sábado, 15 de noviembre de 2014

JULIO CARO BAROJA, UNA DE LAS FIGURAS INTELECTUALES ESPAÑOLAS MÁS DESTACADAS DEL SIGLO XX

Julio Caro Baroja, nació el 13 de noviembre de 1914 “alrededor de las ocho de la tarde” y murió en Vera de Bidasoa, Navarra el 18 de agosto de 1995, fue  un antropólogo, historiador, lingüista, folklorista y ensayista español, sobrino del escritor Pío Baroja y del pintor y escritor  Ricardo Baroja, liberales como él, independientes,  solterones.y un poco cascarrabias.
Era hijo  del editor Rafael Caro Raggio y de Carmen Baroja y hermano del documentalista, etnógrafo y escritor Pío Caro Baroja, Pertenecía a una familia de gente ilustrada y liberal, entre los que se encontraba un famoso conspirador romántico, fue discípulo de Telesforo Aranzadi, José Miguel de Barandiarán ,Hermann Trimborm y Hugo Obermaieri quienes lo encaminaron a la historia y a la etnografía.
Se doctoró en Historia antigua por la Universidad de Madrid, donde ejerció brevemente como profesor. Posteriormente dirigió el Museo del Pueblo Español de Madrid, pero trabajó básicamente en solitario. Por distintas razones, tanto personales como circunstanciales, se mantuvo al margen de la universidad, excepto durante dos cortos períodos de docencia, uno en Coimbra y otro, mucho más tarde, en el País Vasco.. Realizó numerosos viajes por España y el extranjero, con estancias prolongadas en Estados Unidos e Inglaterra (entre 1951 y 1953), dedicándose, como dijo alguna vez, «a sus labores».
Fruto de su formación y de los maestros que tuvo, sus primeros trabajos tratan sobre temas etnográficos, escritos cuando tan sólo tenía 15 años, así como su tesis doctoral en 1941, que fue la base de una trilogía muy posterior acerca de los ciclos de las fiestas de invierno (El carnaval, 1965), de primavera (La estación de amor, 1979) y de verano (El estío festivo, 1984).
No se puede denominar a Julio Caro un novelista porque sus ocupaciones  especificas tuvieron otro sentido que no se integra por entero en la ficción, pero sus trabajos como etnólogo, antropólogo, historiador y memorialista no son ajenos a la narrativa. Escribió mucho en la soledad de su gabinete y después del éxito popular de “Las Brujas y su mundo”, casi se convierte en una figura renombrada.
En sus primeros libros se expone una síntesis de la etnología en España y en particular de la del País Vasco: Los pueblos del norte de la península Ibérica (1943), Los pueblos de España (1946), Los vascos (1949).
Sus estudios relacionados con aspectos tecnológicos vienen de la época en que dirigió el Museo del Pueblo Español. Entre ellos caben destacar los dedicados a los arados españoles (1949) y a los molinos de viento (1952), publicados en la Revista Dialectología y Redacciones Populares, , de la que fue director durante quince años.
Viajar al Sahara en 1952 hizo que su interés se orientara hacia el hecho de las minorías étnicas.. Publicó los Estudios saharianos (1955), quizás el libro más valioso acerca de este territorio africano bajo dominio español en aquella época. Los moriscos del reino de Granada (1957) y otros posteriores marcan el sincretismo entre etnografía e historia, por ser fruto de su intensa labor de investigación en los archivos de la Inquisición: Las brujas y su mundo (1961), su obra más conocida, Vidas mágicas e Inquisición (2 vols., 1967) y, sobre todo, Los judíos en la España moderna y contemporánea (3 vols., 1961–1962). Otros estudios sobre grupos o minorías oprimidas nos dan una visión de los gitanos, mendigos o bandidos del área mediterránea.
También fueron novedosos los titulados Ensayo sobre la literatura de cordel (1969), Las formas complejas de la vida religiosa (Religión, sociedad y carácter en la España de los siglos XVI y XVII) (1978), La aurora del pensamiento antropológico. La Antropología en los clásicos griegos y latinos (1983) y La cara, espejo del alma. Historia de la fisiognómica (1987).
En los 18 volúmenes que componen los Estudios vascos se recogen artículos publicados entre las primeras monografías (La vida rural en Vera de Bidasoa, 1944; Los vascos. Etnología, 1949) y obras de madurez como La hora navarra del XVIII (1969), Etnografía histórica de Navarra (3 vols., 1971–1972) y La casa en Navarra (4 vols., 1982). Sobre el viejo reino, y sobre Guipúzcoa, elaboró, con su hermano Pío, un par de extensas películas etnográficas.
En su obra Los vascones y sus vecinos estudia la historia antigua de dos pueblos, los vascones y sus vecinos de Aquitania. En este libro incorpora algunas novedades en relación con escritos anteriores, ya que dice que la lengua que más se puede comparar al euskera es la hablada en ciertos núcleos étnicos antiguos aquitanos e incluso pirenaicos más orientales.
Escribió también sobre su familia; en su gran ensayo, Los Baroja, habla sobre su tío Pío Baroja, su otro tío Ricardo, pintor, y sobre toda su familia. Fue enterrado en Vera de Bidasoa (Navarra), donde los Baroja poseen una casa familiar llamada «Itzea», palacete que adquirió su tío Pío.
En su obra —que alcanza unas setecientas entradas entre libros, artículos, prólogos y ensayos— destacan trabajos que fueron precursores en su día, aunque ahora cuenten con numerosos seguidores. Es considerado en España como el iniciador del llamado enfoque histórico-cultural y podemos decir que fue uno de los últimos sabios del siglo XX, reconocido como tal en el extranjero.
La obra de Caro Baroja, que abarca desde el urbanismo como una parte de la antropología hasta los pliegos  de cordel y que incluye libros deliciosos como “El señor inquisidor  y otras vidas pro oficio”, hoy no serían capaces de sacarla adelante. Lo que demuestra que para realizar una obra gigantesca como la suya lo importante es disponer de tiempo y una mente rectora.   
Julio Caro Baroja debe de figurar entre la media docena de españoles más destacados del siglo XX en el aspecto intelectual. Su obra titánica, llevada a cabo en solitario, solo es comparable a la obra de Marcelino Menéndez Pelayo, aunque la de don Julio es más especializada y, en consecuencia más abarcable.
Académico de número de la Real Academia de las Lengua Española, miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de la Lengua Vasca. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1983), la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes (1984), el Premio Nacional de las Letras Españolas, el Premio Internacional Menéndez Pelayo (1989) y el Premio Príncipe de Viana (1989).
En su honor se puso su nombre a una plaza en San Sebastían y a tres institutos, uno en Guecho (Vizcaya) en 1981, otro en Fuenlabrada (Madrid) y otro en Pamplona, el I.E.S. Julio Caro Baroja.


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