sábado, 15 de marzo de 2014

UNOS CABALLOS DE ORIGEN MONGOL Y VARIOS BUFALOS EN EL PARQUE DE LA PREHISTORIA DE TEVERGA


Ayer mi hermano Eloy y yo fuimos invitados por nuestro gran amigo José Antonio  Rado, que es un libro abierto cuando le haces alguna pregunta sobre la geografía y la historia del Principado, que es desconocido por mucho s de los oriundos de esta Región.  En un paseo a Teverga, Pueblo Ejemplar de Asturias, 2013,  después de un suculento almuerzo en casa “Aladino”,  nos lleva a conocer  el gran parque de la Prehistoria de Teverga,  situado a pocos kilómetros del  centro de  Teverga,. La verdad es que nos gustó mucho por su entono y la emoción  de ver de cerca a unoa cuantos Búfalos y a unos caballos  PRZEWALSKI de origen mongol. En todo el mundo existen entre 1.000 a 1500 ejemplares en todo el mundoy otras especies que se movían por allí.

En frente divisamos  La fortaleza medieval de Alesga que es mencionada en la donación del Monasterio de San Salvador de Cornellana a la Orden de Cluny en 1122. Fue levantada sobre un afloramiento calizo que conforma un promontorio de difícil acceso.

Parece ser el centro del poblamiento en la zona en tiempos medievales, núcleo de un entramado defensivo formado por pequeñas torres, viales y atalayas de vigilancia que cubren los pequeños valles secundarios desde los que se puede acceder a la vía de la Mesa y Castilla, además de comunicar entre sí diversos núcleos de la zona. Sus dimensiones y estructura la convierten en una de las fortalezas más destacadas de la región, aparte de ser la que mejor conserva su estructura defensiva original.

La estructura defensiva, de forma casi rectangular, mide unos 40 metros de largo por unos 20 metros de ancho, y por las diferencias de la obra y las evidentes reutilizaciones de materiales en forma de tejas y bloques de areniscas, parece que ha tenido un largo historial de rehabilitaciones sobre la fábrica original, que según parece ha pasado por, al menos, dos momentos constructivos diferentes: el primero se encuentra en torno a una torre cuadrada que ocupa un lugar central, mientras que el segundo momento se define por una planta cuadrangular, con dos vértices situados más al norte de forma angulosa, y los dos vértices sur más redondeados.

Los bloques de arenisca se combinan con la caliza, mayoritarios en la zona inmediata al yacimiento, y en su fachada exterior se pueden obtener varias torres angulares de pequeño tamaño, dispuestas a lo largo de la muralla, que protegen un torre principal de la que hoy se puede adivinar su traza entre los montones de derrumbes que la formaban.

En centro de la fortaleza parece disponer de un pequeño patio central, y convertido en un inmenso pozo de saqueo. Junto a la torre principal se observa igualmente un pozo de grandes dimensiones, pero esta vez excavado en la roca caliza, que debió ser en su origen el aljibe de almacenamiento de agua del castillo.

El Parque de la Prehistoria de Teverga es la pinacoteca ancestral por excelencia, alberga la colección más relevante del arte rupestre de Europa entre 10.000 y 40.000 años de antigüedad. Al visitarlo obtenemos una visión muy amplia del paleolítico, y durante las dos horas en las que, aproximadamente, podemos calcular nuestra visita, nos acercaremos lo más posible a los detalles de la vida cotidiana del hombre primitivo, empatizando con su dura realidad, compartiendo su manera de ver el mundo. En Teverga encontraremos ese espacio idóneo en el que comenzar a interpretar con mayor rigor el tesoro cultural de nuestros orígenes, principalmente sus pinturas.





Fue hace 40.000 años cuando llega a Europa el Homo sapiens sapiens. Desplaza a los neanderthales y se erige en especie dominante. Habita en cuevas y abrigos naturales en la fase final de la Era Glacial. Son los primeros pobladores dotados de una mentalidad simbólica, y son por ello también los primeros artistas. La cornisa cantábrica fue un escenario privilegiado de este arte, pues tras la última gran glaciación, la mayor parte de Europa se convirtió en inhabitable al quedar cubierta de hielo. El paleolítico quedó circunscrito a las montañas de caliza, en las que abundan las cavidades, y por eso en Asturias se han descubierto hasta la fecha unas cuarenta estaciones de arte parietal, algunas realmente excepcionales. Todos los estilos de la pintura prehistórica, desde el auriñaciense, que es el más remoto, están representados en las cuevas asturianas, para alcanzar su máximo esplendor en el genial magdaleniense de la riosellana Cueva de Tito Bustillo.

Situado a 40 kilómetros de Oviedo, en la localidad de San Salvador de Alesga (Teverga), el Parque de la Prehistoria es el mayor conjunto de réplicas de esta apasionante etapa de la humanidad, con copias exactas de los principales yacimientos europeos de pintura parietal y arte mobiliar, seleccionado todo ello según un riguroso criterio científico y dispuesto a través de reproducciones facsimilares, copias, recreaciones, fotografías, maquetas, y reconstrucciones. Las réplicas, muy fidedignas a los originales, se organizan atendiendo a una propuesta didáctica y amena.

La ubicación del propio Parque, en un valle de gran valor ecológico y paisajístico, apenas sin vestigios de actividad humana en las inmediaciones, y con los inmuebles soterrados, totalmente mimetizados con el entorno, nos hace más cercanos los hombres de las cavernas. Son 25 hectáreas de superficie virgen, a los pies de la impresionante Peña Sobia, en pleno Parque Natural de las Ubiñas.

La instalación propiamente museística consta de un complejo de tres edificios. El primero acoge el centro de recepción de visitantes y la cafetería. Después de un corto paseo y cruzando el río Páramo sobre un puente nuevo, vemos otro inmueble en forma de media luna con cubierta vegetal, denominado La Galería. Tras la espectacular entrada con un lucernario circular abierto al cielo, el visitante se adentra en un interior de unos mil metros cuadrados. Dentro encontramos un completo circuito de audioisuales, documentos, y reproducciones de pinturas y grabados del Paleolítico Superior, como el panel de los caballos de Chauvet o la vaca negra de Lascaux, ambos en Francia; la parte central del techo de los bisontes de Altamira (los autores de la réplica son los mismos que los de la neocueva instalada en el Museo de Altamira y han trabajado durante más de dos años para conseguir una reproducción exacta de las pinturas), el camarín de las ciervas de Covalanas (Cantabria), la gruta de los osos de Ekain (Pais Vasco), los bisontes de La Covaciella en Cabrales (Asturias), el panel de los signos de la cueva de Llonín en Peñamellera Alta (Asturias), así como útiles y figuras de España, Francia, Alemania, Austria, Chequia o Rusia.

En esta galería artificial podemos entender un poco mejor por qué surgió el arte paleolítico, quiénes y con qué técnicas realizaron las pinturas rupestres y qué significados se les han atribuido a lo largo de los últimos doscientos años de investigación. De cada cueva se han elegido aquellas pinturas que mejor ilustran las distintas teorías existentes sobre la motivación del artista prehistórico, como las que la ligan a una inquietud puramente artística o de ocio, pasando por las relativas a ritos de fecundidad y de caza, las que atribuyen su autoría a chamanes en estados alterados de conciencia, o las que conciben un origen totémico venerador de ciertos animales, hasta llegar a las interpretaciones estructuralistas, según las cuales el arte rupestre es un lenguaje codificado de signos y en el que la cueva -de significado femenino- simboliza todo su mundo conocido.

El tercer inmueble, muy próximo al anterior, se denomina Cueva de Cuevas en orden a su propia razón de ser, que no es otra que servir de contenedor a unas completas réplicas de tres relevantes galerías rupestres. Copias exactas realizadas utilizando tintes naturales, elaborados con los mismos materiales que los prehistóricos; la piedra caliza de paredes y techos tiene las mismas grietas y reflejos luminosos que las auténticas, y se ha reproducido la estructura, humedad, oscuridad y silencio. En una visita de unos 25 minutos de duración se recorren las tres salas, comenzando por la Galería de los Caballos de Tito Bustillo donde puede apreciarse la rica policromía empleada en este tipo de representaciones. De esta sala se hace un viaje de 700 kilómetros hasta la Cueva de Niaux, en Francia, para contemplar el Salón Negro, donde se observan dibujos más definidos y perfectamente perfilados. Desde esta segunda sala volvemos a Asturias para observar la reproducción del Camarín de la Cueva de Candamo, donde se nos explica cómo aquellos primeros artistas no sólo buscaban una imagen, sino que también se preocupaban especialmente por la localización de sus obras y el relieve de las paredes donde las realizaban. Durante toda la visita caminamos por un suelo irregular y con desniveles y los quías requieren, como en las cuevas originales, linternas para realizar sus explicaciones.

En definitiva, «El Parque de la Prehistoria de Teverga es único y las réplicas, extraordinarias». Esa es la opinión de Jean Clottes, responsable del estudio científico de la cueva de Chauvet y gran conocedor del arte de las cavernas de Lascaux o Niaux, entre otras. Clottes ha sido conservador general de Patrimonio francés y en la actualidad es un museo de este tipo, como en otras partes del mundo donde a estas cosas se le dan mayor importancia para que el pueblo sepa de sus orígenes

Despues de visitar este museo llegamos hasta Puerto Ventana que us uno de los grandes colo(San Martín)  para alcanzar una altitud que se acerca a los 1.600 metros. Ventana , a pesar de no tener la fama de los otros grandes puertos de Asturias, ofrece una gran constancia en la pendiente, hecho de donde .proviene su dureza. Además, sus posibilidades de encadenado con otras grandes ascensiones son inmensas, ya que se encuentra cerca del Puerto de San Loren(ese Finesterre astur  con el que enlaza a través  de una pista de unos 5 kilómetros  que transcurre a una altitud  media de 1600 metros.

El inicio,  como ya se ha puesto más arriba, se situa en la localidad de San Martín de Teverga, punto de  arranque, también de uno de los pouertos de Asturias San Lorenzo. Los primeros compases desde la subida  son muy suaves, con pendientes que apenas rozan  el 3%. Sorprendentemente progresiva, esta primera parte de Ventana culmina en las proximidades  de Cueva Huerta, la zona más bella de toda la ascensión, cuando ya las pendientes rondan el el 6-7% y hemos sobrepasado la localidad de San Salvador. Tras un leve descenso y un pequeño túnel, arranca la fase decisiva  del puerto, que tiene 13 kilómetros. Y este segundo “arranque” del puerto es ya realmente duro, pues las pendientes  se va a situar en el 7-8% sin apenas variación hasta Paramo. Esta es la dificultad  que encontramos en la ascensión, su gran continuidad en la pendiente  ya que apenas en alguna ocasión  ronde el 9%. Tras pasar por la citada localidad de Paramo, la carretera  se mete de lleno en el bosque y así transcurre prácticamente sin variaciones  hasta la cima. Y si la monotonía es la nota predominante en el paisaje mayor, aun es en cuanto a las variaciones de las rampas, las cuales rondan en su mayor parte el 6-8% .

La ascensión al Puerto Ventana culmina a 1587 metros de altitud, tras 20 kilómetros a una pendiente media  del 5.63% y  un coeficiente  APM de 218. En la cima  a la izquierda podemos observar la pista que se dirige a Robadiello, la cual nos has ido  “observando” los últimos kilómetros de ascensión.    

De represo hacia Oviedo pasamos por el costado del  castillo de Proaza  que es es una fortaleza española, situada en las proximidades de esta fortaleza española  situada en las proximidades de esta localidad asturiana, capital del concejo homónimo (Asturias), dominando el valle del río Trubia.
No debe confundirse con la Torre del Campo de Proza, obra del siglo XV. Sus restos se hallarían en el próximo paraje denominado Vegamadre.
La primera referencia a un castillo en Proaza se vincula al notable conde rebelde Gonzalo Peláez, que se hizo con el gobierno de buena parte de Asturias en el reinado de Urraca I de León, incluyendo la tenencia de los castillos de Alba de Quirós y Buanga.. Conoció los avatares de la guerra durante el enfrentamiento del conde con el rey Alfonso VII de León, entre  1132 y 1138, siendo principal sede del tumultuoso conde, que aguantó diversos sitios.

En 1184 Fernando II de León donó la fortaleza a la Catedral de Oviedo. Tras caer en poder del linaje de Bernardo de Quirós, a instancias de Rodrigo Álvarez, conde de Noreña el obispado recuperó su posesión en 1377, pero Enrique II de Castilla determinó que volviera a manos de los Bernaldo de Quirós, que en 1381 prestaron al obispo el correspondiente pleito homenaje.

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