martes, 18 de marzo de 2014

LAS BRUJAS DE CACHICHE Y OTROS CUENTOS MAS SOBRE LA CIUDAD DE ICA

LA BRUJA DE CACHICHE:

La bruja más famosa de Cachiche es sin lugar a dudas Julia Hernández Pecho Viuda de Díaz, una bruja que según cuentan murió a los 106 años de edad, luego de una azarosa vida llena de sortilegios y hechizos, pero sólo de los buenos, de los que curan, de los que reconcilian corazones. Ella no hacía daño. Ella no era "malera".
Esto es lo que afirman sus defensoras, sus historiadoras oficiosas, aquellas que vaticinan un retorno seguro a Cachiche si se contemplan fijamente los ojos de la estatua, aquellas que cuentan -con espanto y horror- la apocalíptica y certera profecía de la palmera de las siete cabezas. Una demostración evidente -dicen ellas- del poder sobrenatural de doña Julia.
Cuenta la leyenda que la bruja predijo que Ica se hundirá cuando reverdezca la séptima cabeza de la palmera que se encuentra en la laguna seca.
Y la bruja acertó, pues Ica quedó bajo las aguas en enero de 1998. El río se desbordó, miles de personas resultaron damnificadas. La gente asegura que ese año no se mochó, ni se quemó la séptima cabeza de la palmera, desde esa fecha no han dejado de hacerlo.
Al fallecer la bruja, Don Fernando León de Vivero, mandó a construir un Monumento en honor a la Bruja que le devolvió el habla. Este monumento está compuesto por un buho que significa inteligencia, sabiduría, brujería blanca y una calavera que significa maldad, hechicería, brujería negra, sus brazos están en forma de “V” que significa victoria y veneración. La bruja utilizada un pedazo de huarango que comúnmente se le conoce como el algarrobo o árbol milenario por los muchos años de existencia de dicho árbol el cual le hacía girar en forma de un compás que marcaba una circunferencia y que cuando ésta paraba siempre indicaba a la Bruja de Cachiche. La bruja se llamó Julia Nazaria Hernández Pecho Viuda de Díaz, quien fallece a los 101 años debido a un paro cardiaco.

LAS 7 CABEZAS DE LA PALMERA:

Cuenta la leyenda que la bruja Julia Hernández, predijo que Ica se hundirá cuando crezca la séptima cabeza de la palmera que se encuentra en la laguna seca. En enero de 1998 la profecía se cumplió , el río se desbordó, miles de personas resultaron damnificadas. La gente asegura que ese año no se cortó, ni se quemó la séptima cabeza de la palmera, desde esa fecha no han dejado de hacerlo.Los habitantes de Cachiche siempre cortan la séptima cabeza de la palmera; esto para evitar que Ica se destruya, según cuenta una leyenda local, de no ser así la ciudad de Ica se enfrentaría a un fin inevitable, llena de desastres naturales. Pero no todo son malas profecías, sino que también en Cachiche encontramos a grandes curanderos que mediante su fe pueden sanar todo mal y hasta unir corazones


LA HUACACHINA:
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Existe una leyenda acerca del origen de este oasis, una historia de amor que se remonta a tiempos prehispánicos. Cuentan que una hermosa doncella, proveniente del cercano pueblo de Tacaraca, llega desconsolada a este lugar, donde sólo había unos cuantos guarangos, a llorar la muerte de su amado, un valiente general incaico.

Las lágrimas de esta mujer, de ojos verdes y cabello muy negro, fueron formando poco a poco la laguna. Se dice que en las noches de Luna nueva aún se pueden escuchar sus lamentos, los que confunden a los visitantes desprevenidos. También cuentan que una mujer empezó a correr por que un hombre la perseguía y ella salió de su casa con una toalla un espejo y un peine en ese momento  empezó  a correr asustad y se cayó entonces el espejo se transformó en un lago el peine en las palmeras y la toalla se transformó en toda esa arena del oasis.

LA VIRGEN DE CHAPI:
Cuenta la leyenda que en el año de 1790, Juan de Dios Tamayo, el entonces párroco de Pocsi, intentó trasladar la pequeña imagen  de la Virgen hacia otro poblado y no pudo ni siquiera moverla, porque pareció que su peso se había multiplicado hasta ese extremo. Este hecho, al que todos consideran un milagro, se propagó por la región y hoy, una multitud de peregrinos converge desde la blanca ciudad de Arequipa, hasta el santuario de Chapi, para rendir devoción a  la Virgen,  recorriendo a próximamente 45 kms., en una  caminata nocturna, que dura más de 12 horas, para llegar al desértico paraje situado a 2,420 metros sobre el nivel del mar. En el trayecto, los peregrinos se van proveyendo de piedras de distinto tamaño, que luego colocarán, formando las llamadas "apachetas", a un lado del camino en los poblados de Tres Cruces, Alto de Hornilla y Siete Toldos. Estas pequeñas pirámides de piedra, simbolizan el cansancio y los pecados que los devotos van dejando atrás.

Infinidad de luces, producidas por los cirios que cada devoto lleva, se divisan con el fondo del contraste natural de la noche. Terminada la obscuridad y al retornar un nuevo día, la Virgen saldrá en procesión y será llevada sobre alfombras de flores, preparadas especialmente para la ocasión. Al final del día, junto al santuario, los castillos de fuegos artificiales, llenarán de algarabía a los asistentes, quienes podrán además disfrutar de apetitosas viandas y reconfortantes bebidas.
  Sus festividades se celebran el 2 de febrero; Día de la Purificación o Candelaria. Sin embargo, sus fieles, han escogido el 1º de mayo, fecha en que se da inicio al mes dedicado a María, al igual que el 8 de setiembre, fiesta de su Natividad. Su actual Santuario, construido sobre un área de 1700 m², en un desolado paraje de los Andes, a 2,420 m.s.n.m., se terminó en 1967. Su estructura es de sillar, ladrillo y cemento armado, con un estilo neo-colonial y su altar barroco enchapado en pan de oro. Su antiguos templos habían sido destruidos en varias oportunidades por violentos sismos y voraces incendios. El 2 de febrero de 1985, el Santo Padre Juan Pablo II, coronó canónicamente a la Virgen de Chapi y al Niño Jesús que sostiene en sus brazos; para lo cual la imagen tuvo que ser transportada en un helicóptero desde su santuario hasta la ciudad de Arequipa.
 
EL CERRO SARAJA:
Esta duna de suaves arenas se ha formado en tiempos inmemoriales, por migraciones sistémicas por efecto eólico, tal vez desde la misma aparición de los hombres en esta parte de lo que ahora se conoce como los valles de Ica. Para los antiguos iqueños siempre fue un cerro sagrado, un cerro al que nadie osaría depredar y menos retirar sus arenas o sus huarangos milenarios, como sucede ahora, con osadía e impunidad. La aparición en sus inmediaciones de la Urbanización Santa María y más recientemente de varios Pueblos Jóvenes, hasta las mismas faldas del mismo cerro, han permitido el trazo de pistas y caminos que ahora utilizan estos camiones y volquetes para retirar las grandes cantidades de arena. El Cerro de Saraja tiene especial significación para la memoria colectiva y el imaginario de los iqueños, de allí se sustenta las varias leyendas que narran su origen o describen el misterio de esta inmensa mole de finas partículas de sílice. El Cerro de Saraja mantuvo su encanto hasta inicios del siglo XX pero fue la mano del hombre la que extinguió su laguna que brotaba en su base y también desapareció la fauna silvestre que allí habitaba. Este Cerro histórico fue curado -como tantos otros- por nuestro querido Fray Ramón Rojas e incrustado en su parte cenital una cruz de madera para que protegiera a nuestra ciudad.
  


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