martes, 2 de junio de 2015

EL PISCO, AGUARDIENTE DE FAMA MUNDIAL


Hace unos días me encontré con un amigo, que ha venido a buscar y conocer de cerca sus raíces. Lo invité a tomar un café en un céntrico hotel de la ciudad. Por el camino conversábamos en lo divino y lo humano de la vida. Al llegar a la cafetería se acerco el camarero y yo bromeando, pedí un pisco con ginger ale. Mi acompañante hizo lo mismo. Pero cual sería nuestra sorpresa que al momento, regreso con dos vasos  con hielo y una  botella de pisco peruano legítimo. Entonces dentro de nuestra incrédula sorpresa comenzamos a conversar sobre el origen del pisco, de ese aguardiente peruano –y no chileno como se ha dicho- que es quizá uno de los más ricos de la tierra.

El nombre de Pisco tiene un origen indiscutiblemente peruano tal como se ha podido verificar en los estudios realizados por lexicógrafos, cronistas e historiadores. Se trata de un vocablo prehispánico que significa “ave” o “pájaro”.

Precisamente fueron los incas quienes admirados por la enorme cantidad y diversidad de “aves” que pudieron observar a lo largo de esta región costeña (ubicada aproximadamente a 200 km. Al sur de Lima) utilizaron el vocablo quechua “Pisko” para denominar así a dicho valle, lugar en el cuál se desarrolló la famosa cultura Paracas.

Pisco en la rica y sonora lengua de los incas, significa ave. Fray Domingo de Santo Tomás en su lexicón dice que tal palabra se traduce como “páxaro generalmente” y Diego González Holguin en su vocabulario “el páxaro o toda ave”. De ahí que piscophapic sea pajarero o cazador de aves piscollullac la añogaza para cazar aves y piscopquixan la jaula para los pájaros cautivos.

Sin embargo, aparte del etimológico, habría un canino histórico para llegar al topónimo. Cuando los Incas  bajaron de la cordillera  con sus ejércitos para sojuzgar la costa, lo hicieron siguiendo la ruta del cóndor –por Ticrapo o Huaytará- y ello los llevó a nominar el valle que se les iba mostrando con el nombre de Contur, esto es, cóndor. El cóndor fue el “páxaro” gigante que dio el primer apelativo al valle. Perduró con él varios lustros, pero por alguna razón lingüística  que identificaba al cóndor con el gran “páxaro” andino, los indios yungas del lugar, ya bastante quechuizados, dieron en llamarlo “pisco” haciendo el vocablo extensivo a las muchas aves terrestres y marinas de la región. De este modo, el Valle del Cóndor se convirtió en el Valle del Pájaro gigante o el Valle de los Pájaros menores, porque visto así el nominal tiene doble interpretación.

Cuando llegaron los españoles encontraron que esa región costeña reunía especiales condiciones para que la parra mediterranea floreciera, y pudo hacerlo gracias a los conocimientos de los antiguos peruanos que supieron irrigar el desierto costero.

En el siglo XVI llegó la uva al Perú, desde las Islas Canarias, traída por el Marqués Francisco de Caravantes. Cronistas de la época señalan que fue en la hacienda Marcahuasi, en el Cuzco, donde se produjo la primera vinificación de sudamérica. Asimismo, cuentan  que Mateo Atiquipa fue el primer enólogo americano.

 A partir de la producción, el nombre Pisco designó al aguardiente de uva y al puerto en el cual éste fue embarcado, como consta en los mapas del Perú desde fines del siglo XVI. La exportación de nuestro pisco tuvo su apogeo en los siglos XVII y XVIII.

El pisco peruano es un aguardiente de uva, fruto de la destilación de mostos frescos en alambiques que no rectifican el producto. El pisco así obtenído bede tener un color transparente o ligeramente ambarino, con un contenido de alcohol puro que fluctúa alrededor de los 42º GL.

Delicado gusto de uva, muy seco, algo áspero pero sin llegar a astringir, caliente al paladar y de ligera fragancia. Estas son las condiciones que necesariamente debe reunir el buen pisco, el tradicional pisco, único en el mundo entre la gama de aguardientes.

Nadie sabe a ciencia cierta cuales son los factores que influyen para  darle estas características tan singulares al pisco, pero la verdad es que en ninguna otra parte fuera de Ica se obtiene un licor tan noble entre los productos de la uva.

Los viejos campesinos productores del pisco puro atribuyen al clima de Ica, a su eterno sol, la bondad del producto que elaboran y no hay otra explicación. El nombre de Ica y el pisco forman una unidad indestructible. Las cepas que habían venido de Canarias por el emisario de don Francisco de Caravantes prendieron admirablemente en el valle iqueño.

Es probable que de las primeras cosechas no se obtuviera un vino seco de la calidad del que se elaboraba en España, porque las cepas no eran apropiadas, y entonces se tentó con la fabricación de aguardiente maravillándose del resultado. Se inicio así, en los albores de la Colonia, una de las industrias que hoy constituye factor importante de la economía regional.

Con su buquet de uva madura el aguardiente ganó el paladar de los conquistadores y sus bondades fueron pregonadas  por los territorios de las nacientes colonias.  El puerto de Pisco dio su nombre al aguardiente iqueño.

Para llevarlo a Lima y otros lugares, los toneles de aguardiente se embarcaban en el Puerto de Pisco. Allí los marineros, acostumbrados a las bebidas fuertes, escanciaban las copas del quemante licor y comenzaron a llamarlo “aguardiente de pisco”. Con el correr de los años el nombre se sintetizó en la última palabra y el producto de las vides iqueñas fue adquiriendo nombre propio.

Los pequeños productores son fieles depositarios de la manera tradicional de  elaborar el pisco. El zumo de la uva extraído en el lugar se deposita en botijas de barro, (conocidos como pisco o pisquito), durante 14 días . Por un fenómeno químico, al fermentar el mosto, el azúcar de la uva se transforma en alcohol.

El mosto se lleva al alambique para el proceso de destilación. Se deposita en un caldero para que entre en bullición. Los vapores alcohólicos recorren un serpentín cubierto de agua fría y se transforma en aguardiente. Como un fino hilillo aparece el llamado pisco de cabecera de alto grado alcohólico.

A medida que sigue discurriendo  baja la graduación y se obtiene entonces el típico pisco que va a caer en una paila. De allí se traslada nuevamente a botijas de barro y ya esta listo para embotellarlo.

El rito tradicional se inicia con la cosecha. Las mujeres participan activamente en este primer paso. Son ellas las que con mano hábil cortan jugosos racimos que van depositando en las canastas de vendimia.

Una a una las vendimiadoras dejan dejando su preciada carga en una especie de pileta que al centro tiene un pequeño canal por donde discurre el zumo: Al lagar ingresan mozos descalzos para efectuar la pisa. Bailan y cantan valses y marineras apisonando la uva que deja escapar su jugo.

Cuando prácticamente ya no queda ni un grano entero, los mozos abandonan el lagar y se comienza a accionar el torniquete  para dejar que baje la prensa implacable la que estruja la uva hasta la “última gota”.

Luego viene el proceso de maceración. En las botijas de barro se produce la fermentación, a los 14 días el mosto fermentado ingresa al alambique para la destilación. Los destiladores prueban el “chicharrón” calientito aún y cuidan que tenga el grado alcohólico exacto.

El pisco de mayor abolengo es el puro, hecho de uva quebrantada, licor noble que hay que tomarlo sin mezcla, como su nombre lo indica, y de un solo trago.

El pisco no se ofrece en copa servida. El que brinda llena su copa y antes de apurarla entrega la botella al invitado. Luego le ofrece la copa vacía y así se continúa el brindando con todos los invitados. Esta es la manera tradicional de cómo se bebe el pisco.

Con la adaptación de la uva española se inicia la cultura pisquera en el territorio. Así el pisco peruano tiene un sabor inconfundible y destacando el hecho de ser un  “eau de vie” puro desde su inicio. El proceso de destilación  del pisco es también típico e inconfundible, así destaca el puro de uva quebrantada, el aromático, de uvas aromáticas derivadas de la familia de los moscatos. El mosto verde, originado por la destilación de mostos de uva en proceso de fermentación y el acholado, que se obtiene  de la destilación de mostos de diversas variedades de uva.

Son los americanos en buena cuenta los que tienen la culpa de que Chile con todo desparpajo, se quiera atribuir el patrimonio del pisco. En la actualidad el pisco se toma como cóctel y se conoce como “pisco sour”, ” es un aperitivo delicioso que con justicia ha ganado la posición de cóctel internacional.

Es un trago  que día a día gana más adeptos en todo el mundo y naturalmente con ello ha crecido la demanda de la materia prima que es el pisco. Los chilenos han aprovechado esta coyuntura para introducir su aguardiente llamándolo pisco sin ningún reparo. Pero el pisco sólo se produce en Ica y ningún otro aguardiente reúne las características de este peruanisimo licor.

Para la elaboración del “pisco sour” se necesita una botella de pisco, clara batida, jarabe, hielo picado, zumo de limón, unas gotitas de amargo de angostura y una pizca de canela son los ingredientes que lleva el “pisco sour”. Todo esto se bate con fuerza en una coctelera. Al momento de servir se agrega el polvo de canela sobre las copas.

Para el “pisco sour” tiene que utilizarse el “puro” porque las variedades aromáticas le dan otro sabor.


La literatura peruana del siglo XIX cuenta que al solicitar el pisco se decía “tomar las once” por las once letras del aguardiente, y el celebre escritor Ricardo Palma en sus Tradiciones, lo recuerda como el “alborotador quitapesares”.   

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