marzo de 1920 y murió en Cuernavaca, México el 4 de junio de 2007), fue una  primera figura del toreo mundial y considerado un caso especial de torero con triple nacionalidad peruana, argentina y española.
De origen vasco nace Raúl Acha Sáenz el 3 de marzo de 1920 en la Ciudad de Buenos Aires, donde sus padres -Esmeraldo Acha, bailador y guitarrista, e Isabel Sáenz-, tenían diversos negocios entre los cuales destacaba uno muy próspero de carnes de exportación. Tuvo dos hermanos, Ovidio y Angelines, quién se casó con el empresario taurino Federico Lafuente López. A principios de los años 30 se van a vivir a España, ahí participa en capeas de pueblos de la provincia y desarrolla su interés por la tauromaquia. La tragedia de la Guerra Civil Española lo hace regresar a América a principios de los ``Años 1940. Desde Francia, a donde él y su hermano Ovidio huyeron después de la caída de Barcelona. En ese país estuvieron recluidos en un campo de concentración casi un año, del cual se escapan para embarcarse como refugiados al Perú, donde Rovira decide renunciar a su nacionalidad argentina para adoptar la de este país y así poder torear como novillero local. Es ganador del Trofeo de la Feria de Lima antecesor del Señor de los Milagros en el año 1944.
Tauromaquia.- Tras una campaña corta en el Perú, regresa a España para la temporada de 1945 – 46, en donde por su excelente técnica como estoqueador se convierte en uno de los novilleros punteros de la temporada española. Tomó la alternativa el 24 de junio de 1946, en Barcelona siendo su padrino de Manuel Escudero junto con Julián Marín y el mexicano Luis Briones. El toro de la ceremonia se llamaba: "Mochuelo" de Arturo Sánchez. Debido al muy notable éxito obtenido repitió en siete tardes más consecutivas en dicha plaza. Ese mismo año, el 10 de octubre, , tomó la confirmación, con toros de Joaquín Buendía, siendo su padrino "Gitanillo de Triana " y testigo Agustín Parra “Parrita”
Participó, con gran éxito, durante los siguientes años en plazas de España, México y Hispanoamérica. Siendo considerado uno de los tres matadores más importantes de ese período junto a Luis Miguel Dominguín y Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete". A la muerte de este en la Plaza de Linares la discusión de quién era la primera figura del toreo mundial había quedado establecida entre Dominguín y "Rovira", quien bajo argumentos contundentes se coloca en primer lugar, saliendo 4 veces por la Puerta Grande de la Plaza de las Ventas de Madrid en 1947,1948, y dos veces en 1949, cortando un total de 12 orejas.
Fue un torero de su época, muy atlético, luchador, decidido y arriesgado, considerado un torero de leyenda por la reciedumbre de su personalidad. Era un hombre alto, lo que le daba una presencia desgarbada pero al mismo tiempo le daba ventajas sobre el morrillo de los toros. En una entrevista realizada por Carmelo Torres a principio de los años ochenta, describió la manera de lograr su técnica depurada y única para no fallar al momento de entrar a matar, qué aprendió precisamente de su padre, quien era un experto en la morfología de los bovinos por su experiencia previa en el negocio de cortes de carnes. Explicaba
"Rovira" que entrenaba con sus estoques directamente sobre los troncos de los árboles en la Casa de Campo de Madrid utilizando el empuje de todo su cuerpo usando el pecho como palanca. Esto hacía que, lo que en otros toreros hubiera podido ser un "pinchazo en hueso", él lograra traspasar omóplatos ó vértebras en un solo intento con una efectividad superior al 90%.
Familia.- En Perú contrajo matrimonio, unión de la cual tuvo cuatro hijos: Isabel, Pilar, Esmeralda y Raúl. De su matrimonio con la artista Conchita Martínez, gran tonadillera, que interpretó la película "La morena de mi copla" nacieron 3 hijos: Raúl, Marioli y el reconocido cantante Emmanuel. Es por ende abuelo del cantante Alexander Acha..
Luego del fallecimiento de su esposa, continúa con su carrera taurina. Posteriormente contrae nuevas nupcias con Josefina Dupont, con quién tiene dos hijos: Erik y Dick.
Vida después del retiro.- Después de su retiro como torero activo, se dedicó a la labor de apoderado de toreros-el más destacado Antonio Lomelín- y empresario taurino en México y Sudamérica, desde mediados de los años 70's se dedicó completamente a manejar los intereses de su hijo Emmanuel, siendo uno de los factores administrativos más importantes para el desarrollo de esa espectacular carrera, residiendo cuando no estaban de gira, en el Sur de la Florida. En el año 2005 regresa a México donde fallece a consecuencia de un infarto el 4 de Junio del 2007 en la Ciudad de Cuernavaca.

Rafael Santa Cruz Gamarra.-
Nació en Lima el 3 de Julio de 1928, y falleció en la misma ciudad el 11 de marzo de 1991. Fue un torero afroperuano
Mostró rara estampa como novillero, ya que era alto, desgarbado, fornido y reidor. Pero se consagró como el último de los grandes matadores negros. En la Plaza de Toros de Acho, ganó el Escapulario de Oro de la Feria del Señor de los Milagros,  el máximo trofeo taurino del Perú. Era negro, muy negro, y gustaba de salir al ruedo de celeste y oro. Su temeridad parecía fruto de la indiferencia, pero su arte llegó a ser mayor. Tuvo una peculiaridad adversa: su estatura. A su lado, los toros parecían pequeños. Pero tenía un actuar escalofriante. Mientras ejecutaba manoletinas ceñidísimas, reía, destacándose en su piel morena los dientes blancos. Otras veces las ejecutaba riendo y mirando a los tendidos. El público deliraba y Rafael sonreía. Era La maravilla negra del toreo. Alguien lo llegó a llamar: Lima con traje de luces.
Recibió la alternativa en Barcelona, el 27 de julio de 1952, de manos de Luis Miguel Dominguín. Toreó en el Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, México, Portugal , España y Francia.
Fue el único torero afroperuano que actuó en el norte de África. Falleció el 11 de marzo de 1991, en la ciudad de Lima.
CONCHITA CINTRON

Concepción Cintrón Verrill, fue una gran rejoneadora,  más conocida en el mundo taurino con el nombre de “Conchita Cintron”, había nacido en Antofagasta (Chile), el 9 de agosto de 1922 y murió en Lisboa (Portugal), el 17 de febrero de 2009.
Conchita Cintrón que con el corree de los años  habría de convertirse en el referente mundial de la torería peruana. Estaba considerada como la mejor rejoneadora de la historia.
Biografia.- Su padre, Francisco Cintrón Ramos, puertorriqueño de ascendencia española y la nacionalidad norteamericana, y fue el segundo puertorriqueño en graduarse en la Academia Militar de West Point, en los Estados Unidos. Asignado al Regimiento 65 de Infantería destacado en Panamá, conoció allí a Loyola Verrill, con quién se casó. Conchita nació en Antofagasta, Chile, a mediados de los años 20, don Francisco (que había abandonado la carrera militar) fue enviado a Lima como representante de una firma comercial norteamericana con intereses en el Perú. Conchita tenía tres años cuando se mudaron a Lima.
La niñez de Conchita se desarrolló en la colonia extranjera radicada en Lima, con otros niños inmigrantes norteamericanos, sin contacto con el ambiente taurino de Lima. Pero pronto nació en ella la pasión por la equitación, y a los 12 años entró en la Escuela de Equitación de Ruy da Cámara, conocida como "El Picadero". Ruy da Cámara, rejoneador portugués, pronto se fijó en las dotes de la chica y concibió la idea de convertir a Conchita en figura del rejoneo y del toreo a pie. De este modo, se convertiría en su mentor.
En El Picadero, Conchita aprendió todos los secretos de la equitación. Se familiarizó con la baja escuela, el cabalgar a dos pistas, el galope indistinto sobre ambas manos del animal, el piaffé, el trote suspendido y la alta escuela, convirtiéndose en una gran caballista. Los sucesivos éxitos en exhibiciones y concursos de salto -muy en boga en Lima por aquella época- así lo demuestran.
Un día se le ocurrió al maestro incluir las prácticas de rejoneo en el repertorio de ejercicios de los alumnos, utilizando una silla. A Conchita le atrajo el nuevo juego, y pidió a su profesor que le enseñara todo lo referente al tema.
En el verano de 1936, Conchita pasaba con su familia, con unos amigos de sus padres y con Ruy y su mujer (Asunción) unos días de campo en la hacienda Santa Bárbara, en Cañete (al sur de Lima), propiedad de Manuel Barnechea, contertulio habitual de la Escuela de Equitación. Ruy tuvo que domeñar a un toro muy arisco que estaba causando serios problemas a los arrieros camino del matadero. Al cabo de media hora, Ruy invitó a montar a Conchita, lo que ella aceptó sin dudar. Mientras le ajustaban los estribos, volvieron a embolar al toro, que ya estaba agotado y no representaba un peligro

Debut.- En enero de 1936 se organizó en la plaza de Acho un festival benéfico de carácter hípico-taurino que incluía una exhibición de salto y, como colofón, la lidia y muerte de unos novillos de media casta por unos aficionados peruanos. A Conchita se le presentaba así la oportunidad de actuar en público por primera vez, poniendo en práctica todo lo aprendido hasta el momento.

El anuncio de una señorita rejoneadora alborotó el corrillo taurino de Lima y la plaza se llenó. En esta oportunidad, la actuación de Conchita se limitó a colocar algunos arponcillos en el morrillo del novillo que le tocó en suerte. Luego se retiró entre las calurosas ovaciones de un público, sorprendido por el atrevimiento de la niña. De este modo, Conchita iniciaba su camino por el mundo profesional del toro.
Ruy decidió construir una placita para el entrenamiento de su pupila. Para entonces, Conchita había realizado ya diversas actuaciones públicas, pero fue en esa placita donde complementó el ejercicio de su arte con el toreo a pie (toreo de muleta y suerte de matar). Como ella reconoce, el Tentadero de La Legua (que así se llamó a la placita) y los cófrades que lo conformaron constituyen un hito en su carrera.

Consagración en México.- En una ocasión, cuando Conchita tenía 16 años, el gran matador mexicano Chucho Solórzano, entonces en la cima de su popularidad y a la sazón contratado para la feria de Lima, vio actuar a la chica en la placita, y conversó con Ruy da Cámara para que se presentará en la capital mexicana. En junio de 1939, Conchita partió en un vapor a tierras mexicanas en compañía de Ruy y Asunción. Así, si Conchita se inició en el toreo en tierras peruanas, se hizo torera en México.

Chucho Solórzano y Rafael Vallejo -apoderado de Conchita durante los años de su estancia en México- prepararon el debut en la Plaza de El Toreo para el 20 de agosto.. La corrida terminó en triunfo y la curiosidad inicial del público por ver a una mujer torero se tornó en admiración al ver la desenvoltura de la niña ante los animales de casta.1 A la semana repitió, obteniendo el mismo éxito.
De agosto de 1939 hasta fines de 1943, Conchita toreó en la capital y los estados 211 corridas, matando a estoque 401 toros. Alternó con las más importantes figuras del toreo del momento y su carrera quedó definitivamente ligada a nombres como el de Fermin Espinoza “Armillita”, Lorenzo Garza, Luis Castro “El Soldado”, Luis Procuna, Silverio Pérez, Chucho Solórzano y de todos los grandes maestros mexicanos de la época, sin dejar de mencionar tres que grabaron su corazón por siempre: Juanito Gallo, Alberto Balderas y José González “Carnicerito de Méjico” -el primero un principiante, los otros dos consagrados- ya que los tres encontraron la muerte en el ruedo en tardes fatídicas, con ella presente.
Durante esos años todas las ferias de importancia de México contaron con la actuación de quien empezaron a llamar la Diosa Rubia del Toreo.

En América.- En 1944  Conchita Cintrón volvió al Perú. Cosechó diversos éxitos y fue recibida por el presidente Manuel Prado,, que le otorgó la nacionalidad. Inauguró la Plaza Monumental de Lima y también fue a  Santa Bárbara, donde rejoneó por primera vez.

Después viajó a Quito, Caracas y Santa Fe de Bogotá,  ciudad esta última donde, entre otras cosas, ofreció una corrida sólo para niños en la plaza Santamaría.

Europa y España.- Conchita Cintrón deseaba culminar su carrera toreando a pie en España.  Para esto Ruy da Cámara nombró como representante suyo en la península al famoso matador Marcial Lalanda (influyente apoderado en aquellos tiempos, que poco después habría de apoderar a Pepe Luis, Manolo Vázquez y Antonio Ordóñez)  para que allanara las dificultades que suponía quebrar la estricta reglamentación española que no permitía la presencia femenina en el ruedo.

Tras un paréntesis en Lisboa para su presentación en la plaza de Campo Pequeño –donde sufrió un boicot de los rejoneadores varones portugueses- Conchita Cintrón logró el permiso para rejonear, y debutó en la Feria de Sevilla de 1945, en la última de abono. El éxito le acompañó en esa y en las demás oportunidades que tuvo de actuar en España -el 13 de mayo de 1945 rejoneó con singular éxito un novillo de Garcigrande en Las Ventas de Madrid - pero el permiso para torear a pie y rematar sus faenas con el estoque no fue posible. Tan sólo le permitieron hacerlo en festivales benéficos a puerta cerrada, cosa que hizo con mucha frecuencia. Sí lo consiguió en Marruecos y Melilla, no sin sortear numerosas dificultades. No obstante, en la corta pero intensa campaña española de los siguientes años, en la que toreó en la mayoría de plazas españolas, dejó la impronta de su arte, alternando con figuras principales del toreo de entonces.

Final de su carrera.-La campaña de 1950 marcó el fin de la carrera taurina de Conchita Cintrón. Se despidió en primer lugar del público francés (en Francia había actuado en sus principales ferias) en Burdeos el 1 de octubre de esa temporada, estoqueando y desorejando dos novillos de José Infante Da Cámara. De los ruedos españoles se despidió en Jaén el 18 de del mismo mes. En aquella oportunidad, desafiando la prohibición, toreó de muleta una res de Oliveira.

El 5 de septiembre de 1951,, Conchita se casó con el portugués Francisco de Castelo Branco, sobrino de Ruy, y vivía con su marido e hijos cerca de Lisboa, hasta su fallecimiento el 17 de Febrero de 2009.

Escribió una autobiografía titulada Recuerdos.

viernes, 7 de febrero de 2014

EL COMBATE DE ABTAO - UNA ALIANZA DE PERUANOS Y CHILENOS CONTRA EL ENEMIGO


La Alianza de Abtao

Tras una larga crisis, España había comenzado a recuperarse durante el gobierno de Isabel II (1833-1868). Como parte de ese proceso había reconstruido su poder naval y enviado expediciones a Asia y a África. También había intervenido en dos de sus antiguas colonias americanas, retomando bajo su soberanía a los dominicanos en 1861 y capturando al año siguiente el puerto de Veracruz, junto con británicos y franceses. En ese contexto de 1863 arribaron a las costas del Pacífico tres naves de guerra españolas conduciendo una comisión científica. Fueron vistas con suspicacia. No faltó razón para ello. En 1864 capturaron las islas Chincha y estuvimos a punto de irnos a la guerra.
Las cosas se calmaron tras la firma del tratado Vivanco-Pareja, pero las hostilidades se reanudaron a principios de 1866, cuando la reforzada fuerza naval española –al mando del brigadier Casto Méndez Núñez– inició operaciones contra Perú y Chile. Los limitados medios navales peruanos y chilenos no eran rivales para dicha fuerza, particularmente para la fragata blindada Numancia, una de las naves más poderosas del mundo en ese entonces. La única opción que les quedaba a los gobiernos de Lima y Santiago era preservar sus medios navales hasta el arribo de los recién construidos blindados peruanos Huáscar e Independencia, pudiendo luego operar con alguna posibilidad de éxito.
Fue por ello que en febrero de aquel año tres de nuestras naves –la fragata Apurímac y las corbetas América y Unión– y dos naves chilenas –la corbeta Esmeralda y la goleta Covadonga– se encontraban reunidas en el pequeño canal que se forma entre la isla Abtao y el continente, al noreste de la isla de Chiloé. El comandante aliado era el capitán de navío Williams Rebolledo. El 5 de febrero éste se había alejado de la zona con la Esmeralda, dejando al mando al veterano capitán de navío peruano Manuel Villar. Dos días después se avistó a las fragatas españolas Blanca y Villa de Madrid, que llevaban ya algunas semanas buscando a las naves aliadas. De inmediato Villar dispuso que sus cuatro buques formaran una línea y se prepararan para el combate contra unas naves de mayor porte que las suyas.
A las naves españolas, al mando del capitán de navío Claudio Alvargonzález, les tomó casi 10 horas sortear los peligros de esas aguas. La acción se inició a las 4:15 p.m. Durante una hora y quince minutos se intercambiaron unos 1,500 disparos, a una distancia que oscilaba entre 1,000 y 2,500 metros. Finalmente, las fragatas españolas optaron por retirarse sin poder destruir a las naves aliadas. Estas últimas habían prevalecido sobre sus contrincantes y, aunque inútilmente, continuarían aguardando al arribo de los blindados peruanos. Todos los buques sufrieron daños y tuvieron bajas, pero los únicos muertos en la acción fueron dos marineros de la Unión.
En este combate tomaron parte muchos de los marinos peruanos y chilenos que 13 años después se enfrentarían defendiendo a sus respectivos países. Aquí la relación. Apurímac: capitán de corbeta, José Sánchez Lagomarsino; teniente primero, Guillermo More; guardiamarinas, Enrique Palacios, Decio Oyague y Leoncio Prado; y amanuense, Adolfo King. América: guardiamarina, Diego Ferré Sosa.Unión: capitán de fragata, Miguel Grau y teniente primero, Elías Aguirre. Covadonga: capitán de corbeta, Manuel Thomson; teniente segundo, Carlos Condell de la Haza y teniente segundo, Arturo Prat.

Aquella gesta evidenció que, en la medida en que los intereses peruanos y chilenos estén alineados, podemos trabajar juntos por un objetivo común. Esto no implica que olvidemos nuestras diferencias ni renunciemos a nuestra historia, pero constituye una lección para las generaciones actuales y futuras.

HlSTORIA DE LAS CORRIDAS DE TOROS EN EL PERU

La corrida de toros no es una tradición heredada del antiguo Imperio de los Incas, ya que sólo se remonta a los primeros años de la llegada de los españoles, y por supuesto no antes de que el ganado bovino importado por los colonos llegara al Perú, primero para alimentación de la población hispana y luego cuando se desarrolló se pudo realizar selección sobre el ganado bravo.
Ricardo Palma en un lugar de su obra “Tradiciones Peruanas” dice que la primera corrida lidiada en Lima fue en 1538 en celebridad de la derrota de los Almagristas, de lo cual no hay una fuente de datos fidedigna, y la otra en cambio es que la primera corrida se dio el lunes 29 de marzo de 1540 por la consagración de óleos, de la cual también se da cuenta en libros narrativos e históricos del clero.
Los conquistadores españoles Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque pisaron por primera vez tierra del vastísimo imperio, desembarcando efectuado en el norte del Perú a principios de 1532. Aprovechó Francisco Pizarro para sus fines de conquista, la lucha que sostenían los dos soberanos Huáscar y Atahualpa, hijos y herederos ambos del fallecido Inca Huayna Cápac. Muertos los dos reyes Incas avanzó Pizarro hacia la capital del Imperio Incaico en el Cuzco, consolidando poco después la conquista española.
Desde el primer momento surgieron desavenencias entre los capitanes españoles Pizarro, Almagro, Hernando, Juan y Gonzalo Pizarro, y Francisco de Carvajal. Duró este sombrío período de conquista hasta que poco a poco, y por unas causas u otras fueron muriendo los protagonistas del drama. En circunstancias tan adversas, era natural que la fiesta española no enraizara, ya que todo lo hicieron por el avasallamiento. Existieron corridas de toros y de eso da fe el Inca Gracilazo de la Vega en sus crónicas de la obra “Los Comentarios Reales”. Las corridas debieron ser muy pocas en los primeros años, es de suponer por el escaso ganado vacuno que había no permitía grandes temporadas, como hoy en día.
La lucha que los conquistadores sostenían entre sí concluyeron en 1556, con la llegada del tercer Virrey, don Andrés Hurtado de Mendoza, hombre prudente y enérgico, que pronto consigue pacificar el virreinato condenando a unos, enviando a España a otros o embarcando en la dudosa aventura a “El Dorado” a los más ambiciosos. “El Dorado” era el nombre que se le daba a una región del Amazonas, la que cautivaba a aquellos anhelantes de riqueza, o a los revoltosos e inquietos españoles que restaban unidad a la corona.
Consignó estos hechos y esta fecha por fundamentales para el establecimiento definitivo de las fiestas de los toros en Nueva Castilla y por haber reconocido el citado Virrey Hurtado de Mendoza lo siguiente: “los derechos que el Alguacil Mayor de esta ciudad había de llevar por la ocupación y trabajo que tenía cuando se corran toros ..... y suplicamos ahora a Su Excelencia que de los toros que en esta ciudad corriere en las fiestas ........ que el primer toro que se corriere de cada una de las dichas fiestas, sea y se dé al Alguacil Mayor de esta ciudad, atento a que él y sus alguaciles se ocupen mucho en el hacer y deshacer y guardar las talanqueras ......”, según expresa José Emilio Calmell en su libro “Historia Taurina del Perú”, publicado a mediados del siglo pasado.
El Convictorio de San Carlos y la Facultad de San Fernando (hoy Universidad Nacional Mayor de San Marcos) obligaba por aquellos días a sus alumnos que se doctoraban, a costear una corrida de toros como agradecimiento. Así se expresaba en su constitución: “Y más ha de ser obligado el que se doctorase a dar toros que se corran aquel día del grado en la plaza pública de esta ciudad”.
El 27 de julio de 1622 se dio una corrida en la Plaza Mayor de Lima para agasajar a un nuevo Virrey, don Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar. Y en septiembre del mencionado año volvieron a correrse toros: “Se hicieron fiestas reales de toros y cañas, y se convidó al Virrey, Audiencia y Universidad para que las viesen en las casas de Cabildo, cuyas galerías estuvieron ricamente colgadas y se dio colación a todos sus concurrentes y sus mujeres. Salieron a caballo muchos caballeros ricamente vestidos a lo cortesano, con rejones en mano y llevando pajes de librea ... En las ventanas, balcones, terrados y tablados de la plaza había gran concurso de gente y se jugaron veinte toros; los caballeros hicieron algunos lances y mostraron su bizarría”.
En la época del mandato del Virrey Marqués de Guadalcázar se celebraban las fiestas más suntuosas que acaso se celebraron en Lima hasta entonces. Fue el motivo el regocijo por el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos. La organización corrió a cargo de los gremios de la ciudad (confiteros, pulperos, sastres, zapateros, orfebres, herreros y comerciantes), que procuraron excederse en el rumbo y el acierto, pues a cada uno se le asignó un día de los siete que duraron las corridas. Comenzaron los confiteros y siguieron los pulperos, los sastres, los zapateros, los plateros, los herreros y los mercaderes. Por cierto, que en ellas tomó parte, y muy brillante, el tratadista taurino don Juan de Valencia que a la sazón se encontraba en el Perú, dejó bien sentado la cátedra de tauromaquia que practicaba con destreza, lo mismo que escribía en sus preceptos y ordenanzas. Su mayor éxito lo obtuvo en la última corrida, es decir, la de los mercaderes, en la que se hartó de hacer buenas suertes con los toros.
Se ha citado el nombre de Juan de Valencia por su notoriedad en la historia de la preceptiva taurina, porque además, debemos considerarle como el primer diestro famoso que envía el Perú a España, pues en las fiestas taurinas de la corte acreditó su competencia, siendo de los más famosos rejoneadores entre los nacidos entonces. Había nacido en Lima en 1605 y pertenecía a una ilustre familia zamorana que presumía de linaje real, como descendientes del famoso infante don Juan Manuel, y don Juan de Valencia el del infante se hizo llamar nuestro limeño rejoneador.
Don Juan de Valencia el del Infante nació el mismo año que Felipe IV que es autor de las “Reglas para torear y para poderlo errar”, pues don Juan como tantos autores de reglas de torear, unía la preceptiva a la práctica del rejoneo, que toreó en la ‘Puerta del Sol’ en Madrid el miércoles 2 de octubre de 1641 con motivo de la traslación de la imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso. Confiesa en su citada obra firmada en Madrid el 26 de octubre de 1639, habitar en la Villa y Corte a partir de los catorce años de edad, esto era, unos veinte años.
Es imposible hablar de cuantas fiestas de toros se verificaron en Lima durante el virreinato. Sólo nos referiremos a las más importantes o a las que, desde el punto de vista taurómaco, hayan tenido alguna significación.
En 1659 y 1660 hubieron diez “Corridas Reales” de toros por el nacimiento del príncipe Felipe, hijo de Felipe IV. Como en España estas fiestas resultaban animadas y variadísimas, el Virrey, Conde de Alba de Liste, jugaba cañas; intervienen caballeros rejoneadores; hay alcancía, fuegos, luminarias, pila de vino, toro con artificio de fuego por la noche; lucha de moros y cristianos; lanzada, volatín en una maroma; moharra, toro ensillado, máscara ridícula y figuras alusivas a diversos temas. En la última fiesta por el alumbramiento real, se echó un toro para los indios, montaron éstos en la plaza un castillo, al que rindieron tras un simulacro de lucha, y “salieron dos indios a garrochar a los toros”.
En años posteriores se verifican también fiestas de toros: el 15 de noviembre de 1667, con ocasión de la llegada del Virrey Conde de Lemos al puerto del Callao, se celebra una corrida en esta ciudad, el 24 de julio de 1668. Otra en Lima por el nacimiento de un hijo de este Virrey en la que se corrieron toros ensogados.
El mismo Virrey Conde de Lemos escribió la relación de las fiestas celebradas en la Ciudad de los Reyes con ocasión de haber sido beatificada Rosa de Lima. Esta fue una de las siete corridas de toros que se dieron por aquel entonces.
No todos los virreyes fueron amantes de las corridas. Tal fue el caso del Conde de Chinchón que en determinado momento trató de impedir la celebración de las corridas de toros, lo que dio lugar a que durante el virreinato del Marqués de Mancera, Su Majestad el Rey Felipe IV dictara una Real Cédula a favor de la celebración de las corridas de toros.
Durante muchos años las fiestas de toros se verificaron en la Plaza Mayor de Lima, cerrándose con talanqueras, tablados y barreras, en todo el contorno interior de dicha plaza, con lo que quedaban tapadas las ocho calles que de ella partían. Durante el gobierno del cuarto Virrey (1561-1564), don Diego López de Zúñiga, Conde de Nieva, se construyeron los arcos de esta plaza y se determinó que fueran anualmente cuatro las principales fiestas de toros, autorizando un gasto en colación de ciento cincuenta pesos para cada una de ellas. Habían de darse las corridas en: Pascua de Reyes, San Juan, Apóstol Santiago y Nuestra Señora de la Ascensión. Además, solían celebrarse corridas a la llegada de nuevo virrey, juramentación u conmemoración de monarcas, canonizaciones y con otros pretextos. Para las corridas de menos importancia o menos suntuosas, se habilitaban plazas o plazuelas que no eran la Mayor (o llamada la de Armas), entre las que figuraban: plazoleta de Santa Ana, plaza de la Inquisición, plazoleta del Cercado, plaza de Cocharcas, plazoleta de Santo Domingo, etc.
Las fiestas de toros no entusiasmaban solamente en el Perú a los españoles, si no que al parecer, también los esclavos negros e indios dominados, gustaban de esta corridas, inicialmente como pasivos espectadores, y luego también como activos toreadores. En un concilio provincial, los prelados pidieron “que no se corran toros entre indios, ni por semejante ocasión les hagan poner las talanqueras sin pagarles, y haciéndoles perder la misa en día de fiesta ...”, según se describe en uno de los libros del cabildo de esa época que se guarda celosamente en la biblioteca de la Municipalidad de Lima.
En todo el siglo XVII son numerosísimas las fiestas de toros, pues la pasión no había disminuido, abundando mucho más los datos históricos.
En 1602 los dominicos organizan en la plazoleta de Santo Domingo una suntuosa corrida como término de los festejos con motivo de la canonización de San Raimundo de Peñafort. En ella tomaron parte muchos caballeros de la aristocracia limeña.
Se cita que el 8 de enero de 1670 hubo toros y cañas en Lima, el día 27 del mismo mes cuatro caballeros clavaron rejones: don Luis de Sandoval dio un rejonazo, sacando malherido el caballo; don Manuel de Andrade puso dos rejones, despedazando al toro; don Diego Manrique atravesó el cuello del toro con un rejón, y don Cristóbal de Llanos mató tres astados, por lo que fue vitoreados. El 13 de febrero de 1672 se corren toros ensogados; el 11 y 13 de agosto de 1674 se celebraron corridas en el puerto del Callao a la llegada del Virrey don Baltasar de la Cueva; el 6 de noviembre del mismo año, en celebración del cumpleaños de Carlos II, se organiza una corrida de toros en la Plaza Mayor de Lima.
En 1682 el Virrey Duque de la Palata prohíbe “llevar toros a las cercas y plazuelas de los conventos de religiosas para correrlos”. El día 8 de diciembre de 1963 don Melchor Portocarrero, Conde de la Monclova y vigésimo tercer virrey del Perú, organiza una gran corrida en la Plaza Mayor de Lima para celebrar la reedificación del Cabildo, del Palacio y de los Portales de dicha Plaza Mayor, destruidos por el terremoto de 1687.
Con el nuevo siglo la fiesta de toros en el Perú comienza a tener un aspecto que, a lo largo de la centuria, evoluciona hacia el predominio del torero de a pie, pues actúan con mayo regularidad toreros profesionales, da comienzo a la edición de listas de los toros que saldrán en cada corrida, y los capeadores de a caballo, un modo de torear peculiar de este reino, trabajan en casi todas las funciones, sin olvidar los rejoneadores profesionales, que también figuran.
En octubre de 1701 se verifican en Lima fastuosas fiestas de toros para celebrar la proclamación de Felipe V. En ellas es donde aparece el primer listín o lista de los toros, antecedente del cartel, en que se consignan los nombres de los astados, las pintas de éstos y las ganaderías de que proceden, como ejemplo: “El Gallardete, overo, de Huando; El Invencible, retinto, de Bujama, y otros ...”.
Con motivo del nacimiento del Príncipe de Asturias Luis Felipe, después Luis I, hubo en Lima fiestas reales de toros. Con motivo de sus bodas también se celebraron varias corridas: “la primera el 12 de abril, la segunda el 13, la tercera el 17, la cuarta el 19, la quinta el 21 de igual mes del año de gracia de 1723”. Y aún cuando en la relación titulada “Júbilos de Lima”, de Peralta y Barnuevo, no aclara demasiado, pareciera ser que hubieron más corridas de toros que esas cinco a las que se han aludido. Y al año siguiente también se corrieron toros por haber sido jurado don Luis como heredero de la Corona de España.
Por aquellos años se festejaron con corridas dos canonizaciones: la de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo el 10 de diciembre de 1726 y la de San Francisco Solano el 27 de diciembre de 1726.
El 29 de julio de 1737 se jugaron veintidós toros en el pueblo de Surco (actualmente distrito de Lima Metropolitana). Al concluir el primer tercio del siglo XVIII eran abundantes los toreros que ejercían en el Perú esta profesión, actuando principalmente en corridas ordinarias y hasta en los pueblos más pequeños, aún cuando en las listas de toros, donde ya figuraban por esa época las divisas de las ganaderías, no aparecen, sin embargo los nombres de aquellos lidiadores empiezan a parecer en los listines taurinos.
En el año de 1756 se levanta en Lima la primera plaza de toros, pero de madera, los productos de las corridas en ella verificadas, estaban destinados a la reconstrucción del Hospital de San Lázaro, destruido por el terremoto de 1746, plaza que había de ser también la primera en América hecha ex profesamente.
En la Plaza Mayor de Lima, y en 1760, se celebra una real fiesta de toros para festejar la elevación al trono de Carlos III. Dos años después en igual escenario, se organizan cuatro corridas como agasajo al nuevo Virrey don Manuel de Amat y Juniet amante de la famosa Miquita Villegas “La Perricholi”.
Durante el mandato de este virrey se construyó la plaza firme de Lima, estrenada aún sin concluir el 30 de enero de 1766. No por ello dejaron de jugarse toros en la Plaza Mayor, especialmente cuando se trataba de fiestas reales, y en diversas plazuelas, hasta en el teatro. Los limeños se sentaban en la plaza a las diez de la mañana para presenciar el encierro y no se levantaban hasta verlos lidiados, por la tarde, los veinte toros de que solía constar las corridas de aquella época, como en Sevilla, Valencia, Madrid o en cualquier ciudad española.
En la temporada de 1780 ya figuraban en la Plaza de Toros de Lima o “Plaza de Acho” los nombres de los lidiadores siguientes:
Matadores: Manuel Romero, El Jerezano, y Antonio López, de Medina Sidonia.
Picadores y Rejoneadores: José Padilla, Faustino Estacio, José Ramón y Prudencio Rosales.
Capeadores de a caballo: José Lagos, Toribio Mújica, Alejo Pacheco y Bernardino Landaburu.
Tres suertes al menos eran privativas del toreo peruano del siglo XVIII, éstas eran: la suerte del puñal, la monta de toros al pelo y/o ensillados; y el capeo desde el caballo.
Por la exaltación al trono de Carlos IV se celebraron corridas de toros en la Plaza Mayor del Virreinato del Perú, y durante el año de 1790, varias corridas reales. En ellas intervinieron rejoneadores profesionales, capeadores, doce toreros de a pie (cuyos nombres no se consignan en el listín), dos desjarretadores ...
Las últimas corridas del siglo XVIII fueron: cinco fiestas reales en 1791 para agasajar al Virrey Fray Francisco Gil de Taboada, en la Plaza Mayor de Lima, con rejoneadores, capeadores y doce toreadores divididos en dos cuadrillas: una de las cuadrillas fue la de Miguel Utrilla y la otra la del peruano José Pizi.
Las temporadas de 1792 a 1795 se desarrollaron normalmente en la Plaza de Acho. Al siguiente año de 1796 hubo cinco corridas reales en la Plaza Mayor de Lima para recibir al nuevo Virrey Marqués de Osorno, en las que intervinieron capeadores de a caballo, rejoneadores y matadores, banderilleros y picadores europeos, y doce toreadores del país, cuyos nombres no figuran en el cartel.
Tres corridas extraordinarias más presenciaron los limeños en su Plaza Mayor (o también llamada Plaza de Armas) el año de 1797, organizadas para reunir recursos con que terminar las torres de la catedral. Ese mismo año la temporada continuó normalmente en la Plaza de Acho, donde desde algunos años atrás se acostumbraba echar un toro para ser lidiado por aficionados bisoños, algunos de los cuales se harían toreros profesionales.
El siglo XIX comenzó en la Plaza de Acho con la consabida temporada de diciembre a enero (1800 - 1801). Figuraron como actores cuatro capeadores de a caballo, dos rejoneadores, dos banderilleros europeos, tres matadores con espada, cinco matadores con puñal y banderilleros, dos capeadores de a pie y dos desjarretadores, innominados. Siguen figurando en los programas la lanzada, parlampanes (individuos mojigangeros), perros; además el nombre, procedencia, pinta y divisa de los toros, más un astado para muchachos noveles.
Las sucesivas temporadas en la Plaza de Acho se desarrollaron normalmente a lo largo de diciembre de 1806 y organizadas por el ayuntamiento limeño, efectuándose cinco corridas de toros en la Plaza Mayor de Lima para festejar el recibimiento del Virrey don José Fernando de Abascal.
Cuatro corridas más, todas ellas extraordinarias, se verificaron en enero de 1807, y dos corridas extraordinarias también, los días 3 y 9 de febrero siendo estas las últimas que se efectuarían en la Plaza Mayor de Lima. En adelante se celebraron únicamente en la plaza firme de Lima (Plaza de Acho), por cierto con muy buenos rendimientos para sufragar a las necesidades económicas que las luchas por la emancipación exigían.
Proclamada la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 continuaron las corridas, aunque con toreros del país y algunos toreros mexicanos, haciéndose una sola excepción con el diestro gaditano Vicente Tirado, que durante el virreinato ya contaba con muchas simpatías, y que siguió actuando hasta 1836 en que fallece.
Con la Independencia del Perú no quedó torero español alguno en el país, excepto Vicente Tirado. Como consecuencia de tal acontecimiento, las suertes de pica y banderillas desaparecieron temporalmente, quedando para quebrantar a los toros el capeo a caballo, tradicional modo del toreo nacional, ejecutándose la llamada ‘Suerte Nacional’.
El 7 de enero de 1849 se presentó en Lima la primera cuadrilla de toreros españoles. Con esta cuadrilla resucitó en el Perú las suertes de pica y banderillas. Y a partir de ese año ya se hace más frecuente la visita de toreros hispanos. El primer matador de cierto relieve que pisa el albero de la Plaza de Toros de Acho es Gaspar Díaz “Lavi”, diestro español. Se presentó el 16 de noviembre de 1851. Y en 1856 se estrenó en Lima José Lara “Chicorro” quien actúo hasta el año de 1885.
Como matador efectúo su presentación en Lima en 1859, el nacional Ángel Valdez “El Maestro”. Este valeroso diestro ejercía la profesión con el aplauso y la admiración de todos hasta el 19 de septiembre de 1909.
En 1869 se presentaron en Lima los diestros españoles Vicente García “Villaverde” y Francisco Sánchez “Frascuelo”; en 1870, Manuel Hermosilla y Francisco Díaz “Paco de Oro”. Ese mismo año se hizo empresario de la Plaza de Acho el acaudalado limeño don Manuel Miranda. llevando a cabo en ella una profunda reforma. Mientras las obras se efectuaban, viajó a España para contratar toreros y adquirir toros. En efecto compró seis toros y doce vacas de Veragua, seis astados de Miura, seis de Colmenar, doce de Mazpule y seis de Navarra. Como tenía el propósito de fundar una ganadería brava, adquiere la finca de Cieneguilla, en el valle de Pachacámac. Traslada a ella un semental y más de cien vacas compradas a la acreditada ganadería del país “Rinconada de Mala” y otras hembras de diferentes ganaderos peruanos. Este ganado desapareció años después en la guerra sostenida entre Perú y Chile.
En el transcurso del siglo XIX las corridas sufrían una seria transformación hasta ejecutarse totalmente como en España, pues desaparecen los “capeadores de a caballo”, imponiéndose los picadores. Decir que casi todos los toreros españoles han toreado en Lima parece una exageración; sin embargo, no lo es.
Desde 1871 torean en la Plaza de Acho entre otros, Julián Casas “El Salamanquino”, Gonzalo Mora, Cúchares de Córdoba, Gerardo Caballero, Ángel Fernández “Valdemoro”, José Ponce, Ángel Pastor, Cacheta, Rebujina, José Machío, Cayetano Leal “Pepe-Hillo”; en 1891 torearon “Cuatro Dedos”, que gusta muchísimo por la maestría con que ejecuta las suertes. Al año siguiente regresó “Cuatro Dedos” al Perú llevando consigo cuatro sementales de Miura, dos de los cuales consiguió vender a los ganaderos don Vasco Fernández y a don Federico Calmet. Hasta la conclusión del siglo pisan todavía el ruedo de la Plaza de Acho algunos banderilleros y espadas españoles. Entre estos últimos: Manuel Nieto “Gorete”, José Villegas “Potoco”, José Pascual “Valenciano”, Juan Antonio Cervera, Francisco González “Faíco” y Antonio Escobar “El Boto”.
En 1901 se presentaron en Lima los diestros Francisco Bonal “Bonarillo” y “Capita”, ese mismo año llega nuevamente de España el picador “Faíco” con cuatro sementales españoles, que adquieren ganaderos peruanos.
El 22 de febrero de 1902 torea Ángel Valdez “El Maestro” su penúltima corrida, pues por enfermedad no vuelve a lidiar hasta 1909, en que se retira.
En la cuadrilla de Manuel Molina “Algabeño Chico” hizo su presentación en Lima un 13 de abril de 1902 el famoso piquero madrileño Manuel Martínez “Agujetas”, a quien se debe definitivamente la implantación en el Perú de la suerte de varas.
Más presentaciones como las de Antonio Olmedo “Valentín” y Ángel García “Padilla”. En el año de 1903 se presentó Juan Sal “Saleri”, en 1904 “Guerrerito”, en 1905 Vicente Pastor, en 1906 “Lagartijillo”, José Machío Trigo, “Lagartijillo Chico”, en 1907 “Cocherito de Bilbao”, y en 1909 “Platerito”.
Es necesario destacar que el domingo 19 de septiembre de 1909 se despidió en Lima, el matador peruano Ángel Valdez “El Maestro” matando de una magnífica estocada un toro de seis años que no había sido picado. Contaba a la sazón setenta años de edad, no andaba muy bien de salud y cumplía cincuenta años como lidiador. Falleció el 24 de diciembre de 1911.
Los diestros que por sus actuaciones destacaron en los años siguientes fueron: Agustín García “Malla”, Rodolfo Gaona, José Ignacio Sánchez, José Gárate “Limeño”, José Gómez Ortega “Gallito” o “Joselito” y Juan Belmonte.
En 1918 se jugaron por primera vez toros del cruce español de Veragua con vacas de “El Olivar”, de propiedad de don Manuel Celso Vásquez. En la temporada de 1919 –1920 toreó el diestro de Gelvés José Gómez Ortega “Joselito” en varias tardes. También actúo en Acho “Chicuelo” en la temporada de 1921 – 1922. Sin embargo Rafael Gómez “El Gallo”, obtuvo éxitos de clamor. Marcial Lalanda (1927 – 1928) demostró cuanto valía; Antonio Cañero quedó muy bien a caballo y a pie (1929 – 1930); el venezolano Julio Mendoza toreó entre grandes aplausos en el año de 1934, el rondeño El Niño de la Palma también gustó allá por la temporada de 1934 – 1935.
En el año de 1944 un grupo de aficionados limeños entre los que destacan Fernando Graña Elizalde, Alejandro Graña Garland, José Antonio Roca Rey deciden tomar en arriendo la Plaza de Acho a través de la Sociedad Explotadora de Acho por 20 años, con la condición puntual de remodelar la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho) aumentando su capacidad de 6,700 a 13,300. Se hicieron excavaciones para ahondar el ruedo y elevar la plaza con la finalidad de dotarla de mayor capacidad.
En 1946 gracias a la primigenia idea del crítico del diario “El Comercio” don Fausto Gastañeta “Que se vaya” y la gestión de su sucesor, el no menos afamado crítico taurino Manuel Solari Swayne “Zeñó Manué”, se crea la importante Feria del Señor de los Milagros, que hasta la fecha existe, y que desde entonces han pasado por Lima, las principales figuras de la coleteria mundial, así como también las más prestigiosas ganaderías del planeta taurino. Dando por descontado el éxito de los torero peruanos y del ganado nacional.



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