miércoles, 17 de junio de 2015

UNA VIEJA HISTORIA

Disfrazado de vendedor de guabas, Apo, miembro de la nobleza Tallán, apenas podía disimular la mezcla de emoción, miedo y fascinación que produjo  en él  la visión de los caballos por primera vez.
Corría el año de 1532 y Francisco Pizarro, luego de desembarcar en Piura y fundar la ciudad de San Miguel, montó su campamento en el sector de Poechos para planificar su incursión a la sierra, al encuentro del oro del Inca.
El espía de Atahualpa preparaba su partida a Cajamarca, cuando fue descubierto por Hernando Pizarro, quien lo golpeó  brutalmente para estupor de los tallanes ahí reunidos, quienes identificaron  la señal definitiva  de nobleza inca en las orejas extremadamente largas  de Apo, luego de caérsele el manto que las cubría, cuando yacía en el piso, ensangrentado.
En quechua, el nombre, de Apo se utiliza para designar a un jefe o miembro de la nobleza. Aunque los historiadores discrepan si el verdadero nombre del espía  del Inca era  ‘Sikinchara’ o ‘Guacha Puru’, lo cual fue que –enterado de la situación- Francisco Pizarro-  decidió liberarlo, evitando la suerte que  corrieron otros curacas  locales, quemados en la hoguera por intento de rebelión contra los españoles.
La condición para salvar su vida  fue que llevase  un pedido al Inca para que los conquistadores pudieran abastecerse de alimentos durante su marcha hacia la sierra, hasta encntrarse con él, y exponer ‘sus planteamientos’.
Apo cumplio con el encargo, además de proporcionarle al Inca la valiosa información de inteligencia recabada : la existencia de los caballos, el herrero y el barbero, elementos que produjeron curiosidad y codicia en Atahualpa, quien permitió el libre paso de los españoles a su encuentro. A fin de cuentas, ¿ Qué podían hacer cien hombres contra los miles de guerreros apostados en los alrededores?
Acado la precipitada lógica del Inca sólo l permitio vislumbar que debía esperar la llegada de los extranjeros, matarlos, apoderarse de los caballos y salvar la vida de dichos mágicos personajes: el que rejuveneciaa los hombres con una navaja de afeitar y el que calzaba a las bestias con hierro y fuego.
El espinaje en el Perú es tan antiguo como la aparición de las primeras culturas y civilizaciones en este territorio. Se explica que cnsisia en una necesidad, para la protección  de la tierra, el pasto para los animales, los terrenos de cultivo o el abastecimiento de agua.
‘Los ncas tenían gente muy preparada para esa labor. Procuraban que fueran personas que dominaran varios idiomas, para que pudieran nfiltrarse con facilidad’.
En el Tahuantinsuyo existieron por lo menos doscientos senorios que fueron conquistados por los incas’. Así que no nos admiremos de que existiera un servicio de inteligencia muy eficiente dada la cantidad de etnias existentes-algunas pequeñas, otras muy numerosas, como los Tallanes, los Chibchas, los Chancas e incluso los  Uros- ¿ Y que es lo que le interesaba al Inca? Expandir sus territorios y evitar cualquier oposición  contra su dominio”.
Los Incas se valían de diversas estrategias para prevalecer en el poder, y mantener contenta’ a la gente. Una de estas era ‘regalar mucho’, pero no a las multitudes, sino a los grupos dirigentes de cada etnia: regalaban mujeres, yanaconas, ceramios, ropas y maíz, a falta de monedas. El regalo era fundamental para mantener la armonía en el dominio incaico.
‘De esta manera, el Inca tenía una red de espionaje  notablemente eficiente y para ello preparaba a muy buenos agentes, estos no podían ser cualquiera: debían ser personas que tuvieran cualidades  especiales para registrar, observar y oír. Dominar idiomas. Esta es la verdad en el sistema del Tahuantinsuyo, no había improvisación en nada. Todo aquel que ejerciera un oficio o  actividad debía tener condiciones para ello’. 
Los ‘Tucuyricoes”(él que todo o ve’, el que todo o oye’, en quechua) demuestran la importancia  de la red de inteligencia en el incanato y que los chasquis  constituían un grupo de élite de espionaje e información muy bien compensado por el Inca.
La paga consistía en una excelente alimentación, muy buena ropa, ceramios e incluso vasos de oro: el mejor maíz y la mejor carne (charqui). A los más destacados, se les otorgaba el más preciado galardón: varias mujeres.
Para el historiador Francisco Javier Hernández Astete, el sistema de caminos de los incas fue cruel para su red de espionaje pues permitió trasladar  información e insumos desde Pasto en Colombia, desde Bio Bio, en Chile o desde la Costa Peruana hasta el Cuzco, de manera muy rápida  y mucho más eficiente de la que podía encontrar, en esa misma época, Carlos V en Europa.
“lo interesante es constatar la eficiencia de los caminos incas, que interconectaban  todo el territorio:  todos los caminos llevaban al Cuzco en una suerte de red vial mucho más compleja que el metro de Londres”.
Dicha red de caminos era conocida por los chasquis, que recorrían todo el imperio a través de un sistema de postas y tambos, que eran una especie de estación en donde se almacenaban alimentos y agua para el descanso y reposición de energías.
‘A partir de  este sistema, se puede afirmar con absoluta certeza que la información circulaba por todo el imperio y que el inca tenía conocimiento de todo cuanto ocurría en sus dominios de manera rápida y efectiva’.
El historiador Hernández Astete, manifiesta que los incas, en buena cuenta, se les puede reconocer como una suerte de extraordinarios gerentes de la información que recababan y sobre todo de los sistemas de administración y obras que otras culturas y señoríos habían desarrollado.
‘Los  Incas no inventaron todo. Quizás su principal virtud fue saber gerenciar los conocimientos de los pueblos  anexados al incanato”, remarca Hernández.
‘Aquel estilo de gobierno era consecuente con el progreso, no como en la época actual, en donde  -por ejemplo- una obra como fue el tren eléctrico  de Alan García se mantuvo paralizada durante veinte años. Si hubiera sido por los incas de hecho castigaban a todos los corruptos, pero terminaban la obra, no la abrían paralizado por dos décadas’, sentencia el historiador.
La Santa Inquisición, instaurada en el Perú entre 1569 y 1814, constituyó una de las más terribles redes de espionaje durante el virreinato. Se dijo que ella trataba de expulsar a los judíos, a los musulmanes y a los ateos, pero lo cuerto es que fue un pretexto para apoderarse de los bienes de dichos grupos humanos, quienes generaban más riqueza que los católicos.
Waldemar Espinoza afirma que la Santa Inquisición fue un espionaje salvaje, abusivo, sostenido y mantenido or la iglesia”.
La historia registra que en el templo de Santo Domingo, en la tercera semana de cuaresma, se leía ‘el edicto de las delaciones’, en donde se publicaba que todo buen cristiano y católico debía observar a su prójimo e inmediatamente denunciar a quien mostrara indicios de ser judaizante o moro.
Allí se brindaban las pautas para identificar a esas personas por ejemplo, si usaban camisas blancas los sábados o cambiaban de sabanas aquellos mismos días, esos debían ser practicantes judíos y se tenía la obligación  de denunciarlos.

Otro signo distintivo para identificar a un judío era percatarse si llevaba caminando a sus hijos, colocando los cinco dedos por delante del hombro del menor. Rechazar la carne de cerdo era también otro  signo inequívoco.

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