viernes, 17 de junio de 2011

LA GRAN RAZÓN DEL ATRASO DEL PERÚ


Lima, ciudad jardín. La Tres veces coronada ciudad de los Reyes, La Reina del Sur, La Perla del Pacífico, La Novia del Perú. Algunos mitos de la vieja identidad limeña, dice el sociólogo urbanista Eduardo Arroyo, son memoria de las épocas virreinales y de los primeros años de la República, cuando la ciudad era pequeña y armoniosa en su paisaje. Casi una aldea. Mientras que otras frases como aquella que encuentra a “limeños de pura cepa” son remanentes de una cultura aristocrática ya fenecida. Era una ciudad que se miraba al espejo y se enamoraba de su propia imagen. “Lima ha cambiado radicalmente”. Ninguno de esos epítetos sirve para definir la Lima actual. Si se le pregunta a cualquier joven  por el significado de la Ciudad Jardín, no podríamos encontrar ninguna respuesta válida. Tampoco podría comentar nada de aquellos años de la década  de 1940 a 1950 en que el  Jirón de la Unión era un lugar obligado de encuentros de los viejos limeños, que se conocían y se saludaban cortésmente como indicaban las reglas del manual de urbanidad de Carreño.

Aquella hermosa ciudad jardín de aspecto colonial, señorial y de calles rectilíneas y geométricamente bien trazadas mereció el nombre de damero de Pizarro; pues Francisco Pizarro le dio esa forma rectilínea y cuadriculada que le hizo parecerse a los tableros del popular juego de damas. Realmente, fue un ejemplo para las ciudades de aquellos tiempos, que se caracterizaban por su anárquico y antiestético estilo urbanístico, de aspecto enmarañado; pues eran una sinuosa red de callejuelas salpicada de algunas plazas y monumentos. Así era el urbanismo medieval.

Ese damero de Pizarro, esa Lima cuadrada y rectilínea llega a ser la capital del más importante Virreinato de América: El Virreinato del Perú.

El inexorable devenir de la vida y del tiempo ha causado una dramática metamorfosis urbana: aquello Lima jardín, romántica y señorial se transformó en una monstruosidad urbanística y en un caos ingobernable. La fría e infalible elocuencia de los números nos permitirá analizar y exponer sin errores, ambages ni eufemismos, la vertiginosa incontenible y anárquica expansión de la actual capital del Perú: Los escasos 150.000 habitantes de aquella Lima del año 1950 resultan una incomprensible insignificancia si se comparan a los, aproximadamente, 10.000.000 de personas que viven actualmente, en los, aproximadamente, 8.000 kilómetros cuadrados de la denominada Lima metropolitana: aproximadamente, el 40% de la población del Perú reside en la zona urbana de Lima. Esta evidente, incómoda y peligrosa desproporción demográfica y urbanística es el resultado de la vertiginosa e incontenible emigración interna, del campo a la ciudad capital. Lo que, además de los desordenes y desproporciones que hemos mencionado, originó un centralismo socioeconómico de funestas consecuencias: el 80% de la industria se aglomera en la zona urbana de Lima metropolitana. Las razones por las que las gentes provincianas “huyen” rumbo a Lima son diversas. Quizá la razón principal sea la dureza del habitat que, por sus incomodísimas características dificulta enormemente la construcción de vías de comunicación. Los 3.000 kilómetros de longitud del Perú son una franja desértica de 40 kilómetros en promedio, de anchura entre el océano Pacífico y la Cordillera de los Andes. Este inmenso arenal está interrumpido esporádicamente, por oasis originados por los ríos que descienden serpenteantes de las altísimas cumbres heladas de los andes, desde los 4.000 a casi 7.000 metros de altura sobre el nivel del mar. En uno de esos oasis esta la zona urbana de Lima. Está zona desértica es la región de la costa. Es muy importante mencionar que los fuertes calores de este desierto tropical están mitigados en los 900 kilómetros la zona central de los 3.000 del total longitudinal del mismo. Por lo que disfrutan de un benigno clima con temperaturas que casi nunca son de más de 28 grados centígrados ni de menos de 14 grados. La causa de este fenómeno es la corriente marina Antártica de Humboldt, que “lame” esos 900 km. Del centro de la costa desértica del Perú.

El fundador de Lima, el conquistador Francisco Pizarro escogió la zona más templada de esos 900 km cuadrados para fundar Lima: esa es la causa de su eterno clima primaveral.

La cordillera de los Andes separa, longitudinalmente los 3.000 kilómetros de la costa de la inmensidad de la selva amazónica que se extiende hasta las fronteras con Ecuador, Colombia, Bolivia y Brasil.

Las altiplanicies de los andes forman la zona fría de la serranía andina. Este es el “habitat” de los indios autóctonos, fundadores del imperio incaico que encontraron los conquistadores españoles.

Por las abruptas vertientes orientales de los andes descienden los ríos que recorrerán la inmensidad de la selva, haciéndose caudalosos y formando miles de afluentes que desembocarán el el gigantesco río Amazonas. Esta inmensa región selvática fue el campo de acción de los antiguos caucheros y de los actuales madereros. Es el “habitat” de numerosos grupos étnicos de indios que se encuentran en un relativo estado de asimilación del modo de vida del hambre blanco.

Las condiciones de vida de la serranía andina y de la selva amazónica son, realmente, difíciles y duras debido a sus climas rigurosos y a la falta de comunicaciones. Hay detalles realmente anecdóticos e impresionantes. Es muy conocido y comentado que cuando comenzó la aviación, los habitantes de la selva, particularmente los de la ciudad de Iquitos, conocían Europa pero no conocían Lima; pues viajaban por el Amazonas hasta el Océano Atlántico; pero no podían cruzar la cordillera de las andes para llegar al Pacífico donde está situada la capital.

La inmensa selva amazónica del Perú tiene una interminable red fluvial que usa como medio natural de comunicaciones. Los viajes por esos ríos duran días u hasta semanas. Esos viajes son un derroche de romanticismo y experiencias inolvidables para quienes nunca hayan viajado por los ríos  de esas maravillosas selvas.

Merecen un comentario especial las dificultades de los viajes por las empinadas y zigzagueantes rutas que suben por la imponente muralla de los andes. Tanto las carreteras como el ferrocarril ascienden hasta los cinco mil metros sobre el nivel del mar. Por eso en el Perú está el paso de ferrocarril más elevado del mundo.

De estas narraciones y comentarios es fácil deducir las razones y causas de la emigración de los peruanos, del campo a la capital. Esa la gran razón del atraso del Perú. También se podrá encontrar la explicación para comprender el fenómeno demográfico de que la población del país sea de 28.000.000 millones de habitantes, y la de la capital metropolitana sea de 10.000.000.

No solamente la dureza de las características de la orografía del país incita a la huida hacia Lima, también la falta de oportunidades económicas que causa el despiadado centralismo económico y administrativo influye decisivamente para que ocurra ese exodo.

Después de nuestro imaginario viaje por los 1.350 km cuadrados del Perú, volvamos a los 8.000 km cuadrados del área de la capital que está dividida en 57 distritos; uno de los cuales es el distrito de Lima: de la Lima tranquila y señorial de antaño: de la Lima de los “limeños de pura cepa” de la Lima jardín: de la Lima rectilínea y damero de Pizarro, cuajada de iglesias y casonas señoriales de estilo colonial. Esa Lima quedó relegada y solitaria en su esquina de la inmensidad del área metropolitana, donde 10.000.000 de seres humanos sufren y padecen múltiples calamidades para desplazarse en los 400 vehículos particulares o en los 80.000 vehículos de servicio público; la mayoría de los cuáles, son de muy reducida capacidad y reciben el popular y despectivo nombres de “combis” que circulan alocadamente en feroz disputa por los pasajeros, sin orden ni regla alguna de tránsito a través del área metropolitana, Siguiendo rutas que pueden alcanzar 90 kilómetros de longitud. Todo este caos ocasiona la muerte de 6 personas cada día en medio de este ingobernable caos, quedó aislada la Lima de Pizarro, atormentada por la antigüedad, obsolescencia y deterioro peligroso de sus casas construidas en el remoto pasado, con materiales que, aunque asísmicos, como defensa ante el flagelo de los movimientos telúricos, son de muy fácil y peligrosa combustibilidad, tan como ha quedado demostrado, por enésima vez en la tragedia horrorosa que se está produciendo cuando estamos escribiendo estas líneas, cuyos espantosos resultados son estos. 643 seres humanos desaparecidos y 297 cadáveres recuperados, hasta el momento. Es de imperiosa e impostergable necesidad, que el gobierno actual acelere la restauración de las edificaciones de la vieja Lima colonial: del damero de Pizarro.

Lima 1/1/2002     

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